Luz Y Oscuridad

CAPITULO XXIII

EL REFUGIO DE LOS SALVADORES

Adael, Liria y Kaira permanecían inmóviles, respirando con dificultad, mientras observaban a los recién llegados. Nunca habían esperado ayuda; la desesperación los había hecho creer que el bosque sería su tumba.

Pero las figuras frente a ellos no eran simples combatientes: sus poderes brillaban con intensidad y precisión, y cada movimiento eliminaba a los demonios mayores con fuerza abrumadora y alcance devastador. Fuego, luz y hielo se combinaron en un espectáculo letal, reduciendo a cenizas a los enemigos sin darles oportunidad de reaccionar.

Cuando el último demonio cayó, el silencio volvió al claro. El aire estaba cargado de energía, y la tensión se mezclaba con la incredulidad.

—No… no puede ser… —susurró Adael, atónito— no esperaba que alguien llegara.

—Somos los Guardianes del Refugio —dijo la mujer de luz con voz firme pero serena— vinimos a tiempo, y seguiremos protegiéndolos.

El hombre de hielo dio un paso al frente, mirando a los tres jóvenes con calma:

—Ustedes no pueden quedarse aquí. Los demonios mayores volverán, y esta zona ya no es segura.

Antes de que Adael pudiera reaccionar, la mujer de luz se arrodilló junto a Kaira.

—¡Rápido! —exclamó, extendiendo sus manos sobre la herida—

Un resplandor intenso envolvió la pierna amputada de Kaira. La luz vibraba con energía curativa, cerrando rápidamente la herida y regenerando lo perdido. Kaira dejó escapar un grito ahogado de dolor y agotamiento, y, mientras la curación terminaba, se desmayó en los brazos de Adael.

—¡Kaira! —gritó Adael, sosteniéndola con fuerza mientras recuperaba la compostura.

—Está estabilizada —dijo la mujer de luz con rapidez—, pero necesita descanso inmediato. No hay tiempo que perder.

La mujer de fuego continuó:

—Tenemos un refugio. Un lugar donde podrán recuperarse, aprender a controlar sus dones y estar protegidos. Allí no estarán solos.

Adael intercambió una mirada con Liria, agotada y herida, y asintió.

—Vamos. Llevadnos a ese refugio.

Los Guardianes condujeron a los tres jóvenes hacia un pequeño claro donde esperaban caballos resistentes y veloces.

—Subid —ordenó el hombre de hielo— Manteneos firmes, no tardaremos mucho.

Adael sujetó con fuerza a Kaira, asegurándose de que no cayera, mientras Liria se acomodaba en su propio caballo. Los caballos avanzaron rápidamente por el bosque, con los Guardianes vigilando cada movimiento y usando sus poderes para despejar cualquier amenaza.

Tras horas de viaje, finalmente el bosque se abrió, revelando un valle protegido por colinas y fortificaciones naturales. Allí se erguía un refugio colosal, con torres, murallas y campamentos que se extendían por todo el valle.

—Bienvenidos al Refugio de los Guardianes —anunció la mujer de fuego— aquí no solo están a salvo; también hay gente que puede ayudaros a entrenar y controlar vuestros dones.

Adael y los demás bajaron de los caballos, asombrados por la magnitud del lugar. Entre murallas y campamentos, podían ver más de mil personas, algunas con dones evidentes, otras entrenando o realizando labores dentro de la fortaleza. Cada rostro reflejaba determinación y esperanza.

—Nunca imaginé… que existiera un lugar así —susurró Liria, mirando alrededor con los ojos abiertos por la sorpresa y el alivio.

Adael miró a sus compañeros, respiró hondo y asintió.

—Entonces… tenemos un lugar al que pertenecemos.

El refugio no solo ofrecía seguridad; era un símbolo de resistencia y esperanza. Allí, los tres jóvenes podían sanar, aprender y prepararse para la batalla que sabían que todavía estaba por venir.

Fin.



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En el texto hay: misterio, accion, magia

Editado: 30.06.2026

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