Luz Y Oscuridad

CAPÍTULO XV

EL BOSQUE TRAS LA GRIETA

El túnel era estrecho, húmedo y lleno de raíces que les rozaban el rostro mientras avanzaban casi a ciegas. El aire se hacía más fresco, menos pesado, y una brisa ligera comenzó a llenar el pasaje.

Liria levantó la cabeza de inmediato.

— Adael… ¿sientes eso?

Adael, jadeante, apoyó una mano en la pared.

— Es… aire… aire real. No huele a piedra… ni a polvo…

La brisa aumentó.

Y entonces, al final del túnel, apareció un punto de luz.

— ¡Luz! — exclamó Liria, con una mezcla de sorpresa y alivio.

Los dos aceleraron el paso como pudieron, casi corriendo a pesar del cansancio. El túnel ascendió un poco y, de repente, el techo se abrió.

Y el mundo cambió.

Salieron tropezando por una abertura irregular entre rocas, y el sol — un sol verdadero, cálido y dorado — les golpeó el rostro.

Un bosque inmenso se extendía frente a ellos: árboles altos, hojas verdes que susurraban con el viento, y el canto suave de pájaros que hacía tanto no escuchaban que casi les parecieron voces extrañas.

— Es… hermoso… — susurró Liria, sus ojos brillando como si nunca hubiera visto algo así.

Adael estaba tan sorprendido que olvidó el dolor en su costado.

— No puedo creerlo… después de todo eso…

Se miraron, respirando profundamente.

El olor a tierra húmeda, a hojas, a vida… les llenó los pulmones como un bálsamo.

Entonces escucharon un sonido suave, constante.
Un murmullo cristalino.

Agua.

Entre los árboles, a unos pocos metros, encontraron un pequeño lago de aguas sorprendentemente claras. El sol lo iluminaba desde arriba, haciendo que pareciera un espejo plateado con tonos azules.

Adael se quedó sin palabras.

— ¿Esto… es real?.

Liria no respondió. Sonrió. Una sonrisa amplia, liberada, luminosa.

Corrió hacia el borde del lago, se arrodilló y metió las manos en el agua.

— Está fría… pero limpia — dijo, llevando un poco a los labios. Sus ojos se abrieron— ¡Es dulce! ¡Adael, es dulce!.

Adael se dejó caer al lado, reunió agua con ambas manos y bebió.

Un escalofrío de alivio recorrió todo su cuerpo.

— Esto… esto es lo mejor que he probado en mi vida…

Rieron. Una risa suave, sincera, que no habían tenido la oportunidad de sentir en mucho tiempo.

Liria metió los pies en el agua, moviéndolos lentamente.

—Está helada… pero… creo que… — lo miró con una sonrisa traviesas — Necesitamos bañarnos.

Adael se miró las manos, cubiertas de polvo, sangre seca y ceniza de demonios.

—Sí… creo que parezco un monstruo ahora mismo.

Los dos se metieron poco a poco al lago, sintiendo el agua rodearlos con frescura y calma. Los músculos tensos comenzaron a relajarse, el agotamiento se disipó un poco, y la suciedad de los pasillos subterráneos se deshacía alrededor de ellos.

Liria pasó una mano por su cabello mojado.

— No recordaba lo bien que se sentía esto…

Adael cerró los ojos y dejó que el agua cubriera su rostro.
— Pensé que no iba a ver el sol otra vez…

Se quedaron allí un largo rato, flotando, bañándose, dejando que el bosque los envolviera con su paz.

Cuando salieron del agua, se tumbaron sobre la hierba suave junto al lago. El sonido de las hojas, el calor del sol y la humedad de la piel hacían que el cansancio por fin se volviera llevadero.

Adael respiró profundamente.

— Creo… que podemos seguir adelante. Después de todo esto… sí.

Liria giró la cabeza hacia él.

— Sí. Pero por ahora… quedémonos aquí un rato más.

Y así lo hicieron.

En aquel bosque desconocido, junto a un lago cristalino, lejos de grietas, sombras y ruinas…
por primera vez en mucho tiempo, estaban a salvo.

Fin...



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En el texto hay: misterio, accion, magia

Editado: 19.01.2026

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