LA CHICA DE OJOS AZULES
Todo estaba oscuro.
Adael no podía sentir su cuerpo.
No sabía dónde estaba.
No sabía cuánto tiempo había pasado.
Solo podía escuchar un sonido lejano...
—Shhhhhhh...
El sonido de las olas.
Intentó abrir los ojos, pero sus párpados pesaban demasiado.
Su cuerpo seguía hundiéndose en aquella oscuridad.
Por un instante recordó todo.
El barco.
El monstruo.
Los rayos.
La chica de fuego.
Y la explosión.
—Liria...
Intentó moverse.
—Kaira...
Pero no tenía fuerzas.
Su cuerpo continuó descendiendo.
Hasta que finalmente perdió el conocimiento.
DOS SEMANAS DESPUÉS
Adael abrió lentamente los ojos.
La luz entró de golpe en su mirada.
—Ugh...
Parpadeó varias veces.
No reconocía aquel lugar.
Estaba acostado sobre una cama.
Una cama real.
Había una ventana a su lado por donde entraba una suave luz.
Las paredes eran de piedra blanca y madera.
En una pequeña mesa había un recipiente con agua.
Adael intentó levantarse.
—¡Ah!
Un fuerte dolor recorrió todo su cuerpo.
—No te levantes todavía.
Una voz femenina.
Adael se quedó inmóvil.
Frente a él había una joven.
Era hermosa.
Su cabello era de un azul muy claro, casi blanco, y caía suavemente sobre sus hombros.
Sus ojos eran azules.
Tan azules que Adael sintió como si estuviera mirando directamente al cielo.
La joven llevaba una vestimenta sencilla, pero elegante, de tonos claros.
Adael la observó durante unos segundos.
Ella sonrió.
—Parece que finalmente despertaste.
Adael intentó hablar.
—¿Dónde... estoy?
—En un refugio.
—¿Un refugio?
Ella asintió.
—Sí.
Adael miró alrededor.
—¿Qué pasó?
La chica se acercó a la cama.
—Te encontramos en la orilla del mar.
Adael abrió los ojos.
—¿En la orilla?
—Sí. Estabas inconsciente y apenas respirabas.
Ella hizo una pequeña pausa.
—Por poco mueres.
Adael bajó la mirada.
Intentó recordar.
—El barco...
La chica lo observó.
—¿Qué barco?
Adael cerró los ojos.
Las imágenes regresaron a su mente.
El monstruo.
Los cadáveres.
La explosión.
—Yo...
Su respiración comenzó a acelerarse.
—Todos...
La chica puso una mano sobre su hombro.
—Tranquilo.
Adael abrió los ojos.
—Llevas más de dos semanas aquí.
—¿Dos semanas?
—Sí.
Adael quedó completamente sorprendido.
—¿Cómo pude sobrevivir?
La joven sonrió.
—Nuestros sanadores utilizaron sus dones para mantenerte con vida. Tu cuerpo estaba completamente destrozado.
Adael miró sus manos.
—¿Mis heridas?
—Curadas.
—¿Todas?
—Todas las que pudimos sanar.
Ella sonrió.
—Aunque todavía estás débil.
Adael permaneció en silencio.
Dos semanas...
Había estado inconsciente durante más de dos semanas.
Entonces recordó a Liria y Kaira.
Se incorporó rápidamente.
—¡Liria! ¡Kaira!
La joven lo sujetó.
—¡Espera!
—Tengo que encontrarlas.
—Adael...
El joven se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabes mi nombre?
Ella sonrió.
—Lo dijiste varias veces mientras estabas inconsciente.
Adael se quedó avergonzado.
—Yo...
La chica soltó una pequeña risa.
—También llamabas a dos personas.
Adael bajó la mirada.
—Liria y Kaira.
—Sí.
Hubo un pequeño silencio.
Entonces la joven extendió su mano.
—Mi nombre es Kyomi.
Adael la miró.
—¿Kyomi?
—Sí.
Ella sonrió.
—¿Y tú eres Adael?
Adael tomó su mano.
—Sí.
Kyomi estrechó suavemente su mano.
—Mucho gusto, Adael.
Él la miró durante unos segundos.
—Mucho gusto...
Adael soltó su mano.
Por alguna razón, sintió una extraña sensación en el pecho.
No sabía qué era.
Quizás era simplemente el alivio de estar vivo.
O quizás...
Era algo diferente.
Después de descansar un poco, Adael finalmente pudo ponerse de pie.
Kyomi abrió la puerta.
—Ven.
—¿A dónde?
—Quiero enseñarte algo.
Adael salió del cuarto.
Y se quedó completamente sorprendido.
—¿Qué...?
Frente a él había un enorme refugio.
No era una pequeña casa.
Era prácticamente una ciudad.
Había grandes construcciones de piedra, casas, zonas de entrenamiento, almacenes y jardines.
Personas caminaban por todas partes.
Había guerreros.
Niños.
Ancianos.
Personas que entrenaban sus poderes.
Adael calculó rápidamente.
—¿Cuánta gente vive aquí?
Kyomi sonrió.
—Más de trescientas personas.
—¿Más de trescientas?
—Sí.
Adael miró alrededor.
—Entonces este lugar...
Kyomi comenzó a caminar.
—Ven. Quiero presentarte a algunas personas.
Primero llegaron hasta un hombre alto que estaba entrenando con una enorme espada.
—Él es Daren.
El hombre dejó la espada sobre su hombro.
—¿Este es el chico que encontraron en el mar?
—Sí —respondió Kyomi.
Daren miró a Adael.
—Entonces eres bastante resistente.
Adael sonrió.
—Supongo.
Después conoció a una hombre llamado Suyen, capaz de manipular plantas.
—Mucho gusto —dijo el.
—Igualmente.
Más adelante conoció a varios jóvenes que entrenaban juntos.
Uno controlaba viento.
Otro podía crear pequeñas barreras de energía.
Otro utilizaba agua.
Adael estaba sorprendido.
—Todos tienen dones.
Kyomi asintió.
—Aquí casi todos tienen algún tipo de poder.
—¿Y tú?
Kyomi se detuvo.
Adael la miró.
—¿Cuál es tu don?
Kyomi sonrió misteriosamente.
Editado: 17.09.2026