HUIDA HACIA LO DESCONOCIDO.
La noche parecía eterna, y la sombra del demonio mayor los perseguía implacable.
Adael sostenía la espada vieja con fuerza, respirando con dificultad, mientras la sangre brotaba.
Liria seguía a su lado, el viento girando y silbando, cubriéndolos parcialmente de los golpes del demonio.
— ¡No podemos enfrentarlo de frente! — jadeó Liria — ¡debemos ganar tiempo!.
Adael miró hacia el cielo tormentoso. Nubes oscuras se arremolinaban sobre ellos, cargadas de electricidad.
Sintió cómo el poder de los rayos latía dentro de él, más fuerte que nunca.
— ¡Suficiente! — gritó, alzando la mano hacia el cielo.
Nubes negras se agitaron violentamente.
Rayos comenzaron a descender uno tras otro, golpeando con fuerza sobre el demonio.
El impacto retumbó en el páramo, iluminando la noche con destellos azules y blancos.
— ¡Ahora, Liria! — gritó Adael.
Ella concentró el viento, creando un torbellino que cortaba y empujaba al demonio mientras los rayos lo golpeaban.
Chispas, humo y fragmentos de piedra volaron por el aire.
Pero el demonio no caía. Sus rugidos resonaban con furia, las cadenas de su hacha tintineaban mientras se sacudía los golpes y avanzaba.
Cada rayo lo hería, pero su tamaño y resistencia eran increíbles.
Adael jadeó, sudando, con cada descarga que parecía drenar la fuerza de su cuerpo.
— ¡No nos dejará escapar! — dijo Liria, mientras retrocedían, rodeados de polvo y relámpagos — ¡debemos correr!.
Comenzaron a huir entre las ruinas, esquivando escombros y grietas menores, pero el demonio los seguía, implacable, sus pasos haciendo temblar la tierra.
El hacha arrastrada por las cadenas emitía un sonido metálico constante, como un recordatorio aterrador de que la muerte estaba cerca.
Después de correr durante lo que pareció una eternidad, Adael y Liria llegaron a un precipicio que se abría ante ellos: una grieta gigantesca que descendía hacia las profundidades de la tierra, oscura e infinita.
— No hay otra opción — jadeó Liria, observando el abismo — ¡debemos saltar!.
Adael asintió, con el corazón latiendo con fuerza.
— Prepárate, Liria… — susurró.
Ella concentró su poder, creando corrientes de viento bajo sus cuerpos.
— ¡Agárrate! — gritó — Esto nos permitirá descender sin matarnos.
Con un salto sincronizado, se lanzaron hacia la grieta.
El aire los golpeó con violencia, pero las corrientes de Liria los sostenían, frenando la caída.
El demonio rugió furioso al verlos caer, pero al tocar el fondo, Adael y Liria rodaron un poco, levantando polvo y tierra.
El monstruo pensó que el impacto los había destruido; sus ojos brillaban con confusión y frustración.
— Creyó que habíamos muerto… — jadeó Adael, aún recuperando el aliento — Y nosotros… apenas tenemos fuerzas para seguir.
Cuando se incorporaron, se encontraron en un lugar extraño: un enorme espacio subterráneo que parecía un palacio antiguo, con columnas altas, arcos derruidos y un suelo cubierto de polvo.
No había nadie ni nada, y la quietud era absoluta, como si el tiempo se hubiera detenido allí.
Adael se tocó el torso: la caída y los impactos del demonio lo habían lastimado gravemente, la sangre empapando su ropa.
Sin pensarlo, Liria rompió un trozo de su túnica y se lo ató alrededor del torso de Adael, deteniendo parcialmente la hemorragia.
— Hemos tenido suerte… — dijo Adael, respirando con dificultad — Sobrevivimos… escapamos de ese demonio.
Liria asintió, observando las sombras del palacio subterráneo.
— Sí… pero este lugar… — su voz bajó a un susurro — No sabemos qué encontraremos aquí.
Ambos se miraron, conscientes de que la pesadilla no había terminado.
El demonio había quedado atrás, pero un mundo desconocido los esperaba, silencioso y vacío, donde cada sombra parecía esconder secretos y peligros aún mayores.
Fin..
Editado: 19.01.2026