Luz Y Oscuridad

CAPÍTULO VII

LA CHICA DEL VIENTO

Adael no recordaba en qué momento se había dormido.

Una vez que su cuerpo cedió, cayó en un sueño profundo, pesado, sin sueños, como si hubiera sido tragado por un abismo silencioso.
Dormía abrazando la espada que había encontrado entre las ruinas, como si temiera perderla incluso en su inconsciencia.

La noche pasó sin que él se moviera.
El frío rozaba su piel, pero no logró despertarlo.
El edificio crujió, pero no abrió los ojos.
El susurro no volvió a hablar.

Por primera vez desde que salió del muro, durmió sin interrupción.

Hasta que el ruido comenzó.

Gritos. Pisadas. Choques metálicos.

Adael despertó sobresaltado.

El sonido venía desde afuera, muy cerca.
Un viento arremolinado golpeó una de las ventanas rotas del edificio, levantando polvo.

— ¿Qué…? — murmuró, aún adormilado, con la garganta seca.

Escuchó pasos rápidos, desesperados, acercándose.
Y detrás de ellos… otros más pesados, más firmes, acompañados de voces susurrantes que no parecían humanas.

Adael se puso de pie con dificultad.
Sus músculos protestaron.
Una punzada eléctrica recorrió su cuerpo, producto del agotamiento acumulado.

Apretó los dientes.
Sostuvo la espada, aunque la sentía extraña, como si no estuviera lista aún para usarse.

El ruido creció.

—¡Atrápenla!
—¡No puede escapar esta vez!
—¡La luz debe morir aquí!

Adael sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

No eran demonios.

Eran brujos.
Brujos de Baal.

Su poder no provenía de la magia común, sino de la oscuridad misma… una oscuridad viva, peligrosa, exigente.

Y estaban cazando a alguien.

Adael salió del edificio tambaleándose, aferrándose a la columna de la entrada.

El viento soplaba con fuerza.
Pero no era el viento natural del páramo.

Estaba concentrado.
Dirigido.
Controlado.

A unos veinte pasos, una chica corría entre las ruinas, respirando con dificultad.

Tenía el cabello oscuro, desordenado, moviéndose como si el mismo viento lo protegiera.
Sus ropas estaban rotas, llenas de tierra y ceniza.

Los brujos la rodeaban, extendiendo manos de donde surgían sombras largas, líquidas y vivas.

Una de las sombras le rozó el brazo.
La chica gritó y retrocedió, cubriéndose el pecho.

El viento estalló alrededor de ella.
Un torbellino la envolvió y lanzó al brujo más cercano contra una piedra.

Adael abrió los ojos con sorpresa.

“Una Hija de la Luz…”

Era la primera que veía, sin contar a su madre que al parecer podía usar un tipo de poder que solo Adael pudo ver aquel día en el que salió de el Muro.

La chica levantó una mano.
El aire vibró como si fuera una cuerda tensándose.
El polvo se levantó en remolinos.

Pero estaba exhausta.
Igual que él.

Subió la vista justo a tiempo para ver cómo otra sombra, gruesa como un látigo, se acercaba a su cuello.

— ¡Cuidado! — gritó Adael sin pensarlo.

La chica giró.
La sombra casi la impacta.

Instinto.
Reflejo.
Supervivencia.

Adael levantó la mano.

El rayo salió sin que él lo ordenara.

Un estallido azul iluminó las ruinas, chocando contra el brujo que se preparaba para atacar.

El hombre gritó, cayó de rodillas y el humo salió de su capucha.

La chica parpadeó, sorprendida.
Lo miró directamente.

— ¿Quién… eres tú?

Adael respiraba con dificultad.

— Nadie… — jadeó — Ayuda… nada más.

No era verdad.
Él lo sabía.
Ella también parecía saberlo.

Pero no hubo tiempo para hablar.

Los demás brujos se giraron hacia él.

—Es él…

—¡Mátenlos a ambos!.

Adael apretó la espada.
Pero la espada todavía no respondía.

Así que levantó la mano libre.

Los brujos avanzaron, sombras vivas extendiéndose desde sus dedos.

La chica se acercó a Adael, tambaleándose.

— No puedo mantener el viento mucho tiempo… —advirtió.

Adael asintió.

— Tampoco yo el rayo…

Uno de los brujos lanzó una sombra como una lanza.
La chica la desvió con un remolino de aire que estalló en el centro de la ruina.

El brujo se vio empujado hacia atrás.

Adael vio otro venir desde el costado.
Su cuerpo reaccionó solo: una chispa azul recorrió su brazo y lanzó un rayo directo a la sombra antes de que lo tocara.

El impacto lo hizo retroceder dos pasos.

— Maldición… — susurró, sosteniéndose la costilla adolorida.

El cansancio lo estaba matando.
Sus piernas temblaban.
Cada rayo que lanzaba se sentía como si le drenara la vida.

La chica extendió ambas manos.
El viento silbó como una fiera salvaje.

— ¡Atrás! — gritó.

Una ráfaga explosiva estalló desde sus palmas.
Dos brujos salieron volando, golpeando los restos de un muro.

Los demás retrocedieron.

Adael vio un momento.
Una pequeña nube.

Extrajo su poder.

Reunió lo que quedaba de su poder.
Sintió el calor subirle por los brazos, doloroso, casi insoportable.

— ¡Aahhhh! — gritó.

Un rayo enorme, más grande que los otros, salió disparado hacia el centro del grupo de brujos.

Un destello azul.
Un trueno en medio del caos.

Los brujos fueron arrojados hacia atrás, algunos inconscientes, otros huyendo en cuanto recuperaron equilibrio.

El viento se calmó.

Adael cayó de rodillas.

La chica corrió hacia él, todavía respirando con dificultad.

— ¿Estás bien?

Él intentó responder, pero la garganta no le dio.

Ella se arrodilló a su lado, mirándolo con asombro… y alivio.

— Eres como yo… — susurró — Eres uno de ellos.

Adael levantó la vista, sudoroso, pálido, temblando.

— No… — murmuró — No sé qué soy.

La chica sonrió levemente.

— Yo sí.

El viento sopló suavemente alrededor de ambos.



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En el texto hay: misterio, accion, magia

Editado: 19.01.2026

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