Lycoris: the Insider

Capítulo 11

Lo Que Hiciste

El bosque entero quedó inmóvil.

Nadie respiró.

Nadie habló.

Charlie podía escuchar únicamente el sonido desesperado de su propio corazón golpeándole el pecho.

Lillian seguía de pie entre la niebla.

Vestido rojo moviéndose suavemente con el viento. Piel demasiado pálida. Ojos oscuros clavados en Nick.

Y Nick…

Por primera vez desde que Charlie lo conoció…

parecía vulnerable.

Solo un instante.

Pero suficiente para que todo dentro de ella se tensara.

—Lillian —dijo él lentamente—. No hagas esto.

La figura sonrió apenas.

Triste. Rota.

—¿No hacerlo? —su voz parecía venir desde muy lejos—. Como tú no lo hiciste aquella noche.

Charlie sintió un escalofrío brutal.

Miró inmediatamente a Nick.

—¿Qué quiere decir?

Nick no respondió.

Error.

Otra vez.

Porque el silencio comenzaba a convertirse en una confesión.

Charlie retrocedió un paso.

—Nick.

Logan avanzó rápidamente.

—Charlie, escúchame—

—No. —Ella negó con la cabeza—. Nadie vuelve a decirme que “escuche” mientras todos hablan en acertijos psicópatas.

Lillian comenzó a acercarse lentamente.

Sus pies descalzos apenas tocaban el suelo húmedo.

Las velas apagadas volvieron a encenderse solas.

Kat dio un paso atrás.

Incluso los demás estudiantes parecían aterrados.

—Ella no debería estar despierta —susurró alguien.

Charlie apenas escuchó.

Porque seguía mirando a Nick.

Y algo dentro suyo comenzaba a romperse.

—Tú sabías quién era yo desde el principio.

Nick sostuvo su mirada.

Silencio.

Confirmación.

Charlie sintió rabia mezclándose con miedo.

—¿Todo esto fue planeado?

—No.

—¿Entonces por qué demonios apareces en fotos viejas con mi familia?

Lillian soltó una pequeña risa rota.

—Porque Nicholas Gray nunca se aleja del desastre.

Nick cerró los ojos un segundo.

Como si escucharla doliera físicamente.

Charlie observó eso.

Y algo horrible cruzó su mente.

—¿La amabas?

Silencio absoluto.

El rostro de Nick se endureció inmediatamente.

Pero ya era tarde.

Porque Charlie vio la respuesta.

Y Lillian también.

La figura sonrió lentamente.

—Ah… —susurró—. Finalmente lo entendió.

Charlie sintió náuseas.

No sabía exactamente por qué.

Tal vez porque todo comenzaba a sentirse demasiado personal. Demasiado antiguo.

Como si hubiera entrado en una historia que empezó mucho antes de que naciera.

Nick dio un paso hacia Lillian.

—Esto no es culpa de Charlie.

—Pero sí tuya.

La temperatura cayó violentamente.

Charlie vio escarcha aparecer sobre las piedras del altar.

Logan maldijo por lo bajo.

—Nick…

Lillian inclinó apenas la cabeza.

Y por primera vez miró directamente a Charlie.

Los ojos oscuros parecían llenos de tristeza.

—Él te va a destruir también.

El corazón de Charlie dio un golpe brutal.

Nick habló inmediatamente:

—No le creas.

Pero algo en su voz…

algo mínimo…

sonó culpable.

Charlie retrocedió otro paso.

—¿Qué pasó aquella noche?

Nadie respondió.

Lillian volvió a sonreír.

Y eso fue peor que verla triste.

Porque aquella sonrisa parecía completamente vacía.

—Pregúntale quién abrió la puerta.

Charlie frunció el ceño.

—¿Qué puerta?

Nick reaccionó inmediatamente.

—Basta.

La voz sonó fría. Peligrosa.

Lillian no pareció afectada.

—Pregúntale por qué sigo aquí.

Charlie miró a Nick.

La mandíbula de él estaba completamente tensa ahora.

Los ojos grises más oscuros que nunca.

Y aun así seguía viéndose hermoso.

Eso molestó muchísimo a Charlie.

Porque claramente estaba teniendo una crisis sobrenatural y todavía le afectaba demasiado la forma en que él la miraba.

—Nick.

Él finalmente habló.

En voz baja.

—No puedo explicarlo todavía.

Charlie soltó una risa incrédula.

—Claro. Obviamente no puedes.

—Charlie—

—¿Sabes qué? Estoy cansada.

El viento volvió a moverse violentamente entre los árboles.

Charlie miró a todos alrededor.

Las máscaras. Las velas. Las flores rojas. Las miradas tensas.

Parecían miembros de un culto.

Y quizás lo eran.

—Todos ustedes están enfermos.

Kat reaccionó inmediatamente.

—No tienes idea de lo que dices.

—No, porque NADIE ME EXPLICA NADA.

La voz de Charlie resonó por todo el bosque.

Lillian seguía observándola.

Silenciosa ahora.

Como si esperara algo.

Nick avanzó lentamente hacia Charlie.

—Mírame.

Ella odiaba la manera en que su cuerpo reaccionaba cuando él hablaba así.

Demasiado suave. Demasiado intenso.

Charlie levantó la vista.

Y Nick sostuvo su mirada de una forma peligrosamente cercana.

—Te voy a decir la verdad.

El corazón de Charlie tropezó dentro de su pecho.

—Toda.

Silencio.

—Pero no esta noche.

Charlie casi quiso golpearlo.

—Te odio.

Nick sonrió apenas.

Cansado esta vez.

—No todavía.

Y eso…

eso fue tan arrogante que logró distraerla un segundo del fantasma homicida detrás.

Lillian observó la escena.

Y lentamente dejó de sonreír.

Algo oscuro cruzó su expresión.

Celos.

Charlie sintió frío recorrerle la espalda.

Porque por un instante…

la figura de Lillian se deformó.

Como si algo debajo de su piel intentara salir.

Las luces explotaron.

Las velas se apagaron otra vez.

Y un grito atravesó el bosque.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.