Luzbel

·30·

Lucifer permaneció inmóvil durante varios segundos.

Sentía el cuerpo de Leal contra el suyo y permitió que su cuerpo dejara de luchar.

Le dolía todo.

Cada respiración parecía arrastrar consigo una herida nueva. La sangre había empapado parte de su ropa y uno de sus brazos apenas tenía fuerza para mantenerse alrededor de ella.

Aun así, no la soltó.

Leal seguía llorando en silencio.

Él podía sentir cada pequeño estremecimiento de su cuerpo.

—Lo siento...

Ella cerró los ojos con fuerza.

—No fue tu culpa.

—Lo fue, pero créeme que yo no quería que pasara algo así. Esos humanos eran importantes para ti y hubiera hecho lo que fuera para evitar que...—

— Lo sé. Sé que lo hubieras hecho, pero, cómo me habías dicho, ninguno pudo haberlo previsto... Así que... no te tortures con eso, mi señor. Yo... sé que lo lamentas de verdad.

Leal apretó los brazos alrededor de él.

La imagen de Aurora regresó a su mente.

Elián.

Onyx.

El refugio derrumbándose...

Todo desapareciendo delante de ella.

— Además... yo era la única que tenía en salvarlos. Yo... se los prometí.

—No. Basta, Mía. Tampoco te tortures con eso tú.

Leal se apartó apenas para mirarlo. Él tenía el rostro pálido y cansado, pero veía un brillo sincero en sus ojos escarlata.

—Yo daría cualquier cosa para evitarte este dolor. Quisiera poder quitarte cada recuerdo que te lastima, pero no puedo. No he podido. Yo soy el que ha fallado de verdad en sus promesas.

Leal negó lentamente con la cabeza.

— Aunque pudieras... no quisiera que borraras mis recuerdos. Ni siquiera los dolorosos.

Lucifer abrió los ojos.

—¿Por qué?

—Porque también son parte de ellos.

La respuesta lo dejó sin palabras.

Leal se limpió las lágrimas con el dorso de la mano después.

—Si olvido a Aurora... perdería algo muy valioso. El haber hecho una amiga de verdad.— se detuvo y respiró temblorosamente—. Si olvido a Elián, ¿quién va a recordar cómo se reía?

Su voz se quebró.

—Y si olvido a Onyx...

No pudo terminar. Lucifer la acercó nuevamente hacia él. Esta vez con más cuidado, como si temiera romperla.

— Está bien. — Apoyó la mejilla sobre su cabello—. Yo también los recordaré. Cómo los buenos amigos que fueron para ti, Mía. Me siento agradecido con ellos por eso. Por haberte dado algo tan valioso como la amistad. Pensé que algo así ya no existía, al menos no con ellos ni en éstos tiempos de locura, pero me hicieron ver que estaba equivocado. De verdad se preocupaban por tí. Eso es lo que hace un buen amigo. Ya estarán en paz en donde sea que estén ahora, te lo aseguro.

Lucifer perdió el equilibrio por un instante y tuvo que apoyarse contra la roca para no caer.

Leal lo sostuvo de inmediato. El miedo no tardó en llenarla de pies a cabeza.

— Señor...

— Tranquila. Estoy bien.

Ella tomó su rostro entre las manos para reprenderlo.

— No, no lo estás. Te estoy viendo. No puedes seguir haciendo esto. No me gusta cuando tratas de engañarme o minimizar lo que te pasa...

Lucifer solo sonrió, sintiéndose sorprendido por la firmeza de Leal.

— No es mi intención, Mía. Sólo no quiero que te preocupes...

—Lucifer...

—Mírame. Estoy bien.

— Lo hago. Y veo que apenas puedes mantenerte en pie.

—Mientras pueda sostenerte, puedo mantenerme en pie.

Ella negó con la cabeza.

—¿Y qué pasará cuando ya no puedas?

Lucifer guardó silencio porque esa era precisamente la pregunta que llevaba evitando desde el principio.

Miró sus manos ensangrentadas y después al cielo. El agujero negro se había vuelto visible incluso a simple vista, y, cada segundo estaba más cerca.

—Todavía tiene que existir una forma.

Leal frunció el ceño.

—¿Una forma de qué?

—De salvarte.

—¿Y tú?

Lucifer la miró.

—Yo no importo.

—Para mí sí.

Aquellas palabras lo hicieron apartar la mirada.

Leal tomó su rostro nuevamente y lo obligó a mirarla.

—No vuelvas a decir que no importas. No después de todo lo que hemos vivido. — Sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas. Estas pronto provocaron algo demoledor dentro de Lucifer—. No quiero que me salves para después perderte.

Lucifer cerró los ojos.

—Leal... Bien sabes que yo...—

—No. —Ella lo interrumpió y después negó con la cabeza—. Si existe una forma de salir de esto... tiene que ser para los dos.

Lucifer sostuvo a Leal con el poco vigor que le quedaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios al hacer contacto con ella.

—No pienso rendirme.

Leal apoyó la frente contra la suya.

—Prométemelo.

Lucifer respiró profundamente.

—Te lo prometo.

Lucifer bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas después.

—Desde que te conocí... —Su voz se volvió más suave—. Nunca entendí por qué te quisiste quedar conmigo. Era algo... grosero contigo.

— ¿Eras?

Leal sonrió débilmente y él después la miro con fingida indignación, pero también sonrió.

Ella suspiró y después dijo:

—Te lo dije. Porque fuiste el único que no me rechazó. Tú... preferiste acercarte para guiarme.

—Sí. Pero todavía me cuesta creerlo.

—¿Qué cosa?

—Que pudieras quererme después de ver quién era yo aquí.

Leal lo observó por unos segundos en silencio.

— Al encontrarte de nuevo... sólo sentí felicidad y alivio. Me dí cuenta de inmediato de que habías cambiado, pero... ni siquiera eso me detuvo. Al contrario. Mi amor por ti... creció aún más, porque quisiste volver a ayudarme a pesar de todo y del tiempo que había pasado. Quisiste ser mi angel de nuevo.

Lucifer permaneció inmóvil después de esas palabras. Aún le costaba escuchar que ella lo seguía considerando un angel.

Su angel Luzbel.

—No sé qué hice para merecerte... Ahora mucho menos... siendo esto.

— Te amé antes de que intentaras salvarme.




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