Luzbel

¡Gracias!

Antes de despedirme de Luzbel, quiero tomarme un momento para hablarles desde un lugar mucho más personal.

Esta historia nació de una idea que apareció en mi cabeza hace mucho tiempo, después de leer un poema sobre Lucifer y su dolor por haber sido visto siempre como el villano. No recuerdo exactamente dónde lo leí ni conservo aquel poema😅, pero aquella idea se quedó conmigo durante años.

Y de ahí nació Luzbel.

Quiero aclarar algo muy importante antes de continuar: esta historia no representa mis creencias personales ni pretende decir cómo veo a Dios, a Lucifer, a la humanidad o al mundo. No escribí esta historia con la intención de decir que los humanos somos malos, que Lucifer es bueno o que Dios es malo. Tampoco pretendí juzgar ninguna religión, creencia o forma de pensar.

Simplemente quise imaginar una historia.

Una historia en la que todos estos personajes pudieran representar algo mucho más humano: nuestras dudas, nuestros errores, nuestra oscuridad, nuestra capacidad de cambiar y, sobre todo, nuestra capacidad de elegir, porque si hay algo que quise dejar con esta historia... es precisamente eso.

Todos tenemos derecho a equivocarnos.

No somos perfectos.

Podemos tomar decisiones terribles. Podemos herir a otras personas. Podemos equivocarnos incluso cuando creemos estar haciendo lo correcto. Y sí, existen actos que no tienen justificación y personas capaces de hacer cosas verdaderamente terribles, pero también creo que una persona puede detenerse.

Puede mirar dentro de sí misma, puede reconocer aquello que hizo mal, puede aceptar su propia verdad, y puede decidir qué hacer después de verla.

Eso fue lo que quise representar con Lucifer.

Él sabía que había cometido errores. Sabía que había permitido que su dolor se convirtiera en odio. Sabía que muchas de sus decisiones habían lastimado a otros. Y, aun así, llegó un momento en el que decidió mirar todo aquello de frente.

No podía cambiar lo que había hecho, pero sí podía decidir qué hacer a partir de ese momento, y creo que nosotros también podemos hacerlo.

Podemos aprender de nuestras caídas, podemos pedir perdón, podemos perdonar, podemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos. Reconocer que no somos las peores cosas que hemos hecho, elegir no permitir que nuestra propia oscuridad nos consuma por completo, y, sobre todo, podemos aprender a amar.

Amar nuestra vida.

Amar a las personas que tenemos cerca.

Amar la Tierra.

Cuidar aquello que tenemos.

Aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que muchas veces damos por sentadas.

Creo que Madre Tierra fue también una parte muy importante de esta historia por eso porque quise recordar que este mundo, aunque esté lleno de problemas, sigue siendo nuestro hogar. Y que nosotros también tenemos una responsabilidad con él.

No necesitamos ser perfectos para hacer algo bueno, solo necesitamos decidir intentarlo.

Ahora quiero explicarles algo que probablemente muchos de ustedes se preguntaron durante todo este tiempo.

¿Por qué tardé tanto en terminar esta historia?

Luzbel me tomó casi dos años. Y no fue un proyecto sencillo. Fue una historia que me exigió muchísimo. Tuve que trabajar constantemente en la perspectiva de Lucifer, en su oscuridad, en su resentimiento, en sus contradicciones, en todo aquello que había dentro de él. Era algo muy oscuro que debía mantener constante. Al mismo tiempo tenía que construir a Leal desde un lugar completamente diferente: su inocencia, su vulnerabilidad, su bondad y esa capacidad que tenía de mirar más allá de lo que los demás podían ver.

Necesitaba encontrar un equilibrio entre dos personajes que, en muchos sentidos, eran completamente opuestos.

Y eso requirió mucho de mí.

Durante una parte de este proceso estaba trabajando y llegaba a casa completamente agotada. Había días en los que quería escribir, pero simplemente no tenía cabeza para hacerlo. Después comenzaron mis propios problemas personales, y poco a poco escribir dejó de ser algo que podía hacer con facilidad.

Hubo momentos en los que quería abrir el borrador, quería continuar mis historias, quería estar presente... pero no podía. No porque hubiera dejado de querer hacerlo, simplemente no tenía energía para hacerlo.

Y este año todo se volvió todavía más difícil.

Este año estoy viviendo mi primer embarazo y, para ser completamente sincera con ustedes, no ha sido una etapa fácil para mí.

Ha sido un embarazo muy pesado.

He estado cansada prácticamente todo el tiempo. He tenido días en los que no he podido dormir bien, días en los que apenas he tenido energía para hacer lo necesario y momentos en los que concentrarme en una historia de esta magnitud parecía completamente imposible.

Mi bebé se ha llevado prácticamente toda mi energía y no me arrepiento de haber puesto toda mi atención en su bienestar. De hecho, creo que durante estos meses lo único que realmente me ha dado tranquilidad ha sido saber que está bien, escuchar a los médicos decirme que todo marcha como debe y poder concentrarme en que llegue sano y salvo, pero emocionalmente tampoco ha sido un año sencillo.

He perdido personas, he tenido momentos de mucho miedo, he pasado por etapas muy difíciles emocionalmente y muchas veces las he vivido prácticamente sola.




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