Lycoris: the Insider

Capítulo 30

La Promesa

—¡NICK!

La voz de Charlie atravesó toda la cámara.

Sin pensarlo.

Sin detenerse.

Corrió directamente hacia la grieta abierta en el suelo.

—¡Charlie! —gritó Logan.

Demasiado tarde.

En cuanto sus pies cruzaron el borde de la grieta, el mundo desapareció.

Todo se volvió blanco.

El aire dejó de existir.

Sintió que caía durante una eternidad.

Y al segundo siguiente...

Apareció.

Sobre el techo de la Torre Norte.

La lluvia caía con violencia.

Los relámpagos iluminaban el cielo negro.

El viento rugía como un animal furioso.

Y frente a ella...

Nicholas Gray.

Respiraba con dificultad.

Su uniforme estaba completamente destrozado.

La sangre resbalaba por su brazo izquierdo.

Las sombras que siempre obedecían sus órdenes ahora rodeaban su cuerpo como serpientes, intentando arrastrarlo hacia la oscuridad.

Y frente a él...

La criatura.

Medía casi cinco metros.

No tenía rostro.

Solo una enorme grieta vertical donde debería estar la cara.

Dentro de esa grieta...

miles de ojos humanos se abrían y cerraban al mismo tiempo.

Charlie sintió ganas de vomitar.

La criatura levantó lentamente la cabeza.

Y todos aquellos ojos la miraron.

Al mismo tiempo.

—La heredera...

La voz parecía provenir de cientos de gargantas distintas.

Nick giró bruscamente.

Al verla...

su rostro perdió todo color.

—¿Charlie?

Ella corrió hacia él.

—¡Estás herido!

Nick la sostuvo por los hombros antes de que pudiera acercarse más.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a buscarte.

Él negó inmediatamente.

—No debiste venir.

—No iba a dejarte morir.

Nick cerró los ojos.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Triste.

Cansada.

—Sigues siendo igual...

Charlie sintió un nudo en la garganta.

—¿Igual a qué?

Nick levantó lentamente una mano.

Y, con una delicadeza que contrastaba con el caos a su alrededor, apartó un mechón de cabello mojado del rostro de Charlie.

—A aquella niña que siempre corría hacia el peligro.

El corazón de Charlie comenzó a latir con fuerza.

Más recuerdos aparecieron.

Una niña persiguiendo a Nick por los jardines.

Él riéndose.

Enseñándole a leer las constelaciones.

Prometiéndole que siempre la protegería.

Charlie sintió que las lágrimas caían sin poder detenerlas.

—Lo recuerdo...

Nick abrió los ojos sorprendido.

—¿Qué?

—Te recuerdo.

Por primera vez...

Nicholas Gray sonrió de verdad.

No con ironía.

No para ocultar dolor.

Sonrió como alguien que llevaba quince años esperando escuchar esas palabras.

—Pensé que nunca volverías a hacerlo.

Charlie dio un paso más cerca.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Él bajó la mirada.

—Porque quería que tuvieras una vida normal.

—¡Decidiste eso por mí!

—Sí.

—¡No tenías derecho!

—Lo sé.

La culpa en su voz era insoportable.

Charlie sintió que toda la rabia desaparecía.

Solo quedaba tristeza.

La criatura rugió.

Toda la torre tembló.

—Qué conmovedor...

Las sombras comenzaron a rodearlos.

Nick volvió a ponerse delante de Charlie.

Instintivamente.

Como siempre.

—Detrás de mí.

Charlie negó.

—No.

—Charlie.

—No pienso esconderme otra vez.

La criatura dio un paso.

El techo se agrietó.

—Entréguenme a la heredera...

Nick extendió una mano.

Las sombras a su alrededor volvieron a obedecer.

Pero Charlie notó algo terrible.

Cada vez que las utilizaba...

Una parte de él desaparecía.

Sus ojos eran menos humanos.

Su voz más profunda.

Su piel comenzaba a cubrirse de grietas negras.

—Nick...

Él no respondió.

Solo seguía mirando a la criatura.

Preparándose.

Como alguien dispuesto a morir.

Charlie comprendió la verdad en ese instante.

Él nunca había planeado sobrevivir.

Su plan siempre había sido sacrificarse para cumplir la promesa que le hizo a su padre.

Y ella no iba a permitirlo.

Jamás.

Charlie dio un paso al frente.

Quedando junto a Nick.

Él abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué haces?

Charlie tomó su mano.

Con fuerza.

Entrelazando sus dedos.

Igual que él había hecho con la pequeña Charlie quince años atrás.

—No vas a cargar con esto tú solo.

Nick la miró sin poder hablar.

Entonces...

El vínculo entre ambos estalló.

Una luz plateada surgió de sus manos unidas.

Tan intensa que iluminó toda la Torre Norte.

Y desde algún lugar, muy por debajo de ellos...

La puerta comenzó a abrirse por completo.




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