# *CAPÍTULO XVII — La Sangre que Responde**
— Este lugar… aunque sea pequeño, es perfecto para descansar — dijo Liria — no hay comida, pero sí paz.
Acarició el tronco de un árbol — quedará como nuestro refugio, hasta encontrar un pueblo o algún grupo que siga resistiendo.
Adael asintió.
— Entonces volveremos vivos. Prometido.
— Prometido — respondió Liria, chocando suavemente su puño con el de él.
Dejaron el refugio atrás y avanzaron entre hojas y sombras en busca de alimento. El bosque era tranquilo, pero vacío.
— Ni frutos, ni animales… — murmuró Adael.
— Sigamos un poco más — respondió Liria — debe haber algo afuera de esta zona.
Pero entonces, el silencio se rompió.
Primero una voz llena de rabia:
— ¡NO VOY A CAER! ¡NO HOY!.
Luego un impacto.
Un rugido.
Metal cortando el aire.
Adael y Liria se tensaron.
— ¡Una pelea! — exclamó Adael.
— Vamos — dijo Liria, corriendo.
Al llegar a un claro, se detuvieron.
Una chica de su edad luchaba sola contra dos demonios mayores.
Su cabello rojo brillante se movía con cada giro que daba, manchado por gotas de sangre. En sus manos sujetaba una guadaña oscura de hoja curva.
Y lo más sorprendente…
La sangre que caía de su cuerpo no tocaba el suelo.
Se detenía.
Flotaba.
Se endurecía con su voluntad.
Con movimientos fluidos, la chica convertía su propia sangre en estacas, cuchillas y látigos que lanzaba a los demonios.
— ¡Sangre, afílate! — gritó.
Varias cuchillas rojas volaron hacia uno de los demonios, haciéndolo retroceder.
El demonio rugió:
— Hija Carmesí… tu linaje debió extinguirse.
El otro añadió con burla:
— Tu sangre nos llama… pequeña.
La chica respondió con un giro elegante de su guadaña y un salto hacia adelante, creando más armas de sangre.
Pero estaba agotándose.
Uno de los demonios la alcanzó y le dio un golpe seco en el estómago.
— ¡Ugh! — ella cayó de rodillas, la guadaña resbalando de sus manos.
El demonio levantó una garra sobre ella.
—Muere.
— ¡ADAEL! — gritó Liria.
Él ya estaba corriendo.
Adael chocó su espada contra la garra justo a tiempo.
El impacto retumbó en su brazo, pero lo resistió.
— ¡No la vas a tocar! — espetó Adael.
El segundo demonio cargó hacia Liria, pero ella levantó ambas manos, reuniendo viento.
— ¡Viento, elévate! — pronunció.
Una ráfaga ascendente envolvió al demonio, levantándolo del suelo varios metros. Sus piernas patalearon en el aire, incapaz de liberarse.
— Chica ahora — gritó Liria.
La chica del cabello rojo levantó su guadaña, respiró hondo y saltó con sorprendente agilidad, recuperando control de su sangre a su alrededor.
Su voz resonó con fuerza:
— ¡Sangre, guía mi filo!
Con un solo corte circular, preciso y limpio, la guadaña atravesó el cuello del demonio elevado.
La criatura se desvaneció en sombras antes de tocar el suelo.
Kaira cayó de pie, aunque temblando, y volvió a tomar posición.
— Gracias… — susurró, sin quitar los ojos del enemigo restante.
El otro demonio, herido pero furioso, retrocedió.
— Tres niños… no cambiarán nada… — gruñó.
Adael apretó su espada.
— No somos solo niños.
Chispas comenzaron a formarse en su brazo.
Electricidad azulada recorrió sus dedos.
El demonio lo miró con sorpresa.
— ¿Hijo del Rayo…?.
Adael apretó los dientes.
—¡RAAAAH!
Corrió hacia adelante, la espada brillando con relámpagos que se envolvían alrededor del filo.
El demonio lanzó un zarpazo, pero Adael lo esquivó y saltó, descargando un golpe vertical directo a su pecho.
Un estallido de luz iluminó el claro.
El demonio gritó, se retorció…
y luego se deshizo en sombras.
El silencio regresó.
Kaira se apoyó en su guadaña, exhausta.
Adael guardó su espada con esfuerzo.
Liria respiró profundamente, bajando los brazos.
— Gracias… — dijo Kaira, aún agitada — Si no llegan… hoy era mi fin.
— Estábamos buscando comida — respondió Adael — Pero creo que encontramos a alguien que necesitaba más ayuda.
Liria se acercó con una ligera sonrisa.
— Soy Liria. Él es Adael. ¿Y tú?.
La chica se enderezó un poco.
— Mi nombre es… Kaira.
Adael y Liria la miraron con curiosidad.
Kaira bajó la mirada, pero sonrió, débil pero genuina
— Y si no les molesta… creo que deberíamos caminar juntos.
Así, en ese pequeño claro perdido,
tres jóvenes que nunca debieron encontrarse
dieron su primer paso como un equipo.
Editado: 19.01.2026