El primer combate comenzó sin ceremonia.
Miresa Laurdrop avanzó hacia Zara Khoff con una calma inquietante. Zara era más grande, más pesada, y usó eso desde el inicio: golpes amplios, presión constante, fuerza bruta. El ring temblaba con cada impacto. Miresa retrocedía lo justo, nunca de más, leyendo cada movimiento como si ya lo hubiera visto antes.
Zara conectó un derechazo que arrancó un murmullo del público. Miresa respondió con técnica: un desvío, un paso lateral, un golpe corto al torso que cortó la respiración de su rival. La alemana insistió, furiosa, pero su ritmo empezó a romperse.
La canadiense no aceleró. Esperó.
Cuando Zara cargó con todo, Miresa bajó el centro de gravedad, la derribó y cerró una llave precisa. No hubo espectáculo innecesario. Solo control. Zara golpeó el suelo en señal de rendición.
Victoria limpia.
Rose aplaudió con fuerza, pero Lyra apenas lo notó. Su nombre ya estaba siendo llamado.
Lyra Black contra Sabrina Los Santos.
Se miraron desde extremos opuestos del ring. No había sonrisa. Solo una tensión espesa, difícil de respirar.
El primer intercambio fue rápido. Sabrina atacó con velocidad, combinaciones cortas, buscando descolocar. Lyra respondió con disciplina, bloqueando, midiendo la distancia. Cada golpe era contenido, como si ambas pelearan con freno invisible.
Sabrina logró llevarla contra el borde.
—No dudes —le susurró—. Aquí no se puede.
Lyra reaccionó. Un giro, un derribo limpio. Sabrina cayó, pero volvió a levantarse de inmediato. El público rugía. El sudor resbalaba por los rostros, mezclándose con el polvo del suelo.
Entonces ocurrió.
En un intercambio confuso, Lyra reaccionó por instinto. Cerró demasiado fuerte, demasiado rápido. Sus brazos rodearon el cuello de Sabrina en una llave que conocía… pero ejecutada con un ángulo incorrecto. Al principio nadie lo notó.
Sabrina golpeó el brazo de Lyra una vez.
Luego otra.
Lyra pensó que resistía, que era parte del combate. Cuando quiso corregir, ya era tarde. El cuerpo de Sabrina se volvió pesado. Su respiración se cortó de forma irregular, desesperada.
—Para —murmuró alguien.
Lyra soltó la llave.
Sabrina cayó al suelo sin responder.
El silencio fue inmediato. Un silencio antinatural. Alguien gritó su nombre. Otro pidió ayuda. Nadie se movía.
Lyra cayó de rodillas.
—No… no… —susurró, tocándole el hombro—. Levántate. Sabri, ya está.
No hubo respuesta.
Las sirenas comenzaron a escucharse a lo lejos, cada vez más cerca. El público se dispersó en caos. Pasos, gritos, golpes de puertas.
Lyra no se movía. Tenía las manos temblando, los ojos fijos en el cuerpo inmóvil de su amiga. Rose llegó corriendo, la abrazó desde atrás, pero Lyra no reaccionó.
La policía entró con luces azules y rojas cortando la oscuridad.
Para Lyra Black, el torneo había terminado.
Y algo dentro de ella también.