—¡Lucifer!
Él cerró los ojos y eligió.
Leal no pudo llegar a tiempo para detenerlo y dejó de estar en shock al ver cómo la espada ensangrentada cayó después desde su pecho...
—Lucifer...
Él cayó lentamente contra el suelo también, luciendo gravemente herido por aquella arma divina que ahora estaba destellando mucha luz...
Esta comenzó a crecer cada vez más, hasta que envolvió a Lucifer por completo.
Leal corrió hacia él y lo sostuvo entre sus brazos.
—No...
— Mía...— Él apenas podía hablar, apenas podía verla a través de sus lágrimas. No sentía dolor, no estando cerca de ella, pero algo de él ya se estaba yendo. Aún así, se esforzó para decir:— Leal... tú me enseñaste que elegir también significa aceptar las consecuencias.
—N-no quiero que mueras.
Leal negó, llorando y temblando sin parar.
Sus manos apenas podían sostener el cuerpo de Lucifer. Este seguía siendo envuelto por una increíble luz que seguía saliendo de él.
—No... Mi señor.
—Tú eres la luz.
—Y tú eres quien me enseñó a vivir, pero si ya no estás... ya no quiero hacerlo.
Lucifer sintió que las lágrimas comenzaban a caer de sus ojos. Era lo poco que era capaz de percibir en ese momento.
—Quiero que lo hagas. Quiero que estés a salvo...
Ella negó entre sollozos.
—No... ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? Ahora sí nos vamos a perder de verdad...
Él respiró profundamente para tratar de mantenerse un poco más en el aquí, pues ya casi no le quedaban fuerzas.
—Porque siempre supe que te perdería de alguna manera, siempre preferí eso pero con la condición de que tú te salvaras... Mía. Eres la razón por la que aprendí a amar.
Leal negó.
—No.
—Porque tú fuiste capaz de encontrar luz en mí cuando yo solo veía oscuridad.
—Lucifer...
—Porque durante toda mi existencia quise saber qué se sentía ser amado de verdad. Y tú me diste la respuesta a tantas dudas.
Leal se acercó lentamente a su rostro, sin dejar de llorar.
—No quiero que me dejes. Por favor...
Lucifer sonrió con debilidad.
La luz que seguía saliendo de él... seguía iluminando todo su alrededor. Hasta su sonrisa agonizante.
—Perdóname, Mía. Tenía que hacerlo. Eres lo que más amo...—susurró él.
Leal negó.
—No.
—Te amo.
—No.
—Más de lo que jamás pensé que podría amar a alguien.
La luz continuó expandiéndose.
Los arcángeles observaron en silencio, las demás criaturas antiguas inclinaron la cabeza, y Padre... permaneció inmóvil, aún en aquella forma de luz majestuosa.
Leal abrazó a Lucifer con todas sus fuerzas.
—No te vayas... No...
Pero él ya no podía responder.
La luz salió de su cuerpo por completo y el cielo entero comenzó a iluminarse, mientras el agujero negro avanzaba hacia ellos...
la Tierra recibió una última luz, ¿y quién imaginaria que sería la del rey del Averno?
—¡LUCIFER!
El grito de Leal atravesó las ruinas cuando dejó de tener respuesta de él y después lo sostuvo contra ella. Ya no podía sentir el peso completo de su cuerpo, su piel comenzaba a deshacerse en pequeñas partículas de luz.
Primero fueron sus manos.
Después sus brazos.
Fragmentos luminosos comenzaron a desprenderse de él y elevarse lentamente hacia el cielo.
—¡No!
Leal lo abrazó con más fuerza.
—¡No, no, no!
Las lágrimas corrían por su rostro hasta bañarlo por completo.
—¡Lucifer!
Pequeños fragmentos de Lucifer flotaban alrededor de ella, como estrellas arrancadas de un cuerpo que ya no podía sostenerlas.
—¡Padre!
Leal levantó la mirada hacia él, desesperada.
—¡¿Por qué?!
—Leal...
—¡¿Por qué lo permitiste?!
Su voz se quebró.
—¡Tú sabías lo que iba a hacer!
—Sí.
—¡Entonces debiste detenerlo!
—Él eligió.
Leal negó desesperadamente.
—¡No quería elegir esto!
—Lo hizo porque te ama.
—¡Eso no lo hace correcto! ¡Tenía que ser yo! ¡Tú lo dijiste!
La luz guardó silencio.
Leal miró nuevamente a Lucifer.
O lo que quedaba de él.
—¿Por qué tenía que ser él?
La respuesta llegó suavemente.
—Porque él decidió que fueras tú quien viviera cuando entendió el significado de lo que dije acerca de que se necesitaba un sacrificio tan poderoso como la luz que hay en ti. Lucifer sabía que seguía Luzbel ahí él. Su luz. Y esa es más que suficiente...
Leal apretó los fragmentos de luz que podía alcanzar.
—No quiero vivir sin él. No...
—Todavía no comprendes lo que ha hecho.
—¡Ha muerto!
—No. Ha entregado aquello que se requería para un milagro.
Leal pestañeó varias veces, aún sin comprender.
—¿Y eso significa...?
—Significa que tendrás que verlo después. Ahora tengo que cumplir con su última voluntad. Vendrás conmigo... te ha liberado, pero necesitaré de ti y que confíes en mi, hija. Te prometo que todo estará bien.
Leal no comprendió.
Entonces... el cielo comenzó a cambiar.
Los humanos levantaron la mirada para ver cómo el horizonte se oscurecía, el aire se volvió pesado y la voz de Padre resonó...
—Comienza.
10:00
Leal miró alrededor, pero antes de que entrara en pánico... Padre se acercó a ella y le pidió que no tuviera miedo.
09:59
Los humanos comenzaron a gritar, algunos corrieron, otros se quedaron inmóviles ante lo que empezó a pasar...
El cielo... el cielo comenzó a deformarse.
El Gran Monstruo Oscuro ya no parecía algo distante. Su gravedad estaba alcanzando la Tierra, y todos los humanos ya estaban advertidos de eso gracias a que, por una vez en la historia de ese planeta, los gobernantes se habían puesto de acuerdo para aclarar una cosa.
El inicio del fin.
Ellos, desde hace días, habían decidido reunirse para decir la verdad. Para que la humanidad... pudiera despedirse en paz.