La luz plateada explotó.
No fue un destello.
Fue una onda de energía que atravesó toda la Torre Norte.
Las criaturas gritaron.
No de rabia.
De miedo.
El monstruo retrocedió un paso.
Todos los ojos que cubrían su rostro comenzaron a cerrarse uno tras otro.
—¿Qué... es esto...? —rugió.
Charlie tampoco lo sabía.
Solo sentía el calor de la mano de Nick entre la suya.
Y algo despertando dentro de ella.
Algo antiguo.
Algo que había permanecido dormido durante años.
La lluvia dejó de caer.
Las nubes comenzaron a girar sobre la academia formando un enorme círculo.
Los estudiantes que observaban desde el patio levantaron la vista, incapaces de comprender lo que estaba ocurriendo.
Toda Mondrich Hall parecía contener la respiración.
Nick seguía mirando sus manos unidas.
—Charlie...
Ella sintió cómo la energía recorría todo su cuerpo.
No dolía.
Era como regresar a casa después de muchos años.
Entonces, una voz habló dentro de su mente.
No era Evelyn.
No era la criatura.
Era una voz desconocida.
Serena.
Antigua.
«La heredera ha despertado.»
Charlie cerró los ojos por un instante.
Cuando volvió a abrirlos...
El mundo era diferente.
Podía ver los hilos plateados de energía que atravesaban la academia.
Miles de ellos.
Algunos nacían de los árboles.
Otros de las paredes.
Otros de las personas.
Y todos...
Todos convergían en un único lugar.
La puerta.
—La veo... —susurró.
Nick la observó sorprendido.
—¿Qué ves?
—El Velo.
La enorme criatura rugió nuevamente.
—¡No la escuchen!
Con un movimiento brutal lanzó una ola de oscuridad hacia ellos.
Nick reaccionó de inmediato.
Las sombras negras chocaron contra la energía plateada.
La explosión sacudió toda la torre.
Charlie salió despedida varios metros.
Rodó por el suelo de piedra y golpeó contra una columna.
El aire abandonó sus pulmones.
—¡Charlie!
Nick corrió hacia ella.
Pero la criatura apareció entre ambos.
Demasiado rápido.
Una gigantesca mano de sombras atrapó a Nick por el cuello y lo levantó del suelo.
Charlie sintió que el corazón se detenía.
—¡NICK!
Él intentó liberarse.
Las sombras luchaban alrededor de su cuerpo.
Pero estaban debilitándose.
La criatura sonrió.
—El guardián está agotado.
Nick respiraba con dificultad.
La oscuridad seguía extendiéndose por su piel.
Cada segundo era peor.
Charlie se levantó tambaleándose.
No podía quedarse mirando.
No otra vez.
Entonces recordó las palabras de su padre.
"No la dejes sola nunca."
Y las de Nick.
"Quédate viva."
Charlie apretó los puños.
—¡Suéltalo!
La criatura giró lentamente la cabeza.
Todos sus ojos la observaron.
—¿Y si no?
Charlie respiró profundamente.
Por primera vez desde que llegó a Mondrich Hall...
Dejó de tener miedo.
La luz plateada comenzó a envolverla.
Su cabello empezó a moverse con el viento, aunque el aire estaba completamente quieto.
Los símbolos grabados en toda la torre comenzaron a responder.
Brillando.
Uno tras otro.
Evelyn apareció sobre el borde del tejado.
Su expresión ya no era divertida.
Era de absoluta sorpresa.
—No puede ser...
Lucien y Logan llegaron al techo en ese instante.
Ambos se quedaron completamente inmóviles.
Logan fue el primero en hablar.
—Lucien...
—Lo veo.
Charlie dio un paso hacia la criatura.
Cada paso hacía temblar la piedra bajo sus pies.
La energía plateada giraba a su alrededor como si estuviera viva.
Entonces levantó la mano.
Y, sin saber cómo...
Pronunció unas palabras en un idioma que nunca había aprendido.
Las palabras resonaron por toda la academia.
La puerta rugió.
El cielo se abrió con un relámpago plateado.
Y enormes cadenas de luz comenzaron a surgir desde el vacío.
Se lanzaron directamente hacia la criatura.
Esta abrió todos sus ojos al mismo tiempo.
Y por primera vez...
Sintió auténtico terror.
—No...
Las cadenas la atravesaron.
Su grito hizo temblar el mundo.
Pero, en ese mismo instante, Charlie sintió un dolor insoportable en el pecho.
Cayó de rodillas.
La luz comenzó a apagarse.
Algo iba mal.
Muy mal.
Y entonces, una voz conocida susurró detrás de ella.
—Usar ese poder tiene un precio... pequeña heredera.
Charlie se giró lentamente.
Una figura vestida completamente de blanco estaba de pie sobre el borde de la torre.
No era Evelyn.
No era una criatura del Velo.
Era alguien completamente nuevo.
Y sonreía como si hubiera estado esperando ese momento durante siglos.