Lycoris: the Insider

Capítulo 17

El Primero en Abrirla

Charlie sintió que algo dentro suyo acababa de quebrarse.

El silencio después de aquellas palabras fue insoportable.

Nick no respondió inmediatamente.

Y eso… eso ya era respuesta suficiente.

Evelyn seguía observándolo desde el espejo roto.

Sonriendo como si hubiera esperado años para decir aquello.

—No… —susurró Charlie lentamente.

Porque si eso era cierto…

entonces Nick no solo estaba relacionado con todo.

Él había empezado todo.

Charlie lo miró directamente.

—¿Tú abriste la puerta?

Nick bajó apenas la mirada.

Error.

Otra vez.

Siempre los silencios. Siempre las medias verdades.

Charlie sintió rabia subiéndole al pecho.

—¡Respóndeme!

Las luces parpadearon violentamente.

Nick finalmente habló.

—Sí.

El mundo pareció detenerse.

Logan cerró los ojos. Kat —que había vuelto discretamente a la habitación— soltó el aire lentamente.

Y Charlie…

Charlie sintió miedo real de él por primera vez.

—¿Por qué?

Nick permaneció callado unos segundos.

Demasiados.

Luego levantó lentamente la vista hacia ella.

Y por primera vez parecía completamente roto.

—Porque pensé que podía traerla de vuelta.

Charlie sintió un escalofrío brutal.

—¿Traer a quién?

Silencio.

Evelyn sonrió lentamente.

—Lillian.

El corazón de Charlie tropezó dentro de su pecho.

No.

No no no.

Miró inmediatamente a Nick.

Y la expresión en sus ojos confirmó todo antes de que hablara.

—Ella murió… y yo no pude aceptarlo.

La voz le salió apenas como un susurro.

Charlie sintió náuseas.

Porque ahora todo comenzaba a encajar de una forma horrible.

La fotografía. La culpa. La manera en que Nick reaccionaba al nombre de Lillian.

La había amado.

De verdad.

Y había intentado traerla de vuelta.

Evelyn inclinó la cabeza observando a Charlie.

—El amor vuelve idiotas incluso a los monstruos.

Nick giró bruscamente hacia el espejo.

—Cállate.

La voz resonó peligrosa.

El vidrio restante vibró violentamente.

Charlie lo observó sin reconocerlo del todo.

Ya no parecía simplemente un chico arrogante de academia elitista.

Parecía alguien mucho más antiguo.

Más oscuro.

—¿Qué eres? —preguntó finalmente.

Silencio.

Nick no respondió enseguida.

Lucien Vale habló antes.

—Nicholas pertenece a una de las familias fundadoras de Mondrich Hall.

Charlie frunció el ceño.

—¿Y eso qué significa?

Lucien la observó fijamente.

—Significa que los Gray dejaron de ser completamente humanos hace mucho tiempo.

El aire abandonó los pulmones de Charlie.

—¿Qué?

Logan murmuró: —Vale, podrías haberlo dicho menos creepy.

Pero nadie le prestó atención.

Charlie seguía mirando a Nick.

Esperando que negara todo.

Que se riera. Que dijera que era una broma enfermiza.

Pero no lo hizo.

Y eso fue peor.

—¿No eres humano?

Nick sostuvo su mirada.

—No completamente.

Perfecto.

Absolutamente perfecto.

Charlie sintió ganas de llorar, gritar o desmayarse.

Quizás las tres.

Evelyn soltó una risa suave desde el espejo.

—Y aun así te enamoraste otra vez…

Nick giró violentamente hacia ella.

—NO.

La habitación tembló.

Literalmente.

Las ventanas explotaron. Las velas se apagaron.

Charlie retrocedió aterrorizada.

Porque los ojos de Nick…

por un segundo…

dejaron de verse humanos.

Se volvieron completamente plateados.

Como metal líquido.

Y el aire alrededor suyo comenzó a oscurecerse.

Logan apareció inmediatamente frente a Charlie.

Protector.

—Nick.

La voz sonó firme.

Advertencia.

Nick respiraba agitado ahora.

Como si estuviera perdiendo el control.

Evelyn sonreía más.

Disfrutándolo.

—¿Ves? —susurró—. Siempre termina igual contigo.

Charlie apenas podía respirar.

Nick cerró los ojos violentamente.

Y poco a poco… la oscuridad alrededor suyo desapareció.

Cuando volvió a abrirlos, eran grises otra vez.

Humanos.

O lo más parecido a humano que podía ser.

Charlie seguía completamente inmóvil.

Porque ahora entendía algo aterrador.

Nick Gray no era solo peligroso.

Era algo peor.

Y aun así…

seguía siendo el único que intentaba protegerla.

Eso era lo más enfermizo de todo.

Lucien avanzó lentamente hacia el espejo.

—Evelyn, ya basta.

La mujer lo observó con desprecio.

—No puedes encerrarme otra vez.

—Puedo intentarlo.

Ella sonrió.

Y entonces miró directamente a Charlie.

La intensidad de aquellos ojos hizo que el corazón le doliera.

—La puerta ya eligió.

Charlie sintió frío en todo el cuerpo.

—¿Qué significa eso?

Evelyn sonrió lentamente.

Triste. Hambrienta.

—Significa que cuando la luna roja aparezca… tendrás que decidir quién vive y quién se queda conmigo.




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