Charlie sintió que el suelo desaparecía debajo suyo.
El ruido de la lluvia. Las luces parpadeando. La respiración de todos.
Todo comenzó a sentirse lejano.
—¿Qué dijiste…?
Nick seguía mirándola.
Y ahora ya no había arrogancia en él. Ni sarcasmo. Ni esa calma insoportable.
Solo cansancio.
Un cansancio demasiado viejo para alguien de su edad.
—Yo estaba ahí —repitió lentamente.
Charlie negó inmediatamente.
—No.
Porque si eso era verdad…
entonces todo lo demás también podía serlo.
Las fotografías. Lillian. Evelyn. Los espejos.
Todo.
—No me mientas otra vez.
—No estoy mintiendo.
La voz de Nick sonó baja. Dolorosa.
Y eso hizo que Charlie quisiera odiarlo todavía más.
Porque una parte de ella seguía queriendo creerle.
Evelyn observaba todo desde el espejo roto con una sonrisa tranquila.
Como si disfrutara verlos destruirse.
—Cuéntale todo, Nicholas —susurró—. Cuéntale cómo gritaba.
Nick se tensó violentamente.
Charlie lo vio.
Y sintió miedo.
No de Evelyn.
De él.
—¿Qué pasó con mi padre?
Silencio.
Luego Nick habló.
—Hubo un incendio.
Las palabras golpearon directo al pecho de Charlie.
Toda su vida le dijeron que su padre murió en un accidente. Nunca detalles. Nunca explicaciones.
Solo: “Fue un incendio.”
Y ahora Nick estaba ahí.
En medio de esa historia.
—¿Dónde?
Nick tardó apenas un segundo en responder.
—Aquí. En Mondrich Hall.
El aire abandonó los pulmones de Charlie.
—¿Qué?
Logan cerró los ojos lentamente.
Claramente odiando que esto estuviera ocurriendo.
Lucien Vale seguía completamente tranquilo.
Como si observar tragedias familiares fuera parte de su rutina diaria.
Charlie comenzó a retroceder.
—No…
Nick avanzó apenas.
—Charlie—
—NO.
La voz le salió quebrada.
—No te acerques.
Eso pareció golpearlo más de lo que debería.
Pero Charlie ya no sabía qué pensar.
Todo era demasiado.
Demasiado rápido.
Demasiado extraño.
Evelyn apoyó lentamente una mano sobre el borde roto del espejo.
—Tu padre intentó cerrar la puerta.
Charlie giró inmediatamente hacia ella.
—¿Qué puerta?
La mujer sonrió.
—La misma que tú acabas de abrir.
Charlie sintió náuseas.
—Yo no abrí nada.
Evelyn inclinó apenas la cabeza.
—Oh, sí lo hiciste.
Las luces volvieron a parpadear.
Y entonces Charlie recordó algo horrible.
La noche que llegó.
El espejo.
Su reflejo moviéndose distinto.
El frío.
La voz.
¿Y si…?
No.
No quería terminar esa idea.
Nick volvió a hablar.
—Charlie, escúchame.
—¿Por qué debería hacerlo?
Silencio.
Y eso dolió más de lo esperado.
Porque Nick parecía alguien acostumbrado a tener respuestas.
Pero con ella…
siempre parecía quedarse corto.
Evelyn observó eso con diversión.
—Ella se parece muchísimo a Lillian.
La habitación quedó helada.
Nick apartó la mirada inmediatamente.
Error.
Grave error.
Charlie lo notó.
—¿Qué significa eso?
Nadie respondió.
Otra vez.
Charlie ya estaba llegando al límite.
—Juro que si alguien vuelve a responderme con silencio voy a perder la cabeza.
Logan murmuró por lo bajo:
—Eso sería bastante razonable.
Charlie respiró agitadamente.
Luego miró directamente a Nick.
—¿Mi padre murió intentando cerrar esa puerta?
Nick sostuvo su mirada.
Y lentamente… asintió.
El corazón de Charlie se rompió un poco.
Porque por primera vez sentía que estaba escuchando la verdad.
Una horrible.
Pero verdad.
—¿Y tú qué hiciste?
Silencio.
Evelyn sonrió más.
Nick cerró los ojos apenas un segundo.
Y respondió algo que hizo que el miedo recorriera todo el cuerpo de Charlie.
—Fallé.
El espejo tembló violentamente.
Evelyn dejó escapar una pequeña risa satisfecha.
—No, Nicholas.
La mujer levantó lentamente la mirada.
Los ojos grises brillando de forma antinatural.
—Tú abriste la puerta primero.