PRÓLOGO DESDE LA PERSPECTIVA ADULTA DEL PROTAGONISTA
Dicen que hubo un tiempo en que el cielo tenía color y las noches no sabían a ceniza. Un tiempo antes de que los demonios caminaran libres por las calles rotas y antes de que la Tierra cayera en esta oscuridad que respira, late y devora. Nadie recuerda cuándo empezó todo; solo sabemos que un Dios descendió, luchó… y murió por nosotros.
Otros dicen que no murió, que simplemente se deshizo en luz para que cada uno de nosotros pudiera respirar un fragmento de su poder.
A esos fragmentos les llaman “Dones”, aunque para muchos no son más que maldiciones que queman desde dentro. Los demonios los odian, los temen. Nosotros tampoco entendemos lo que somos realmente. Algunos nos llaman “seres de luz”, un título que no sé si merecemos. Pero los brujos y criaturas de la oscuridad nos nombran de otra forma: enemigos naturales, errores de un Dios que ellos juran jamás existió.
Lo único que dejó aquel ser divino — si es que realmente existió — fue un libro. Un libro imposible, cuyas páginas están esparcidas por el mundo como si la misma realidad se hubiera quebrado para ocultarlas. Quien reúna todas las hojas conocerá la verdad: por qué la Tierra se volvió así, por qué poseemos poderes que no pedimos… y si acaso ese Dios piensa volver.
Algunos buscan las páginas para salvar lo que queda del mundo. Otros, para destruirlo. Los demonios las cazan para borrar toda luz. Y nosotros… nosotros apenas sobrevivimos.
No sé quién soy ni qué se supone que debo ser. Pero en un mundo que se desangra día a día, una cosa sí tengo clara: “no moriré arrodillado”. Si la oscuridad quiere atraparnos, tendrá que pelear por cada uno de nosotros.
Mi nombre es “Adael” y esta es la historia de cómo fui librado.
Editado: 03.01.2026