—¿Ya te irás?— la chica con la que Luke coqueteaba anteriormente aparece jugando con un mechón de cabello entre sus dedos y nos para antes que salgamos.
—Lo siento linda— inclina su cabeza, —obligaciones son obligaciones.
—¿No le puedes pedir un ratito más a tu jefa cariño?— baja un poco su escote.
—No soy su jefa— le aclaro, —soy su obligación.
Agarro a Luke y lo saco de allí. Estuvimos un rato esperando a que nuestro carruaje aparezca, podía sentir como Luke me observaba.
—¡¿Qué quieres!?— ya me estaba poniendo incómoda.
—¿Qué ha sucedido allí adentro?— suspiro cansada.
—Sería mejor que especificaras a que te refieres, ha sucedido bastante— primero la princesa loca, luego el ataque de las hadas, el baile, la conquista de Luke, y mis repentinas ganas de irme.
—Falta como una hora para que el baile termine, cuéntame, ¿por qué quieres irte?— levanta una ceja en forma de interrogatorio.
—No me siento cómoda aquí, es más, cuando he bailado con el príncipe Bastean, he notado a varios guardias vigilándome— en todas las vueltas que me ha dado, podía notar cada vez más. Y era obvio, era muy extraño que la princesa de su reino enemigo se encontrara en el baile, bailando con su príncipe, a días de la guerra.
El carruaje apareció, y destacaba bastante entre los demás carruajes oscuros, tenía delicados dibujos en oro, y en las puertas se podían observar grandes y hermoso escudos de nuestro reino y mi familia.
—¡Esperen!— una voz masculina nos interrumpe cuando pongo un pie en el carruaje. —El baile no ha terminado todavía— giro mi rostro para encontrarme con el del príncipe Bastean.
—Lo sabemos— lo observo, —pero nos espera un viaje muy largo y queremos llegar lo antes posible, como princesa, tengo asuntos pendientes que atender— vuelvo a tratar de subir, pero me giro nuevamente, —Disfrute de lo que queda del baile, buenas noches.
Sentía su mirada en mi espalda, pero no me giré, terminé de subir y el cochero real cerró la puerta de mi lado.
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—Estos zapatos me están matando— saco de mis pies las sandalias entrelazadas y las tiro a un costado.
—Mañana organizaremos los últimos detalles que quedan, terminaremos de prepararnos— Luke se desprende la gabardina, y recién ahí pude notar el colgante que lleva sobre su camisa.
—¿Quién te lo dio?— señalo el collar y me saco la corona.
—Me lo regaló mi padre antes de morir,— lo levanta de su pecho y lo observa, —Me dijo que me protegería, pero no le creí. Solo lo llevo puesto porque es lo único que me queda de él.
Su rostro se torna melancólico y sonríe para si mismo cuando parece que recuerda algo.
—¿Y porqué no le has creído?— cuando mi abuela estaba en su lecho de muerte, me regaló un dije se su familia y me prometió lo mismo, que me protegería, le creí y lo sigo haciendo. Siempre llevo el dije conmigo a todas las batallas, sean grandes o mínimas, fáciles o complicadas.
—Dudo que un collar me proteja de algo, no tiene vida y no sabe manejar arma alguna.
—Tal vez no te proteja de la manera literal que tu padre te prometió, puede darte suerte o poder y tú lograrías defender tu propia vida,— suelto mi cabello —Si fuera tú, ese collar me daría fuerza, porque sabría que me lo regaló mi padre y haría todo lo que pudiera para que se sienta orgulloso de mí.
—Tal vez— deja un cálido beso en mi frente, —Mañana llega puntual al entrenamiento, que seas mi princesa y yo tu mejor amigo, no significa que me asuste de los retos tu padre,— sonrío —Me da miedo— abre la puerta de mi habitación, —Buenas noches.
Cuando Luke se fue, me desvestí y me volví a vestir con unos pantalones para montar color crema y una camisa blanca. No tenía ganas de acostarme y menos de dormir.
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Esta noche, la cascada del Ángel se veía espectacular, brillaba más que nunca.
Apolo estaba atado a unos metros de mí y podía ver como era hipnotizado por la belleza del agua, y también pude ver como se sobresaltó por un ruido extraño. Miré para todos lados pero no había nadie, aun así podía sentir una presencia extraña al reino.
—Hola— una voz masculina habla a mis espaldas.
—No puede estar aquí— el príncipe Bastean observa la cascada maravillado y luego a mí.
—Lo sé, pero quería devolverte algo— saca una pequeña bolsa negra de gamuza de uno de los bolsillos de su pantalón. —Por favor tutéame, haces que me sienta viejo tratándome de usted.
—Es el trato adecuado, no lo conozco, ni usted a mí.
—Lo sé, pero no me gusta.