Lillian Fairchild
Charlie sintió que el mundo acababa de inclinarse bajo sus pies.
—¿Qué dijiste?
Nick no apartó la mirada.
—La estudiante que murió aquí… era Lillian Fairchild.
El apellido cayó como un golpe directo al pecho.
Fairchild.
Su apellido.
Charlie soltó una pequeña risa incrédula.
—No tiene gracia.
Nadie respondió.
Y eso fue peor.
Logan apoyó una mano sobre la puerta, claramente incómodo.
—No sabías de ella, ¿verdad?
Charlie negó lentamente.
—Mi mamá nunca mencionó a nadie llamado Lillian.
Nick observó nuevamente el espejo.
—Claro que no lo hizo.
La rabia comenzó a mezclarse con el miedo dentro de Charlie.
—¿Quién era?
Silencio.
Otra vez.
Charlie ya odiaba los silencios en Mondrich Hall.
Siempre significaban algo horrible.
Finalmente Logan habló:
—Tu tía.
Charlie sintió que el aire desaparecía completamente.
—¿Qué?
—Hermana mayor de tu madre.
El corazón le latía tan fuerte que podía escucharlo en los oídos.
—Eso es imposible.
—No lo es.
Charlie retrocedió lentamente hasta la cama.
Toda su vida había crecido creyendo que su familia era pequeña. Solo ella y su madre.
Nada más.
Y ahora…
una tía muerta aparecía de la nada. En la misma habitación donde estaba durmiendo.
Perfecto.
Simplemente perfecto.
—¿Cómo murió?
Nick respondió esta vez.
—La encontraron frente al espejo.
Charlie giró lentamente la cabeza hacia el vidrio oscuro.
Un escalofrío le recorrió los brazos.
—No.
—Charlie—
—No.
No quería escuchar más.
Pero una parte de ella sí.
Porque desde que llegó a Mondrich Hall sentía algo extraño dentro suyo.
Como si el lugar la reconociera.
Como si hubiera estado allí antes.
Nick se acercó lentamente.
—Hay cosas sobre tu familia que nunca te dijeron.
Charlie levantó la mirada.
—¿Y tú sí las sabes?
Nick guardó silencio apenas un segundo.
Error.
Charlie lo notó inmediatamente.
—Tú sabes algo.
—Sé suficiente.
—Entonces habla.
La tensión llenó toda la habitación.
Nick parecía debatirse internamente.
Como si estuviera rompiendo una regla solo por estar ahí.
Finalmente habló en voz baja:
—Lillian no era una estudiante cualquiera.
—¿Entonces?
—Era parte de The Insider.
Charlie sintió un nudo en el estómago.
—¿La sociedad secreta?
Nick asintió apenas.
—Y era importante.
Logan murmuró desde la puerta:
—Muy importante.
Charlie pasó una mano por su cabello intentando procesar todo.
—¿Y murió porque pertenecía a esa sociedad?
Nick tardó demasiado en responder.
—Tal vez.
—Eso no es una respuesta.
—Porque nadie sabe exactamente qué ocurrió esa noche.
La lluvia golpeó las ventanas con fuerza.
Y por un instante…
Charlie juró escuchar pasos en el corredor.
Lentos.
Arrastrándose.
Nick lo escuchó también.
Porque levantó la cabeza inmediatamente.
Logan frunció el ceño.
—¿Esperas a alguien?
Charlie negó.
Los pasos volvieron a sonar.
Más cerca.
La atmósfera de la habitación cambió de inmediato.
Pesada.
Fría.
Nick caminó lentamente hacia la puerta.
Y entonces…
silencio absoluto.
Nada.
Solo lluvia.
Logan soltó el aire lentamente.
—Odio esta torre.
Nick seguía mirando el pasillo vacío.
Como si esperara ver algo aparecer.
Charlie observó el espejo otra vez.
Y el terror le congeló la sangre.
Porque había alguien reflejado detrás de Nick.
La chica del vestido rojo.
Quieta.
Sonriendo.
Charlie dejó escapar un pequeño sonido ahogado.
—Nick—
Él giró inmediatamente.
No había nadie.
Pero cuando volvió a verla, Charlie estaba completamente pálida.
—¿La viste otra vez?
Charlie apenas pudo asentir.
Nick maldijo por lo bajo.
Logan se tensó inmediatamente.
—Eso no debería estar pasando todavía.
Charlie comenzó a sentir auténtico miedo.
No nervios. No incomodidad.
Miedo real.
—¿Quién es ella?
Nick cerró la puerta lentamente.
Y respondió algo que hizo que el estómago de Charlie se hundiera.
—Creemos que es Lillian.
El silencio fue brutal.
Charlie sintió ganas de reír, llorar o salir corriendo.
Tal vez las tres.
—Están diciendo que mi tía muerta me sigue por los espejos.
—No exactamente —murmuró Logan.
—¿AH, NO EXACTAMENTE?
Nick dio un paso hacia ella.
—Charlie, necesito que me escuches con atención.
La intensidad de su voz hizo que ella callara.
—Si vuelves a verla… no le hables.
El corazón le dio un golpe violento.
—¿Qué?
—No importa lo que diga. No importa cómo se vea.
Charlie sintió frío en todo el cuerpo.
—¿Por qué?
Nick sostuvo su mirada unos segundos.
Y respondió lentamente:
—Porque la última persona que le respondió desapareció hace quince años. de Medianoche
Charlie no recordó en qué momento Nick y Logan se fueron.
Solo sabía que, de alguna manera, terminó completamente sola en la Habitación 13.
Y eso era horrible.
La lluvia seguía cayendo afuera mientras el reloj antiguo de la pared marcaba las doce y media de la noche.
Tick.
Tick.
Tick.
Charlie estaba sentada sobre la cama con las piernas recogidas contra el pecho, mirando fijamente el espejo cubierto nuevamente por la tela negra.
No podía dejar de pensar en lo que Nick había dicho.
“La última persona que le respondió desapareció hace quince años.”
Ridículo.
Absolutamente ridículo.
Los fantasmas no existían.
Los espejos no atrapaban personas.