El viento desapareció.
La lluvia se detuvo en el aire.
Incluso los gritos de las criaturas quedaron en silencio.
Como si el tiempo hubiera dejado de avanzar.
Charlie seguía arrodillada sobre el techo de la Torre Norte, respirando con dificultad.
El dolor en su pecho aumentaba con cada latido.
Frente a ella, el hombre vestido de blanco sonreía con absoluta tranquilidad.
Era joven.
No aparentaba más de treinta años.
Cabello plateado.
Piel tan pálida que parecía tallada en mármol.
Y unos ojos completamente dorados.
No había maldad en ellos.
Pero tampoco humanidad.
—¿Quién eres...? —preguntó Charlie con la voz quebrada.
El desconocido hizo una leve reverencia.
—Hace siglos me llamaban Aurelian.
Lucien cambió de expresión inmediatamente.
Por primera vez desde que Charlie lo conocía...
Parecía asustado.
De verdad.
—Eso es imposible...
El hombre sonrió.
—¿Imposible? Creí que ya habíamos superado esa palabra.
Logan dio un paso atrás.
—Lucien... ¿Quién demonios es?
Lucien tragó saliva.
—Es uno de los Primeros Guardianes.
El silencio cayó sobre el tejado.
Charlie frunció el ceño.
—¿Primeros Guardianes?
Aurelian comenzó a caminar lentamente hacia ella.
Cada paso hacía aparecer pequeños símbolos dorados bajo sus pies.
—Mucho antes de que existieran los Gray... Mucho antes de Mondrich Hall... Mucho antes del Velo...
Existíamos nosotros.
Charlie sintió un escalofrío.
—¿Nosotros?
—Los primeros protectores del equilibrio.
Nick seguía atrapado por la criatura.
Intentaba romper la mano de sombras que le sujetaba el cuello.
Pero apenas tenía fuerzas.
Charlie intentó levantarse.
El dolor volvió.
Cayó otra vez.
Aurelian la observó con compasión.
—Te advertí que ese poder tiene un precio.
—¿Qué... precio?
Él señaló su pecho.
—Cada vez que uses el poder de la Heredera...
Guardó silencio unos segundos.
—...la puerta también usará una parte de ti.
Charlie sintió que el corazón dejaba de latir.
—¿Qué significa eso?
—Que ambos están conectados.
Lucien cerró los ojos.
Como si ya conociera aquella respuesta.
Aurelian continuó.
—Si la puerta crece...
Tú te debilitas.
Si la sellas...
Tú pagarás el precio.
Charlie comprendió inmediatamente.
No existía un final feliz.
Nunca había existido.
Todo aquello siempre había exigido un sacrificio.
La criatura comenzó a reír.
Las cadenas plateadas seguían sujetándola.
Pero estaban agrietándose.
—Ya es demasiado tarde...
CRACK.
Una de las cadenas se rompió.
El sonido hizo vibrar toda la academia.
Los estudiantes comenzaron a gritar desde el patio.
Las ventanas explotaron una tras otra.
El Velo seguía rompiéndose.
Aurelian observó la puerta a lo lejos.
—Ha despertado antes de tiempo.
Lucien dio un paso adelante.
—Entonces ayúdanos.
El hombre negó lentamente.
—No puedo intervenir.
—¿Por qué?
—Porque mi tiempo terminó hace siglos.
Charlie levantó la vista.
—Entonces... ¿para qué apareciste?
Aurelian sonrió.
Y respondió con calma.
—Para entregarte la verdad que todos escondieron.
Charlie sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué verdad?
Aurelian miró a Nick.
Luego volvió a mirarla.
—Nicholas Gray nunca fue elegido para protegerte.
Charlie parpadeó.
—¿Qué?
—Él nació para destruir la puerta.
El silencio fue absoluto.
Incluso la criatura dejó de reír durante un instante.
Charlie giró lentamente hacia Nick.
Él seguía luchando por liberarse.
Pero cuando escuchó aquellas palabras...
Cerró los ojos.
Como si la verdad acabara de alcanzarlo también.
Aurelian continuó.
—Y tú...
Respiró profundamente.
—No naciste para cerrarla.
Charlie sintió que el mundo volvía a romperse.
—Entonces... ¿para qué nací?
Aurelian levantó lentamente la vista hacia el enorme portal negro que se abría detrás de las nubes.
Y dijo las palabras que cambiaron todo.
—Tú naciste para decidir qué mundo merece sobrevivir.