Luzbel

·25·

Los suelos empezaron a estremecerse otra vez...

Se trataba de un estremecimiento profundo, como si algo muy antiguo respirara bajo la tierra. Polvo y ceniza cayeron de los edificios fracturados, y a lo lejos se escuchó el crujido de estructuras cediendo lentamente.

Aurora apretó a Elián contra su pecho al percatarse de ello.

—Tranquilo hijo… —susurró, más para convencerse a sí misma que a él.

El pequeño, sin embargo, solo aferró con más fuerza la cajita improvisada donde Onyx asomaba el hocico rosado entre mantas sucias. Sus ojos brillaban, curiosos, atentos a todo.

—¿Eso fue un trueno? —preguntó.

—Sí —respondió su madre—. Algo así.

Lucifer caminaba a su lado, vigilante. Sus sentidos percibían lo que los humanos no podían: la vibración enferma del planeta, la furia contenida en cada réplica, la cuenta regresiva marcada en la médula del mundo.

<<Madre Tierra ya había tomado una decisión.>>

Y el monstruo se acercaba.

Leal iba unos pasos más atrás. Su expresión era serena, pero distante.

"—Solo te utilicé. Solo quiero devolverte con Padre".

Las palabras aún flotaban entre ellos como restos tóxicos.

El niño se soltó un poco del abrazo de su madre y miró a Lucifer con descaro infantil.

—Señor… —dijo—. ¿Usted es militar?

Lucifer parpadeó.

—No.

—¿Doctor?

—Tampoco.

El niño frunció el ceño, pensativo.

— Es que se ve muy fuerte — explicó—. Camina como los superhéroes. Parece no tener miedo de lo pasa.

Aurora se sonrojó, incómoda.

—Perdón, él habla mucho…

—No molesta —dijo Lucifer, sorprendiéndose a sí mismo al sentir que lo decía en serio.

El niño sonrió para él. Algo en el pecho de Lucifer se tensó ante eso.

Leal lo observaba en silencio y se percató de cómo él se había afectado por el gesto. Ver a Lucifer reaccionar así por el niño… le removió algo doloroso. No quería sentir ternura por él, no en ese momento donde ella aún sufría por tanta decepción por lo que él le había confesado ya, pero no podía evitarlo.

No podía evitar... sentir tanto por él.

—El refugio está cerca —dijo Aurora, devolviendo a Leal al aquí y obligándola a despegar su mirada de Lucifer—. Espero que deseen quedarse. Me preocuparé si deciden buscar otro lugar. Por ahora, muy pocos sitios son seguros.

Leal sólo apretó los labios y miró a Lucifer con duda.

<<Si tan sólo supieran...

Si supieran que la Tierra está muriendo a propósito.>>

El suelo volvió a temblar, esta vez un poco más fuerte. A lo lejos, una columna de humo se alzó donde antes había una colina.

Lucifer alzó la vista, tenso.

El agujero negro aún estaba lejos…
pero Madre Tierra ya estaba gritando.

Elián tomó la mano de Lucifer sin pedir permiso, provocando que él lo mire de golpe.

—¿Usted cree que el mundo se arregle? —preguntó con total seriedad.

Lucifer se quedó inmóvil y Leal se detuvo también. Aurora solo contuvo el aliento.

Lucifer aún miraba esa mano pequeña aferrada a la suya. Sintió el pulso vivo, la confianza absoluta, la fé puesta en alguien que no la merecía.

—No lo sé —respondió con honestidad—. Pero... hay que seguir. Sólo queda hacer eso.

—Está bien.

Siguieron avanzando por un camino rodeado de edificios semiderruidos. El aire olía a polvo húmedo y metal. Lucifer seguía sintiendo esa punzada familiar al caminar entre humanos.

Fragilidad...

Miedo...

Siempre los había despreciado por eso, pero ahora... Ahora se compadecía de ellos. Se compadecía porque un adorable y curioso niño había tomado su mano y le había hecho una pregunta que le había provocado algo más que miedo...

Dolor.

Preocupación.

Leal aún lo observaba con una mezcla de desconcierto y ternura. Le sorprendía que Lucifer permitiera esa cercanía con otro humano que no fuera ella. Aurora también los miraba y algo dentro de ella se sentía extrañada por la manera en la que el niño buscaba tanto a ese sujeto extraño. Ella podía percibir algo raro en él, pero no podía entender bien todavía de qué se trataba. Sin embargo, Elián, su pequeño, parecía sentir mucha confianza con él. Eso la hizo bajar un poco la guardia.

—Disculpen si soy imprudente… —miró a uno y luego al otro—. Pero... Aún no me queda claro algo. ¿Ustedes son pareja?

El mundo pareció detenerse después de que ella les hiciera esa pregunta a ambos.

Lucifer se tensó de inmediato, como si alguien hubiera pronunciado una palabra prohibida. Leal alzó la vista, sorprendida, y luego la apartó con rapidez.

—No — respondió él de inmediato.

Aurora se apresuró a disculparse.

—Lo siento, no quise incomodar… Es solo que… se cuidan tanto entre ustedes. Además de que estaban juntos, bueno... Imaginé eso.

—Ella es mi responsabilidad. Por eso tengo que cuidarla ahora—añadió, con voz baja.

No era mentira. Solo no era toda la verdad.

Aurora los miró con atención, como evaluando algo que no terminaba de entender. Luego frunció el ceño, preocupada y después se acercó a Lucifer para decirle en secreto:

—Mire… —dijo en voz baja—. El refugio al que vamos… las personas que lo organizan son buenas, pero son muy… estrictas. Tienen creencias fuertes. Si ven que no son familia, o que no están unidos formalmente… podrían separarlos en lugares diferentes. O no ayudarlos como deberían.

Lucifer miró a Aurora con preocupación después.

—¿Qué sugiere?

La mujer dudó un instante.

—Que finjan ser esposos. Solo mientras estén ahí. Para que puedan estar juntos y que no lleven a la joven a otro lugar. Supongo que ustedes preferirían mantenerse juntos. ¿O me equivoco?

La observación de Aurora cayó como una grieta abierta.

Lucifer apretó los labios. La idea de ser separado de Leal le preocupaba e incomodaba. Al igual que la propuesta de Aurora, pues el fingir ser algo que no es con Leal... le dolía en anticipación.




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