LAS CRIATURAS DEL ECO
Las sombras que se movían al fondo de la cámara no eran una sola criatura… sino varias.
Primero surgieron como manchas negras sobre las paredes, deformando los murales antiguos. Luego tomaron forma: cuerpos delgados, alargados, casi humanos, pero sin rostro. “Demonios menores”, atraídos por el sonido, el movimiento… y por el olor de la energía debilitada de los dos jóvenes.
Liria retrocedió un paso, con las manos temblorosas.
— Son demasiados…
Adael apretó la mandíbula y desenvainó su espada. El metal brilló débilmente bajo la luz azulada de los insectos en las paredes.
— No podemos correr — dijo — No por ahora.
Los demonios emitieron un chillido seco, y el primero se lanzó sobre ellos.
Adael levantó la espada justo a tiempo.
Clang.
El impacto recorrió su brazo vendado, haciéndolo soltar un gruñido de dolor.
— ¡Adael! — gritó Liria.
Otros dos demonios menores se abalanzaron. Adael giró la espada, usando más instinto que técnica, cortando el brazo oscuro de uno de ellos. La criatura chilló, deshaciéndose en humo negro.
Pero otro le dio un golpe seco en el hombro, lanzándolo hacia atrás.
— ¡Ah! — Adael cayó sobre una rodilla, respirando con dificultad.
Liria cerró los ojos un segundo, intentando juntar aunque fuera un poco de energía. La sintió, débil, dispersa… pero viva.
— ¡Viento… responde! — susurró.
Una ráfaga corta salió de sus manos, no muy fuerte, pero lo suficiente para lanzar a dos demonios hacia una columna cercana, donde sus cuerpos de sombra se deshicieron parcialmente.
El esfuerzo la dejó temblando.
— No puedo hacerlo de nuevo… ¡Estoy debil!.
— ¡Ya casi! — jadeó Adael, poniéndose de pie.
Un demonio saltó sobre él desde atrás. Adael giró y clavó la espada hacia arriba. La hoja atravesó el torso oscuro, que explotó en una nube de cenizas negras.
Otros dos se acercaban. Liria apretó los dientes, levantó ambas manos y canalizó el poco viento que le quedaba. Un torbellino débil pero concentrado golpeó las piernas de sombra, haciéndolos tropezar.
Adael corrió hacia ellos, aprovechando el momento.
Griiiish.
La espada cortó, torpe pero efectiva.
El silencio regresó por un instante.
Ambos respiraban con dificultad entre jadeos y heridas.
Liria se apoyó en la pared, cubriéndose el pecho con una mano.
— Adael… tú… peleas bien. Para estar tan herido… y tan cansado…
Adael sonrió, aunque el sudor le corría por la frente.
— No tan bien. Ellos eran lentos…
— No, en serio — insistió ella, mirándolo fijamente — ¿Quién te enseñó a usar la espada?
Adael bajó la mirada un momento, sujetando la empuñadura con fuerza.
— Mi hermano mayor — respondió, con una mezcla de orgullo y dolor — Él… me enseñaba un poco cuando podía.
Liria sonrió apenas.
— ¿Era un buen maestro?.
Adael soltó una risa corta.
— Su forma de enseñar era… pegarme con un palo cuando cometía un error.
Hizo un gesto imitando el golpe.
— Así que aprendí rápido. Porque… bueno, dolía.
Liria soltó una carcajada ligera, breve pero sincera.
— Ese método funciona, supongo.
El momento de calma no duró mucho.
Un rugido más fuerte que los anteriores resonó desde lo profundo de la cámara. Algo mucho más grande que los demonios menores despertó con el ruido del combate.
Adael tensó los hombros.
— Eso no era uno de los pequeños…
Las sombras se movieron, como si algo gigantesco estuviera apartando las columnas del fondo de la sala.
Liria tragó saliva.
— No podemos luchar contra eso. No ahora.
— Ni siquiera podría levantar la espada otra vez… —admitió Adael.
Miraron desesperadamente alrededor hasta que Liria señaló un punto en la pared opuesta: un arco semioculto entre escombros, un túnel estrecho que descendía.
— ¡Por ahí! — exclamó.
Corrieron como pudieron, tambaleándose, saltando sobre fragmentos de piedra y restos de murales. El rugido detrás de ellos se hizo más fuerte. Las sombras comenzaron a avanzar desde la entrada de la cámara.
Adael casi cayó, pero Liria lo sostuvo del brazo.
— ¡Vamos! ¡No pares ahora! — gritó entre jadeos.
Juntos se metieron por el túnel justo cuando algo enorme golpeó el suelo de la cámara, rompiendo la piedra.
Las sombras se extendieron hacia ellos, pero el túnel era estrecho… demasiado estrecho para algo grande.
Corrieron sin mirar atrás.
El rugido quedó atrás, reverberando como un eco monstruoso.
Como si las cavernas mismas recordaran el sonido.
Fin...
Editado: 19.01.2026