Luzbel

·29·

Leal se negaba así misma lo que acababa de ocurrir con sus amigos y siguió apartando piedras.

Una.

Otra.

Y otra más.

Sus dedos ya no distinguían el dolor, las uñas comenzaron a romperse contra las rocas, la sangre resbalaba por sus manos, pero ella no se detenía.

—No... Por favor...

Apartó una enorme viga con todas las fuerzas que le quedaban, pero nada. Solo había polvo y madera destrozada.

—¡Aurora!

La desesperación hizo que gritara hasta desgarrarse la garganta.

—¡Respóndeme!

Nada.

El refugio seguía crujiendo a su alrededor. Pequeños fragmentos del techo continuaban desprendiéndose muy cerca de donde se encontraba, y, un así, ella no se detenía ni se movía. Seguía cavando como si pudiera vencer a la montaña de escombros con sus propias manos.

Estas ya estaban más que lastimadas.

—Lo siento... —Las palabras comenzaron a salir entre sollozos—. Lo siento... Les prometí que estarían seguros... Les prometí que...

Sus brazos dejaron de responder y, segundos después, cayó de rodillas, pero sus manos permanecieron enterradas entre las piedras.

El devoto causante de aquello, seguía observándola desde su lugar, pero no dijo una sola palabra, ya no era necesario. Su silencio era mucho más cruel. Sin embargo... este fue interrrupido por un estruendo y un estremecimiento después...

El aire comenzó a volverse pesado.

El devoto dejó de sonreír y giró lentamente la cabeza para mirar como una figura emergió entre la nube de polvo.

Su largo abrigo negro estaba cubierto de ceniza, su respiración era agitada y sus ojos escarlata recorrían el lugar con desesperación.

—Leal...

Leal levantó apenas la cabeza en cuanto lo reconoció y las lágrimas empezaron a caer sobre su rostro sin parar.

Lucifer no soportó ver eso...

Se acercó de inmediato y en cuanto llegó hasta ella... cayó de rodillas a su lado. Tomó sus manos ensangrentadas entre las suyas y la miró con preocupación, pues en ese momento era capaz de sentir en gran dolor que la estaba consumiendo.

—Mírame.

Leal negó lentamente.

—No pude... No pude salvarlos... No pude evitar que...

Lucifer desvió la mirada hacia el montón de escombros, y su rostro perdió cualquier rastro de calma.

Volvió a mirar a Leal y la abrazó con fuerza, como si intentara impedir que terminara de romperse. Leal dejó de contenerse y se aferró a él con la desesperación de quien acababa de perder el mundo entero. De alguien que acababa de descubrir que el amor también podía convertirse en la herida más profunda.

Lucifer empezó a llenarse de impotencia, de ira y de desesperación. No sabía cómo calmar lo que ahora ella estaba sintiendo, no había manera de remediarlo y eso lo sabía perfectamente.

El corazón de Leal ya había sido herido de esa cruel manera y él lo estaba presenciando sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Sólo podía mantenerla refugiada entre sus brazos, pero era ahí en dónde ella continuaba quebrandose por completo.

Lucifer estaba a punto de perder el control también...

Ver a Leal así... hizo despertar a la verdadera bestia enfurecida dentro de él.

De pronto... dejó de contenerla.

Sus alas negras se desplegaron con violencia, levantando una tormenta de polvo que obligó al devoto a retroceder. Sus ojos ardían con un miedo tan profundo que había terminado convirtiéndose en ira.

Miró un instante a Leal, miró sus manos cubiertas de sangre, sus mejillas empapadas de lágrimas. La ira dentro de él creció. Esta se hizo visible en su rostro cuando desvió su mirada hacia el devoto y este sólo retrocedió en cuanto vió el fuego en sus ojos rojos.

Y, de un solo movimiento, se lanzó contra él.

El estruendo del choque recorrió todo el refugio. Las paredes vibraron, las grietas comenzaron a multiplicarse, y el ruido llamó la atención del resto.

Los otros devotos de inmediato reaccionaron y se dirigieron hacia donde estaba su antiguo rey. Habían aprendido de él durante siglos, conocían cada estrategia, cada movimiento.

Leal apenas podía seguir lo que ocurría, todo sucedía demasiado deprisa, sólo podía distinguir sombras y destellos pasando de un lado a otro.

Lucifer se movía sin detenerse, desviando ataques desde todas las direcciones, y, por cada adversario que conseguía apartar... dos más ocupaban su lugar.

Era una lucha imposible.

Estaba siendo atacado por varios devotos a la vez, cuando de pronto... todo el refugio comenzó a sacudirse, las piedras comenzaron a brincar sobre el suelo, las columnas se inclinaron, y, desde las grietas, empezó a escapar una oscuridad espesa...

No era humo...

Parecía la propia noche filtrándose desde las entrañas del mundo.

Leal sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Aquella presencia... era inmensa y también le resultaba familiar. A lo lejos comenzaron a escucharse nuevos estruendos., eran montañas quebrándose, era el océano rugiendo y el viento cambiando de dirección.

La Tierra estaba respondiendo al desequilibrio que se había desatado... Criaturas destinadas a permanecer ocultas... habían revelado su existencia...

Antiguas reglas acababan de romperse, y el mundo estaba pagando el precio.

Lucifer lo comprendió enseguida al sentir todo el nuevo desastre.

—Madre Tierra...

Susurró aquellas palabras con una mezcla de respeto y preocupación.

De repente... todo el caos se congeló.

Nuevas presencias habían irrumpido en aquel desastroso lugar que ya se había convertido en una pila de escombros. Lucifer y los devotos detuvieron su pelea cuando se percataron de la nueva tensión y todos ellos se llenaron de desconcierto cuando varias figuras aparecieron después entre el polvo.

Uno de aquellos seres dirigió la mirada hacia Lucifer después.

— Lucifer, mi querido Lucifer... Has cruzado el límite de nuevo. ¿Es que acaso no terminas de comprenderlo?




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