EL ASEDIO DE LOS DEMONIOS
El bosque parecía más seguro tras la destrucción del refugio, pero la calma era solo un susurro antes de la tormenta.
De repente, un estruendo que parecía un ejército entero resonó en la distancia. El suelo tembló bajo sus pies y los árboles vibraron con un sonido profundo y gutural: pasos, miles de pasos acercándose.
—¿Qué… es eso? —jadeó Liria, sosteniéndose del hombro de Adael— ¡No podemos estar solos!
Kaira cerró los ojos y percibió múltiples presencias oscuras: cientos de demonios menores, todos alertas a su presencia y al olor de sus dones.
—¡Nos han encontrado! —dijo Kaira— son muchos… y los otros tres demonios mayores también vienen.
Los demonios menores rodearon el claro con velocidad sobrenatural, gruñendo y lanzándose al ataque.
Detrás de ellos, los tres demonios mayores emergieron, sus ojos llenos de malicia, listos para acabar con los jóvenes.
Adael apretó los dientes, viendo a sus compañeros y a los enemigos acercarse.
—¡No los dejaré tocaros! —gritó, liberando todo su poder.
Un estallido eléctrico monumental brotó de su cuerpo, cortando a los demonios menores como si fueran polvo, mientras relámpagos recorrían el cielo y su espada eliminaba decenas de enemigos con cada golpe.
Uno de los demonios mayores, el que había atacado a Kaira antes, reaccionó con brutalidad: un golpe certero amputó su pierna izquierda, y antes de que pudiera recuperarse, la tomó por el cuello, levantándola del suelo con fuerza sobrehumana.
—¡Kaira! —gritó Adael, su poder detonando en respuesta a la amenaza.
Con un movimiento explosivo, Adael lanzó un relámpago concentrado que golpeó al demonio, liberando a Kaira y empujándola fuera del alcance.
—¡No permitiré que les hagan daño! —gritó, colocando su cuerpo frente a ella, listo para recibir cualquier ataque.
Mientras tanto, los demonios menores se reagruparon y se lanzaron hacia Liria, rodeándola y tratando de desgastarla. Liria, herida y tambaleante, reunió toda su energía y creó ráfagas de viento y energía que los repelían, luchando desesperadamente por mantenerlos a raya.
Con Kaira protegida y Liria defendiendo su posición, Adael se lanzó al combate contra los tres demonios mayores. Sus golpes y descargas de energía eléctrica hacían temblar la tierra, pero la fuerza combinada de los enemigos era brutal.
Uno de los demonios, más fuerte que los demás, logró conectar un golpe devastadorque lanzó a Adael contra una roca cercana. El impacto lo dejó casi inconsciente, su cuerpo temblando y su visión nublada.
—¡No… puedo caer ahora…! —susurró, luchando por mantenerse en pie mientras el mundo se desdibujaba a su alrededor.
En ese instante, una luz brillante atravesó el bosque, seguida de tres figuras que avanzaban con determinación.
—¡Alto! —gritaron al unísono.
Los demonios menores se detuvieron ante la amenaza de estos recién llegados.
Un hombre levantó sus manos, y el frío del hielo se extendió por el claro, congelando a los demonios menores en su lugar.
A su lado, una mujer canalizó una luz cegadora, dispersando a varios enemigos y protegiendo a los jóvenes.
La otra mujer desató llamas ardientesque barrían a los demonios restantes, eliminando a todos en cuestión de segundos.
Adael, todavía tambaleándose, apenas podía creer lo que veía.
—¡Llegaron… justo a tiempo! —jadeó.
Kaira, apoyándose en Adael, respiró con dificultad pero con alivio.
—No… no estamos solos… —dijo, con la mirada llena de gratitud.
Liria, aun rodeada de los restos de los demonios menores, apoyó la mano sobre la espada de Adael.
—Tenemos que aprovechar esta oportunidad… y sobrevivir.
El bosque quedó en silencio por un instante, lleno de humo y tensión. Los tres demonios mayores retrocedieron, evaluando a sus adversarios con cautela. La batalla estaba lejos de terminar, pero los jóvenes respiraban nuevamente, salvados por fuerzas inesperadas y poderosas, y con la esperanza de que la oscuridad no los alcanzaría solos.
Fin...
Editado: 30.06.2026