Adael, Liria y Kaira permanecían inmóviles, respirando con dificultad, mientras observaban a los recién llegados. Nunca habían esperado ayuda; la desesperación los había hecho creer que el bosque sería su tumba.
Pero las figuras frente a ellos no eran simples combatientes: sus poderes brillaban con intensidad y precisión, y cada movimiento eliminaba a los demonios mayores con una fuerza abrumadora y un alcance devastador.
Fuego, luz y hielo se combinaron en un espectáculo letal.
La mujer de fuego extendió ambos brazos y una enorme llamarada salió disparada de sus manos.
—¡¡LLAMAS DEL INFIERNO!!
¡¡FUUUUUUUUSH!!
El fuego atravesó a varios demonios mayores y los convirtió en cenizas en cuestión de segundos.
A su lado, el hombre de hielo levantó una mano.
—¡Prisión de hielo!
El suelo se congeló y decenas de demonios quedaron atrapados dentro de enormes bloques de hielo.
La mujer de luz cerró los ojos.
—Luz divina.
Un resplandor descendió desde el cielo y atravesó el campo de batalla.
¡¡BOOOOOOM!!
Cuando el último demonio cayó, el silencio volvió al claro.
El aire estaba cargado de energía y la tensión se mezclaba con la incredulidad.
—No... no puede ser... —susurró Adael, atónito—. No esperaba que alguien llegara.
—Somos los Guardianes del Refugio —dijo la mujer de luz con voz firme pero serena—. Vinimos a tiempo y seguiremos protegiéndolos.
El hombre de hielo dio un paso al frente, mirando a los tres jóvenes con calma.
—Ustedes no pueden quedarse aquí. Los demonios mayores volverán y esta zona ya no es segura.
Antes de que Adael pudiera reaccionar, la mujer de luz se arrodilló junto a Kaira.
—¡Rápido!
Extendió sus manos sobre la herida.
Un resplandor intenso envolvió la pierna amputada de Kaira. La luz vibraba con una energía curativa extraordinaria, cerrando rápidamente la herida y regenerando lo perdido.
Kaira dejó escapar un grito ahogado de dolor y agotamiento.
—¡AAAAAH!
Adael la sostuvo con fuerza.
—¡Kaira!
La luz continuó envolviéndola hasta que finalmente la herida quedó completamente cerrada.
Kaira perdió el conocimiento y cayó en los brazos de Adael.
—Está estabilizada —dijo la mujer de luz rápidamente—, pero necesita descanso inmediato. No hay tiempo que perder.
La mujer de fuego se acercó.
—Tenemos un refugio. Un lugar donde podrán recuperarse, aprender a controlar sus dones y estar protegidos. Allí no estarán solos.
Adael intercambió una mirada con Liria, que se encontraba agotada y herida.
Finalmente, asintió.
—Vamos. Llevadnos a ese refugio.
Los Guardianes condujeron a los tres jóvenes hacia un pequeño claro donde esperaban caballos resistentes y veloces.
—Subid —ordenó el hombre de hielo—. Manteneos firmes. Debemos ir hacia los barcos.
Adael sujetó con fuerza a Kaira, asegurándose de que no cayera, mientras Liria se acomodaba en su propio caballo.
Los caballos avanzaron rápidamente por el bosque.
Los Guardianes vigilaban cada movimiento y utilizaban sus poderes para despejar cualquier amenaza.
Tras horas de viaje, finalmente el bosque comenzó a desaparecer.
Frente a ellos apareció el océano.
Y allí estaban los barcos.
Adael quedó completamente sorprendido.
—Dios...
Frente a ellos se extendía un océano completamente enfurecido.
El cielo estaba cubierto de nubes negras.
Los rayos caían sobre el agua.
Las enormes olas golpeaban la costa con una fuerza aterradora.
—Hay demasiada tormenta... —dijo Adael—. ¿Están seguros de que esos barcos pueden navegar con este clima?
El chico de hielo miró hacia el océano.
—Debemos salvar a tu amiga.
Luego miró a Kaira.
—Debemos ir o ella morirá. Dame a la chica.
Adael dudó durante unos segundos.
Finalmente, se la entregó.
El hombre de hielo tomó a Kaira y subió al barco junto con Liria.
—¡Nosotros iremos primero! —gritó.
El barco comenzó a alejarse.
La mujer de fuego miró a Adael.
—¡Chico, vamos! Debemos ir en aquel barco. No te preocupes, ellos estarán bien.
Adael subió.
—¡Abrir las velas a máxima velocidad! —gritó la mujer de fuego—. ¡Tenemos que avanzar rápido porque esta tormenta es peligrosa!
Los marineros obedecieron.
Las velas se extendieron y el barco comenzó a avanzar rápidamente.
El barco donde viajaban Liria y Kaira iba muy adelantado.
Tan adelante que, después de un tiempo, ya no podía verse a simple vista.
Pasaron casi dos horas.
La tormenta empeoró.
El viento golpeaba el barco con una fuerza brutal.
Las olas eran cada vez más grandes.
Los rayos caían de punta a punta sobre aquel mar oscuro.
De repente...
¡¡KRAAAAAA-BOOOOOOM!!
Un rayo cayó directamente sobre la proa.
La madera explotó.
Un enorme agujero apareció en el barco.
Todos cayeron al suelo.
Adael se levantó rápidamente.
—¡Hay demasiada tormenta! ¿¡Qué podemos hacer!? ¡Si seguimos así moriremos aquí!
La chica de fuego gritó:
—¡Tranquilo, chico!
Miró a los marineros.
—¡¡BAJEN LAS VELAS!!
Las velas fueron bajadas inmediatamente.
—¡El viento está en contra nuestra! ¡Todos a remar!
Los marineros tomaron los remos.
Adael agarró uno.
La chica de fuego también.
—¡FUERZA! —gritó ella.
Todos comenzaron a remar.
—¡UNO!
—¡¡DOS!!
—¡¡TRES!!
El barco avanzaba lentamente entre las enormes olas.
Pero entonces...
El agua comenzó a moverse.
Adael dejó de remar.
—¿Qué fue eso?
La chica de fuego levantó la cabeza.
—No lo sé...
El agua alrededor del barco comenzó a girar.
—¡Todos atentos!
Un enorme tentáculo salió disparado del océano.
¡¡¡BOOOOOOM!!!
Golpeó el barco.
Editado: 17.09.2026