Lycoris: the Insider

Capítulo 2

Mondrich Hall

La oscuridad duró apenas unos segundos.

Pero fueron suficientes para que Charlie sintiera que algo dentro de la casa había cambiado.

Las luces regresaron con un parpadeo débil.

Su madre seguía inmóvil frente a la mesa, sujetando la carta negra con tanta fuerza que sus nudillos se habían puesto blancos.

Charlie nunca la había visto así.

Nunca.

No era una mujer fácil de intimidar.
Siempre había sido fría, organizada, imposible de leer.

Pero ahora parecía aterrada.

Y eso daba más miedo que la oscuridad.

—Mamá… —Charlie dio un paso hacia ella—. ¿Qué está pasando?

Su madre levantó la mirada lentamente.

Los ojos vidriosos. El rostro pálido.

Como si acabara de ver regresar algo que llevaba años intentando olvidar.

—Tienes que quemar esto.

Charlie frunció el ceño.

—¿Qué?

—La carta. La caja. Todo. Ahora.

—¿Por qué?

—Porque Mondrich Hall no es una escuela normal.

El viento golpeó las ventanas violentamente.

Charlie sintió un escalofrío recorrerle los brazos.

—Entonces explícame qué es.

Su madre guardó silencio.

Y ese silencio fue peor que cualquier respuesta.

Charlie apretó la mandíbula.

—¿Tiene que ver con papá?

Error.

Lo supo apenas las palabras salieron de su boca.

La expresión de su madre cambió inmediatamente.

Dolor. Rabia. Miedo.

Todo mezclado.

—No hables de él.

—Ni siquiera sé quién era.

—Charlie—

—¡Nunca me dices nada!

La tensión explotó en el comedor como un vidrio rompiéndose.

La lluvia seguía cayendo con fuerza afuera.

Charlie respiró agitadamente.

—Toda mi vida sentí que ocultabas algo. Y ahora aparece esta… esta academia rara diciendo que me estaban buscando y tú actúas como si alguien hubiera muerto.

Su madre bajó la mirada.

Y por un instante pareció cansada.

Muy cansada.

—Porque hay personas que deberían permanecer enterradas.

Charlie sintió un vacío extraño en el pecho.

—¿Quiénes?

Su madre abrió la boca…

Pero el sonido de un motor interrumpió todo.

Ambas se quedaron quietas.

Un auto acababa de detenerse frente a la casa.

A esa hora.

Charlie caminó lentamente hacia la ventana.

Negro.

Largo. Elegante.

Demasiado elegante para aquel barrio.

Y entonces lo vio.

Un hombre descendió del vehículo sosteniendo un paraguas oscuro.

Traje negro impecable. Guantes. Cabello plateado.

Parecía salido de otra época.

El hombre levantó la vista directamente hacia la ventana.

Hacia Charlie.

Como si supiera exactamente dónde estaba.

Charlie retrocedió un paso.

—Mamá…

Su madre ya estaba pálida otra vez.

—No abras la puerta.

Pero los golpes llegaron antes.

Tres golpes lentos.

Firmes.

Charlie sintió cómo el corazón empezaba a latirle más rápido.

El hombre volvió a tocar.

Su madre respiró profundo, intentando recuperar compostura.

Luego caminó hacia la entrada.

—No importa lo que escuches —susurró—. No salgas.

Abrió la puerta apenas unos centímetros.

La lluvia y el viento entraron inmediatamente.

Charlie observó desde el pasillo.

El hombre inclinó apenas la cabeza.

—Señora Fairchild.

Su voz era tranquila. Educada.

Pero algo en ella se sentía incorrecto.

—Pensé que habían entendido el mensaje hace años —dijo su madre con frialdad.

El hombre sonrió apenas.

—Mondrich Hall jamás olvida a los suyos.

Charlie sintió un escalofrío.

Los suyos.

—Mi hija no irá.

—No es una invitación.

Silencio.

El hombre extendió lentamente una carpeta negra.

—La señorita Fairchild debe presentarse dentro de tres días.

—No.

—Si ella no va por voluntad propia… otros harán preguntas.

La mirada de su madre cambió.

Miedo otra vez.

El hombre continuó:

—Y ninguno de nosotros quiere que el pasado vuelva a abrirse, ¿verdad?

Charlie vio cómo la mano de su madre temblaba.

Apenas. Pero temblaba.

El hombre entonces levantó la mirada hacia Charlie.

Y sonrió.

No parecía una sonrisa humana.

—Bienvenida a Mondrich Hall, señorita Fairchild.

La puerta se cerró de golpe.

Su madre apoyó ambas manos sobre la madera, respirando agitadamente.

Charlie se quedó inmóvil.

—¿Quién era él?

Su madre tardó varios segundos en responder.

—Alguien que debió desaparecer hace mucho tiempo.

Charlie miró la carpeta negra sobre la mesa.

La abrió lentamente.

Dentro había:

  • horarios,
  • mapas,
  • reglamentos,
  • fotografías del campus,
  • y una credencial con su nombre.

Pero algo más llamó su atención.

Una foto grupal.

Estudiantes de Mondrich Hall.

Todos usando uniformes negros.

Todos perfectamente serios.

Excepto uno.

Un chico sentado al frente, con la corbata mal acomodada y una expresión peligrosamente relajada.

Nicholas Gray.

Incluso en fotografía parecía arrogante.

Pero eso no fue lo que hizo que Charlie dejara de respirar por un segundo.

Fue lo escrito detrás de la imagen.

Con tinta negra.

Como si hubiera sido añadido recientemente.

“Ten cuidado con él.”

Charlie giró la fotografía lentamente.

Abajo había otra frase.

Una mucho peor.

“Él se va a enamorar de ti.”




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