Luzbel

·26·

Lucifer seguía despierto cuando Leal se removió apenas entre sus brazos. Fue un gesto mínimo: un cambio en su respiración, el roce distraído de su pierna contra la de él, el calor de su cuerpo acercándose sin siquiera ser consciente de ello.

Y, aun así, bastó.

Bastó para quebrar el último resto de control que le quedaba.

La sujetó con más fuerza.

No por miedo.

No esta vez.

Sino por el anhelo feroz que ella había despertado en lo más profundo de su ser.

—No... —murmuró contra su cabello, cerrando los ojos—. No te muevas así.

Leal abrió los ojos lentamente, todavía atrapada entre el sueño y la vigilia. Al principio no entendió. Luego sintió la tensión en su cuerpo, la rigidez de sus músculos, la forma en que parecía contener algo demasiado grande para permanecer encerrado.

—¿Señor...? —susurró—. ¿Qué ocurre?

Lucifer bajó la mirada hacia ella. Había algo distinto en sus ojos. Algo vulnerable.

Algo... peligroso.

—Pasa que te deseo —confesó al fin, sin refugiarse detrás de medias verdades—. Y estoy cansado de fingir que puedo ignorarlo.

Leal contuvo el aliento y él soltó una risa amarga.

—Pasa que desde que regresaste a mí... ya no puedo pensar con claridad. —Su voz se quebró apenas—. Ya no me importa nada como debería importarme.

Su mano recorrió la espalda de ella, lenta pero firme.

—Ni el Cielo. Ni Padre. Ni siquiera el Monstruo que viene por nosotros.

Leal sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas.

—Lucifer...

—Eres lo único en lo que pienso. —Su confesión salió casi como una condena—. Lo único que quiero proteger. Lo único que temo perder. Y eso me aterra.

Los ojos de Leal se humedecieron.

—Entonces... ¿por qué sigues alejándome?

Lucifer cerró los ojos y apoyó la frente contra la de ella.

—Porque todo lo que toco termina roto. Porque si permaneces a mi lado, acabarás pagando por mis errores.

—Ya estoy aquí.

Él apretó la mandíbula.

—Leal...

—Ya elegí.

Leal alzó apenas el rostro y sus labios rozaron los de él. Fue un contacto breve. Inocente, pero completamente devastador.

Lucifer soltó un sonido grave, contenido.

Entonces la besó con toda la intensidad de alguien que llevaba siglos negándose aquello que más deseaba. La sostuvo del rostro como si temiera que desapareciera. Como si el mundo entero pudiera arrebatársela en cualquier momento.

Cuando finalmente se separó, ambos respiraban con dificultad.

Lucifer apoyó la frente contra la suya.

—Te quiero —admitió con una honestidad brutal—. Mucho más de lo que debería.

Leal llevó una mano hasta su pecho.

Bajo sus dedos, el corazón de Lucifer parecía una tormenta.

—Entonces deja de luchar contra eso.

Él soltó una risa breve y rota.

—No estoy luchando sólo contra eso, pequeña. Estoy luchando contra todo lo demás.— La atrajo de nuevo hacia él, con cuidado, haciéndola estremecerse —. No puedo prometerte un futuro. No puedo prometerte que habrá un final feliz para nosotros. Quizá nunca exista algo así. Pero mientras este mundo siga girando... mientras aún respiremos... No quiero seguir fingiendo que no significas todo para mí. Ya no puedo hacerlo...

Leal sintió un nudo formarse en la garganta. En lugar de responder, simplemente se acercó más. Sus manos se aferraron a la tela de su ropa como si necesitara comprobar que era real. Que seguía allí. Que no iba a desaparecer otra vez.

Lucifer cerró los ojos al sentirla.

—Te deseo —confesó con una voz tan baja que parecía quebrarse entre cada palabra—. Más de lo que he deseado cualquier cosa desde que existo.

La besó otra vez.

Esta vez no hubo desesperación en el gesto, sino una lentitud casi insoportable. Como si intentara memorizarla. Sus labios descendieron por su mandíbula, por la curva delicada de su cuello, dejando un rastro de besos que arrancaban estremecimientos de aquel cuerpo aferrado al suyo.

—Si cedo por completo... —murmuró contra su piel—, no quedará nada de mí que no te pertenezca.

—No te contengas. No esta vez.

Lucifer acarició su mejilla con los nudillos.

—He visto imperios levantarse y desaparecer —murmuró—. He contemplado mundos enteros consumirse por el fuego. Y aun así, nada me ha hecho sentir tan indefenso como tú.

—Dime que me quieres entonces... —pidió ella en voz baja—. Dime que es por eso. Al menos esta noche trata de ser realmente honesto con ambos.

La observó durante varios segundos, antes de soltar con rendición:

—Te quiero. — Su voz sonó rota. Sincera... Brutalmente sincera—. Y probablemente eso sea lo peor que me ha pasado jamás.

—¿Tan malo es?

Lucifer sonrió sin alegría.

—Para alguien como yo... Es aterrador. Me conviertes en alguien que apenas reconozco. — Sus ojos oscuros recorrieron el rostro de ella con tanta concentración y eso la hizo estremecer—. Ahora soy sólo alguien que sólo puede pensar en ti. Que sólo se preocupa por ti. Y que te desea... aún sabiendo que puede perder si solo lo intenta.

— Inténtalo, señor. Por favor... Te quiero también...

Aquellas palabras parecieron atravesarlo.

—Eso es más peligroso. — Lucifer hundió el rostro en su cuello y cerró los ojos—. Maldita sea, Leal... No tienes idea de lo que has hecho conmigo.

Ella pasó una mano por su cabello en un gesto sencillo, cariñoso. Lucifer soltó una exhalación temblorosa.

—He desafiado al Cielo. He enfrentado cosas que harían temblar a cualquiera — Levantó la mirada hacia ella después—. Y aun así, nada me asusta tanto como esto. Qué ironía...

—¿Qué cosa?

Él sonrió con tristeza.

—Que después de toda una eternidad... la única persona capaz de hacerme sentir humano seas tú.

— Eres mi todo. Siempre lo has sido, y siempre lo serás.

Eso fue todo lo que Lucifer necesitó. Lo interpretó como una rendición. Como un permiso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.