NUEVA AMISTAD
El silencio del antiguo palacio subterráneo era absoluto. El polvo se levantaba a cada movimiento, y la luz que se filtraba desde la grieta era escasa, pero suficiente para permitir que Adael y Liria exploraran un poco.
— Necesitamos encender un fuego — dijo Liria finalmente, rompiendo la quietud — esto ayudará a mantenernos calientes y a recuperar algo de fuerzas.
Caminando entre los restos de columnas y escombros, encontraron trozos de madera vieja, dispersos entre el polvo y las piedras. Con cuidado, los reunieron y los colocaron en un pequeño montón improvisado.
— Déjame intentar algo — dijo Adael, concentrando la electricidad que aún latía dentro de él. Sus dedos chispeaban con pequeñas descargas mientras apuntaba a la madera — un destello iluminó la habitación y, con un pequeño chispazo, la madera comenzó a arder. La llama temblorosa creció rápidamente, iluminando las sombras del palacio subterráneo y creando un calor reconfortante.
— Impresionante — dijo Liria, sentándose frente al fuego — parece que los rayos también sirven para sobrevivir.
— Antes de que esto se haga más largo… creo que deberíamos presentarnos adecuadamente — dijo Adael, mientras se sentaba junto al fuego — no hemos tenido un momento para hacerlo entre… todo lo que pasó.
— Sí… tienes razón — respondió Liria, sentándose frente a él, con la espalda recta y los ojos brillantes en la luz del fuego — Me llamo Liria. Tengo… dieciséis años.
Adael parpadeó, sorprendido.
— ¿Dieciséis? Yo… acabo de cumplir quince — admitió, rascándose la cabeza — ¿Y tus padres?.
Liria bajó la mirada, con un gesto de tristeza contenida.
— Murieron cuando tenía trece. Fueron eliminados por los demonios… desde entonces he estado sola, buscando compañía… o al menos otros hijos de la luz — dijo con voz suave, casi un susurro —
Adael guardó silencio por un momento, absorbiendo aquella historia.
— Yo… salí del Muro hace poco — dijo finalmente — allí donde crecí, todo está protegido… nadie puede entrar desde afuera.
Liria levantó una ceja, curiosa.
— ¿Cómo es allá dentro? Nadie del exterior puede ingresar… — preguntó con interés genuino.
Adael dudó un momento, mirando las sombras del palacio subterráneo antes de responder: — Es… diferente. Seguro. Protegido, pero limitado. Todo está controlado, todo tiene reglas estrictas. Nadie que viva fuera puede entrar, y pocas veces alguien del interior ha visto el mundo real… como ahora — dijo, dejando que las palabras flotaran entre ellos—.
Un silencio cómodo llenó el espacio mientras el fuego crepitaba. Luego Adael se tocó el estómago, que crujió con fuerza.
— Tengo hambre… no he comido desde que salí del Muro — admitió, un poco avergonzado.
Liria sonrió ligeramente y se inclinó hacia sus vestiduras, sacando unas pocas ciruelas secas que había guardado.
— Esto es lo último que me queda… — dijo, ofreciéndoselas.
Adael las tomó con gratitud y comieron en silencio, dejando que el calor del fuego y la comida pequeña les devolviera algo de fuerza.
Cuando terminaron, ambos se recostaron cerca del fuego, dejando que sus cuerpos se relajaran después de la caída y la batalla.
— Mañana… debemos salir de esta grieta — dijo Adael con un suspiro — buscar comida, y tal vez… algo más seguro.
Liria asintió, cerrando los ojos.
— Sí… descansaremos aquí por ahora. Mañana será otro día.
El fuego parpadeaba suavemente, y el antiguo palacio subterráneo quedó envuelto en un silencio cálido, mientras dos jóvenes sobrevivientes se preparaban para enfrentar lo desconocido juntos.
Fin...
Editado: 19.01.2026