Los científicos de la NASA y los gobernantes del mundo se reunieron de nuevo en una sesión de emergencia para discutir la crisis inminente.
— ¿Cómo es posible que este agujero negro se esté aproximando a nuestra galaxia sin que hayamos detectado señales de advertencia?—, preguntó el director de la NASA, su voz llena de preocupación.
Los científicos se miraron entre sí, confundidos también por lo que ocurría.
— No tenemos explicación. Nuestros cálculos indican que el agujero negro debería estar aún a millones de años luz de distancia. Pero de alguna manera, parece estar acelerando su acercamiento.
El secretario general de la ONU uspiró, tallando su rostro con su mano. En su rostro se leía más que la preocupación.
Terror...
— No hemos tenido tiempo ni siquiera para meditarlo.
— No hay nada que se pueda hacer contra ello.
— Pero es extraño que haya aparecido así de la nada. Estamos... condenados. No tenemos tecnología para detener algo así. Y aunque la tuviéramos, no sabemos qué lo está causando. Es cómo si... cómo si el universo mismo estuviera conspirando contra nosotros.
Un joven científico llamado Rudolf, se levantó de su silla de pronto, llamando la atención de todos.
— Creo que sé qué está pasando. He estado estudiando los patrones de energía en el universo, y creo que he encontrado una conexión entre la carga oscura en la Tierra y el agujero negro.
Los demás se volvieron hacia él, interesados.
— ¿Qué quieres decir? ¿Carga oscura?—, preguntó el director, con voz incrédula.
— Sí. Eso precisamente. Un aura oscura, negativa— repitió el joven Rudolf, mirando los a todos de hito en hito—. El caos, la violencia... todo eso está creando un campo de energía negativa alrededor de la Tierra que es cómo un imán que atrae a monstruos del cosmos cómo el que ahora nos amenaza.
La habitación se quedó en silencio, mientras los presentes procesaban la idea descabellada que acababa de explicar Rudolf.
¿Era posible que la humanidad misma estuviera causando su propia destrucción?
— Si eso fuera cierto... entonces... ¿Habría una forma de detener eso que lo atrae?
— ¿Habla de la energía?
— Has dicho que es eso mismo lo que lo está atrayendo, ¿o no?
— Es posible, pero en realidad es que eso es gracias a nosotros. A las personas, quienes la hemos creado. Sinceramente no creo que se pueda hacer nada, ya que esta energía reside ahora por todas partes. La Tierra está cargada de eso.
El tiempo se estaba acabando. El agujero negro se acercaba, y la humanidad se enfrentaba a su mayor desafío. ¿Podrían encontrar una forma de salvarse a sí mismos, o estaban condenados a ser consumidos por la oscuridad?
La reunión continuó en un tono de desesperanza y urgencia. Los científicos y gobernantes sabían que no había forma de detener el agujero negro, pero aún así buscaban alguna solución.
Uno de los científicos se levantó y comenzó a caminar por la habitación.
—Tal vez no podamos detenerlo, pero podemos tratar de entender mejor qué está pasando.
—Pero ¿de qué serviría eso?— preguntó un gobernante—. No podemos cambiar el curso del agujero negro. Lo único que podemos hacer es prepararnos para lo peor.
Mientras discutían, sabían que la gente ya se había percatado de algo extraño en el cielo. La luna parecía estar cambiando de forma, y algunas personas habían reportado ver una "mancha" oscura en el horizonte.
—Debemos mantener esto en secreto por ahora. No podemos alarmar a la gente. El mundo ya está al borde del caos. Si se enteran de lo que realmente está pasando, podría llegar el fin más pronto de lo que se espera... Y podrían atraer más rápido a ese monstruo si su energía negativa aumenta.
Los científicos y gobernantes asintieron en acuerdo. Sabían que debían mantener la calma y tratar de encontrar alguna solución, aunque fuera una solución desesperada.
Pero un científico se opuso a esta idea.
— Debemos informar a la gente. Debemos darles la oportunidad de prepararse, de despedirse de sus seres queridos, de hacer lo que sea necesario para afrontar lo que viene.
— ¿Pero qué les vamos a decir? ¿Cómo les vamos a explicar que un agujero negro está viniendo a devorar nuestro planeta?
— Es mejor a mantenerlos en la ignorancia. Todos... merecen saberlo.
— Pero si les decimos... su pánico explotará, y posiblemente esa energía lo atraiga más rápido. Ya escuchó al experto. Puede ser peligroso...
La habitación se quedó en silencio, mientras los presentes procesaban la información.
—Debemos informar a la gente... Debemos darles la oportunidad de prepararse. No podemos mantener esto en secreto por más tiempo. Ya ni siquiera tenemos tiempo...
— No podemos arriesgarnos a que la gente se vuelva más loca. Entiende que esto podría ponerse peor...
La discusión se intensificó, con los científicos desafiando a los gobernantes.
—¿Cómo pueden hablar de caos cuando ustedes y sus colegas han sido los que han provocado la mayor parte del daño en este mundo?—, preguntó el científico de antes, lleno de enojo—. Sus guerras, sus políticas, sus decisiones... todo ha contribuido a la destrucción del planeta. ¿Y ahora vienen a hablar de caos? ¿Qué hipocresía es esa?
Un gobernante se puso de pie, su rostro enrojecido de ira.
—¿Cómo te atreves a hablarme así? Soy un líder elegido por mi pueblo. He hecho lo que he creído que era mejor para ellos.
Un científico se burló.
—¿Mejor para ellos? ¿En serio? ¿Cuántas vidas se han perdido en sus guerras? ¿Cuántas familias se han destruido? ¿Cuántos recursos se han desperdiciado? ¿Y ahora vienes a hablar de caos? ¿No te das cuenta de que tú y tus colegas son los principales responsables de este desastre? ¿Qué derecho tienes tú a hablar de caos? Han firmado tratados de guerra, han ordenado ataques aéreos, han apoyado políticas que han destruido la economía y el medio ambiente. ¿Qué derecho tienen a hablar de caos cuando ustedes mismos han contribuido a crearlo?