Lyra Black Vol.1

PRÓLOGO

El sonido de los puños contra el saco marcaba el ritmo del gimnasio. Seco. Repetitivo. Implacable.

Lyra Black no contaba los golpes; los sentía. Cada impacto era una forma de ordenar el caos que llevaba dentro, una manera de recordar que su cuerpo todavía le pertenecía.

El sudor le corría por la espalda, los músculos tensos, los auriculares sellándola del mundo. Nada existía más allá del saco que se balanceaba frente a ella.

Rose Miller entró con una bolsa de papel en la mano y una sonrisa paciente. Observó a su mejor amiga durante un momento, sabiendo que no la escucharía.

Se sentó en una banca cercana, sacó un sándwich y le dio un mordisco mientras seguía el entrenamiento con la mirada.

Lyra golpeaba como si el aire la hubiese ofendido.

—Algún día te vas a romper algo —murmuró Rose con la boca llena, sin esperar respuesta.

Cuando el último golpe cayó, Lyra se detuvo. Respiró hondo. Recién entonces se quitó los auriculares y el mundo volvió a sonar.

Vio a Rose.

—Mierda… lo siento —dijo, pasando una mano por su rostro—. No me di cuenta de que ya habías llegado.

Rose alzó el envoltorio vacío.

—Tranquila. Tu almuerzo ya no existe.

Lyra dejó escapar una breve risa cansada y se sentó a su lado. Compartieron lo que quedaba, en silencio primero, como si ambas entendieran que algunas cosas no necesitaban palabras.

—Nueva York —dijo Rose al final—. ¿Estás lista para ese torneo?

Lyra bajó la mirada.

—No lo sé. Pero voy a ir.

No había entusiasmo en su voz. Solo decisión.

Rose la observó con atención, como si intentara memorizar ese momento.

—Ten cuidado —dijo—. Esos torneos no perdonan.
Lyra asintió lentamente. No respondió.

Porque en el fondo, sin saberlo aún, ya había cruzado una línea invisible.




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