Lycoris: the Insider

Capítulo 34

El Rey del Otro Lado

Los ojos sonrieron.

No fue una sonrisa humana.

Ni siquiera tenía un rostro.

Pero Charlie sintió aquella emoción atravesarle el alma.

Alegría.

Después de siglos de espera...

Por fin la había encontrado.

Toda la academia comenzó a temblar.

Los árboles de Mondrich Hall se marchitaron en cuestión de segundos.

Las estatuas del patio se agrietaron.

Las campanas comenzaron a sonar solas.

Una...

Dos...

Tres...

Hasta que el sonido se volvió insoportable.

Lucien palideció.

—No...

Aurelian cerró lentamente los ojos.

—Ha despertado.

La gigantesca silueta terminó de emerger detrás de la puerta.

Era imposible calcular su tamaño.

Las nubes ocultaban parte de su cuerpo.

Sus brazos parecían extenderse hasta el horizonte.

No caminaba.

La realidad se doblaba a su alrededor.

Charlie sintió un dolor insoportable en el pecho.

Como si aquella presencia estuviera intentando arrancarle el corazón.

Nick la sostuvo antes de que cayera.

—¡Charlie!

Ella apenas podía respirar.

Cada latido dolía más que el anterior.

La criatura habló.

Su voz no salió de su boca.

Resonó directamente dentro de la mente de todos.

«Después de tanto tiempo...»

Los estudiantes comenzaron a caer de rodillas en todo el campus.

Algunos lloraban.

Otros gritaban.

Otros simplemente permanecían inmóviles, mirando el cielo con los ojos vacíos.

Logan se tapó los oídos.

—¡Hagan que se calle!

Pero era imposible.

La voz no viajaba por el aire.

Viajaba por el alma.

«Mi hija...»

Charlie sintió que el mundo desaparecía.

—¿Qué...?

Todos giraron hacia ella.

Incluso Evelyn.

La expresión de la mujer cambió por completo.

Era miedo.

Auténtico miedo.

«Has crecido.»

Charlie retrocedió.

—No...

La criatura volvió a hablar.

«Regresa a casa.»

El reloj de plata que Aurelian le había entregado comenzó a arder.

Una luz blanca envolvió a Charlie.

Miles de recuerdos aparecieron al mismo tiempo.

No solo los suyos.

Recuerdos de personas que jamás había conocido.

Ciudades antiguas.

Guerras imposibles.

Guardianes luchando.

La creación del Velo.

Y una niña...

Una niña envuelta en luz.

Sostenida por aquella inmensa figura antes de que existiera la puerta.

Charlie gritó.

Las imágenes desaparecieron.

Cayó de rodillas.

Temblando.

—¿Qué fue eso?

Aurelian respondió con la voz quebrada.

—Tus recuerdos originales.

Charlie levantó lentamente la vista.

—¿Originales?

Aurelian asintió.

—Tu historia comenzó mucho antes de esta vida.

El silencio fue absoluto.

Nick dio un paso hacia él.

—¿Qué estás diciendo?

Aurelian miró directamente a Charlie.

—No eres simplemente una heredera.

Evelyn susurró casi sin voz.

—No...

Aurelian continuó.

—Hace siglos, para sellar la puerta, los Primeros Guardianes ocultaron el alma de una niña entre los humanos.

Charlie sintió que el aire desaparecía.

—¿Una niña?

—La única capaz de decidir el destino de ambos mundos.

Nick negó lentamente.

—Eso es imposible.

—Lo creímos durante siglos.

Aurelian observó el reloj que Charlie aún sostenía.

—Hasta que nació Avril... Charlie Fairchild.

Charlie apenas podía pensar.

Todo parecía romperse otra vez.

—Entonces...

¿Quién soy?

Aurelian respondió con una tristeza infinita.

—Eres la última Hija del Velo.

En ese instante, la inmensa entidad extendió lentamente una mano hacia la Torre Norte.

El cielo se abrió.

El espacio comenzó a desgarrarse.

Y una única frase retumbó en todo Mondrich Hall.

«Ven conmigo... o ambos mundos caerán antes del amanecer.»




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