Lyra Black Vol.1

CAPITULO 4

La noche cayó sobre Nueva York como una tapa pesada, y bajo la ciudad, lejos de las luces turísticas, el torneo clandestino comenzaba a respirar. El lugar parecía un almacén abandonado: paredes húmedas, focos colgando, un ring improvisado marcado con cinta sobre el cemento. El aire olía a sudor, metal y dinero apostado.

Lyra llegó con Rose entre la multitud. El murmullo era constante, denso, cargado de expectativa.

—Este lugar tiene cero estrellas en seguridad y cien en mala idea —susurró Rose.

Lyra no respondió. Sus ojos buscaban el espacio, midiendo, reconociendo. Entonces las vio.

—¿Miresa? ¿Sabrina?

Ambas estaban ahí, ya vendadas, tranquilas. Miresa levantó una mano a modo de saludo; Sabrina sonrió con picardía.

—¿No ibas a decir nada? —preguntó Lyra.

—Arruinaría la sorpresa —respondió Sabrina—. Además, aquí nadie viene a hacer amigos.

Antes de que Lyra pudiera contestar, una voz amplificada reclamó atención. El sorteo comenzaba. Un hombre sacó papeles de una caja metálica, uno a uno, como si repartiera sentencias.

—Primer combate —anunció—. Miresa Laurdrop, Canadá… contra Zara Khoff, Alemania.

Un murmullo recorrió la sala. Zara era conocida: grande, fría, peligrosa. Miresa apenas inclinó la cabeza, sin emoción visible.

—Siguiente combate —continuó la voz—. Lyra Black, Estados Unidos… contra Sabrina Los Santos, México.

El mundo se redujo a un punto.

Lyra sintió el golpe antes del primer puño. Sabrina la miró sin sonreír esta vez. No había disculpas, solo comprensión.

—Que gane la mejor —dijo Sabrina.

Lyra asintió.

No había vuelta atrás.

El torneo había comenzado.




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