Lyra Black Vol.1

CAPITULO 9

La sala de la corte de Nueva York estaba llena, pero Lyra la sentía vacía. El murmullo del público se apagaba y volvía como una marea lejana. Llevaba las manos juntas sobre el regazo, inmóviles, como si no le pertenecieran.

Rose estaba sentada unas filas atrás, con los ojos enrojecidos. Sus padres, rígidos, intentaban sostener una calma que no sentían. Lyra no los miró demasiado tiempo; temía que hacerlo la quebrara antes de oír lo inevitable.

La espera fue larga. Injustamente larga.

Cuando el juez finalmente entró, todos se pusieron de pie. Su voz era grave, ensayada, acostumbrada a dictar destinos ajenos.

Habló del caso. De los hechos. De la ilegalidad del torneo. De la muerte de Sabrina Los Santos. Cada palabra caía como una piedra.

Luego llegó el silencio previo a la decisión.

—El jurado —continuó el juez— declara a la acusada, Lyra Black, no culpable de asesinato en primer y segundo grado.

Un suspiro colectivo recorrió la sala. Rose llevó una mano a la boca. La madre de Lyra cerró los ojos.

Pero no había terminado.

—Culpable —prosiguió— de participación en un evento clandestino.

—Culpable de homicidio involuntario.

Lyra sintió cómo el aire volvía a faltarle.

—La sentencia es de cinco años de prisión obligatoria.

El martillo golpeó la madera. El sonido fue seco. Definitivo.

Lyra se levantó cuando se lo indicaron. Se volvió una última vez. Abrazó a sus padres con fuerza, como si quisiera memorizar ese contacto. Rose la apretó contra su pecho sin decir una palabra.

—Lo siento —susurró Lyra.

—Vuelve —respondió Rose, quebrada—. No te pierdas ahí adentro.

Los policías la escoltaron fuera de la sala. Las puertas se cerraron a su espalda.

Mientras el vehículo avanzaba rumbo al Penal de Nueva Jersey, Lyra miró por la ventana. No lloró.

Sabía que lo peor no era la condena.

Era aprender a vivir con ella.




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