El silencio fue absoluto.
Ni el viento.
Ni la lluvia.
Ni las criaturas.
Todo parecía haber desaparecido.
Charlie permanecía inmóvil, incapaz de apartar la vista de Aurelian.
—¿Decidir... qué mundo merece sobrevivir?
El Primer Guardián asintió lentamente.
—Hace miles de años solo existía un mundo.
Se volvió hacia la inmensa puerta negra.
—Los vivos y los muertos caminaban juntos. No existían fronteras, ni tiempo, ni destino.
Charlie sintió que cada palabra pesaba más que la anterior.
—Entonces... ¿por qué se creó el Velo?
Aurelian bajó la mirada.
Por primera vez parecía cansado.
—Porque alguien desafió a la muerte.
Evelyn dio un paso al frente.
—Y condenó a todos.
Aurelian no la contradijo.
—La separación fue la única forma de evitar que ambos mundos se destruyeran mutuamente.
Charlie observó la puerta.
Podía sentirla llamándola.
No con palabras.
Con emociones.
Con recuerdos.
Con promesas.
Era como si una parte de ella quisiera acercarse.
Otra quisiera huir.
Y una tercera...
Quisiera abrirla por completo.
Charlie dio un paso atrás, aterrorizada.
—¿Qué me está pasando?
Aurelian respondió con calma.
—La puerta está despertando dentro de ti.
Nick consiguió finalmente romper la mano de sombras que lo sujetaba.
Cayó de rodillas sobre el techo.
Respirando con dificultad.
—¡Charlie... aléjate de ella!
La criatura rugió y rompió otra de las cadenas plateadas.
CRACK.
Solo quedaban tres.
El monstruo sonrió.
—El tiempo terminó.
Las sombras comenzaron a cubrir el cielo.
Toda la academia quedó bajo una oscuridad absoluta.
Los estudiantes corrían desesperados por los patios.
Los profesores levantaban barreras mágicas que comenzaban a romperse una tras otra.
Mondrich Hall estaba perdiendo.
Lucien levantó la vista.
—Si esa última cadena cae...
Nadie terminó la frase.
No hacía falta.
Charlie ya lo entendía.
Todo acabaría.
Aurelian caminó hasta quedar frente a ella.
Sacó de entre su túnica un pequeño colgante de plata.
Era un reloj antiguo.
En la tapa había grabado un símbolo que Charlie había visto antes.
El mismo que aparecía en el collar de su padre en una fotografía.
—Esto perteneció a tu familia durante generaciones.
Charlie lo tomó con manos temblorosas.
En cuanto sus dedos tocaron el metal...
El reloj se abrió solo.
Dentro había una diminuta fotografía.
Un hombre.
Una mujer.
Una niña de cuatro años.
Y un adolescente de cabello negro abrazándola.
Nick.
Charlie rompió a llorar.
Aquel no era un recuerdo inventado.
Era real.
Había sido feliz allí.
Había tenido una familia mucho más grande de la que recordaba.
Aurelian habló en voz baja.
—La memoria puede borrarse.
El amor no.
Charlie levantó lentamente la vista hacia Nick.
Él seguía de rodillas.
Herido.
Agotado.
Pero aun así...
Lo primero que hacía era asegurarse de que ella estuviera bien.
Como siempre.
Como durante quince años.
La criatura comenzó a avanzar nuevamente.
Cada paso destruía parte del techo.
Las cadenas plateadas estaban a punto de romperse.
—Entrégamela...
Nick hizo un enorme esfuerzo para ponerse de pie.
Su cuerpo apenas respondía.
La oscuridad seguía extendiéndose por su piel.
Charlie comprendió que estaba muriendo lentamente.
Y que seguía dispuesto a hacerlo si con eso lograba protegerla.
Entonces recordó algo.
Las palabras de su padre.
"No la dejes sola nunca."
Nick había cumplido esa promesa.
Ahora le tocaba a ella cumplir la suya.
Charlie caminó hasta quedar a su lado.
Él negó débilmente.
—No...
Ella sujetó su mano otra vez.
Con fuerza.
—Ya no eres el único que puede proteger a alguien.
Nick la miró.
Y por primera vez en muchos años...
Lloró.
Una sola lágrima recorrió su rostro.
—No quiero perderte.
Charlie sintió que el pecho se le rompía.
—Entonces deja de intentar hacerlo todo solo.
En ese mismo instante...
La última cadena comenzó a agrietarse.
CRACK...
La gigantesca puerta negra empezó a abrirse completamente.
Y desde su interior...
Una inmensa silueta comenzó a emerger.
No tenía forma definida.
Era demasiado grande para comprenderla.
Solo podían verse dos ojos.
Antiguos.
Infinitos.
Que llevaban esperando ese momento desde antes del nacimiento del mundo.
Y cuando aquellos ojos se abrieron por completo...
Miraron directamente a Charlie.
Y sonrieron.