Lycoris: the Insider

Capítulo 1

La Carta Negra

La lluvia había empezado a las seis de la tarde y, desde entonces, no había parado.

Montevernon parecía diferente bajo la tormenta.
Más frío.
Más vacío.

Charlie Fairchild apoyó la frente contra la ventana del segundo piso mientras observaba cómo el agua resbalaba lentamente por el vidrio.

Las luces de la ciudad se deformaban entre las gotas, convirtiéndose en manchas doradas y borrosas.

Todo estaba en silencio.

Demasiado silencio.

Abajo, el reloj del pasillo marcó las diez con un sonido seco.

Su madre todavía no volvía.

Otra vez.

Charlie soltó un suspiro y dejó el libro que intentaba leer sobre la cama. No podía concentrarse.

Últimamente sentía que algo estaba fuera de lugar.

Como si el mundo estuviera sosteniendo la respiración antes de que algo ocurriera.

Entonces sonó el timbre.

Charlie frunció el ceño.

¿A esa hora?

Bajó lentamente las escaleras mientras el sonido de la lluvia llenaba toda la casa. Las luces parpadearon apenas.

Cuando abrió la puerta, no había nadie.

Solo una caja negra apoyada sobre el escalón.

El corazón le dio un pequeño vuelco.

La caja era elegante. Antigua.
Tenía detalles dorados grabados alrededor y, en el centro, un símbolo que Charlie nunca había visto:

Una flor.

No.

Varias flores entrelazadas.

Lycoris.

Charlie miró hacia la calle vacía.

Nada.

Ni autos. Ni personas.

Solo niebla.

Volvió a mirar la caja.

—Qué diablos…

La tomó con cuidado y cerró la puerta rápidamente.

La madera crujió detrás de ella mientras caminaba hasta la mesa del comedor.

La caja pesaba más de lo que esperaba.

Por un instante dudó.

Luego abrió el broche dorado.

Dentro había:

  • una carta negra sellada con cera roja,
  • una llave plateada,
  • y una fotografía antigua.

Charlie tomó la foto primero.

Su respiración se detuvo.

Era una academia.

Gigantesca. Oscura. Hermosa.

Detrás de la imagen alguien había escrito algo a mano:

“Algunas herencias te eligen.”

Sintió un escalofrío.

Entonces abrió la carta.

MONDRICH HALLAcademia Privada de Élites Internacionales

Nos complace informarle que ha sido seleccionada para ingresar a Mondrich Hall este semestre.

La fecha de llegada es obligatoria.

No rechace la invitación.

Charlie leyó la última línea dos veces.

No rechace la invitación.

No decía: “esperamos verla”.

Decía: “No rechace.”

Como si no fuera una opción.

Como si alguien ya hubiera decidido por ella.

Un trueno sacudió las ventanas.

Charlie tragó saliva.

Nunca había escuchado hablar de Mondrich Hall.

Y aun así…

el nombre le resultaba extrañamente familiar.

Entonces vio algo más dentro de la caja.

Un sobre pequeño.

Más antiguo.

Tenía escrito un nombre.

El nombre de su madre.

Charlie lo abrió lentamente.

Dentro solo había una frase:

“Ella nunca debió escapar.”

El aire abandonó sus pulmones.

En ese momento la puerta principal se abrió de golpe.

Charlie se sobresaltó.

Su madre acababa de entrar bajo la lluvia, empapada y pálida.

Pero no parecía sorprendida de verla despierta.

Sus ojos fueron directamente hacia la caja negra sobre la mesa.

Y el color desapareció completamente de su rostro.

—¿Quién la trajo? —preguntó en voz baja.

Charlie sintió un nudo en el estómago.

—No lo sé…

Su madre caminó lentamente hacia la mesa.

Temblaba.

Literalmente temblaba.

Tomó la carta de Mondrich Hall entre las manos como si estuviera viendo un fantasma.

Y por primera vez en toda su vida…

Charlie vio miedo real en los ojos de su madre.

—No —susurró ella—.
No… no pueden haberla encontrado.

Charlie frunció el ceño.

—¿Encontrado?

Silencio.

La lluvia golpeó las ventanas con más fuerza.

Entonces su madre levantó la mirada lentamente.

—Charlie… —dijo con la voz quebrada—.
Hay cosas sobre nuestra familia que nunca te conté.

Y en ese instante…

las luces de la casa se apagaron.




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