La primera vez que uso las escaleras no se dio cuenta del chirrido de la madera, en medio de la noche, parecían jodidamente ruidosas; la lentitud de sus pasos intentando evitar el ruido le hacían conciente de cada latido de su corazon rebotando incluso en sus timpanos, intentando agudizar el oido en busca de una puerta abierta repentinamente destinada a atraparlo, había visto el cajón del cual el recepcionista había sacado las llaves de su habitación, tenía que aprovechar que no había más huéspedes que él, y las horas tempranas de la madrugada lo ayudarían.
Puede que León no tenga nada de experiencia de campo pero tenía la suficiente experiencia de Supernatural y Scooby Doo como para saber que no podía atenerse al primer “no” que le soltaran.
La oscuridad parecía aglomerarse en las esquinas del primer piso donde se encontraban las habitaciones más grandes y la recepción, había comenzado a sentirse tan frío que dudo de la calidad de abrigo que llevaba; tal vez fuera que era demasiado tarde y el frío de la carretera se colaba por las paredes de concreto del motel pero estaba comenzando a tener un ambiente cada vez mas tétrico, los vellos de sus brazos comenzaron a erizarse, sin saber si era por el ambiente o por el frío.
León llegó al cajón, y al abrirlo descubrió una variedad de llaves que se veían empañadas por el tiempo; esas deberían ser las del segundo y tercer piso, las nuevas deberían ser las del primer piso. Intento recordar el número de habitación de los archivos, la nº2.
No entendía porqué tenía tanto miedo. Había evitado la palabra lo más posible en su cabeza, hacerlo real; sin embargo, cuando el frío empezó a colarse entre sus huesos el nerviosismo de ser descubierto pasó a segundo plano y le inundo el sentimiento de querer huir. Camino el pequeño tramo lo más rápido posible y abrió la puerta, apenas cruzando el umbral que, la puerta se azotó de tal manera que no solo tembló el marco de la puerta sino también que el cuerpo de León.
¡Mierda!
Sintió su pecho expandirse en un esfuerzo por capturar oxígeno, una y otra vez intentaba respirar; con una mano en su pecho puso sentir lo agitado que palpitaba su corazón. Intentó calmarse, pensar en que entre más rápido buscará pistas, mas rápido podría terminar con esta situación, el había sido entrenado para matar bestias, no fantasmas o lo sea que habite en el piso.
Cerro los ojos y respiro.
La habitación carecía del reconforte del segundo piso, la mueblería tenia el aire sin alma de los sillones minimistas de coppel; el empapelado blanco incluso si era obvio que era nuevo, no podía evitar notar la textura chiclosa al tocarlo. Como si hubieran instalado el escenario de una obra de teatro en paredes cubiertas de grasa.
¿Realmente habían remodelado este lugar?
Sus ojos buscaron cualquier cosa que pudiera considerarse una pista, mientras intentaba dejar de sentir entumecidas las piernas. La habitación era amplia, lo suficiente como para que cuatro camas lograran acomodarse una frente a otra, mientras que una pequeña mesita circular se encontraba en medio. Una habitación impecable. Si León no hubiera nacido en un mundo rodeado de hombres lobo y cazadores, habría sido un escéptico acérrimo; siempre y cuando nunca pisara ese maldito motel, porque debajo de la superficie de las sabanas blancas que apenas rozaban el suelo, los cuatros entre cama y cama, y el empapelado perlado, había algo mas allá que un mal presentimiento, mas que solo la sensación de que había alguien debajo de las camas, algo mas que la mirada de los retratos. Tenia la certeza de que había algo vivo en la habitación, no como una persona dentro, sino que había algo vivo en la habitación.
¿Eso era posible?
Es decir, habían reglas. Dentro de La comunidad había una distorsionada visión de la realidad, un lugar extraño en el mundo donde los descendientes de un hombre con icor en la sangre caminaban sobre la tierra, donde un hombre podía romper cada uno de sus huesos hasta formar un ser cuadrúpedo una noche al mes y salir ileso los otros 30, los fantasmas apenas era una fuente de debate que no superaba el vistazos de familiares muertos, de voces que te llamaban a lo lejos, todo con un apropiada explicación en general, no tenían la creencia de algo mas allá del cerrado floklore que les regia.
Era de las pocas veces que realmente quería refugiarse en las creencia de su familia, sino iba a ser imposible que pasara siquiera de ese motel. Probablemente había sido todo el estrés que había acumulado desde el funeral de padre, la misión en solitario para cazar una bestia que mato a mas de una docena de hombres (el hecho de que solo era León contra eso), la oscuridad, la falta de sueño, el haber visto El exorcista a escondidas de su madre a los 11 años. Todo.
Se decidió a terminar esto. Busco con la mirada cualquier pista, empezaba a sentirse estúpido; habían remodelado la habitación, ¿era posible que realmente hubieran pistas?, puede que las paredes parezcan cada vez mas amarillentas por sabe Dios qué razón, el supuesto nuevo alfombrado parecía tan sobrepuesto que se levantaba de las esquinas y definitivamente no iba a revisar el baño con la puerta entreabierta, la cual recuerda que estaba cerrada.
El baño era un no definitivo. Con una mano apoyada en la pared, se agacho en cuclillas para poder levantar una esquina del alfombrado.
Dio un jalón rápido. ¡Estos tremendos hijos de puta!
Mientras tropezaba hacia atrás por el impulso de alejarse lo mas posible de las malditas manchas de sangre, cayo golpeadose la cabeza justo al lado de una cama, tenia la completa intensión de permanecer en el suelo; procesar la manchas de sangre que aparentemente estaban frescas, y el dolor de cabeza porque era aparentemente muy estúpido como para meter las manos. León abrió los ojos mientras se acariciaba la cabeza, si es que así es como cubrían todas las pistas de la existencia de los hombres lobo, sus grandes, experimentadas y sigilosas arañas, entonces su secreta existencia no era tan secreta como pensaba.