Lyra Black Vol.1

CAPITULO 13

La casa de los Black estaba llena de luz.

Lyra cruzó la puerta y el abrazo de sus padres la envolvió antes de que pudiera decir una palabra. Su madre lloraba abiertamente, aferrada a ella como si aún temiera que alguien pudiera llevársela otra vez. Su padre la sostenía con fuerza contenida, con esa emoción silenciosa que solo aparece cuando el alivio vence al miedo.

—Estás en casa —dijo su madre—. De verdad en casa.

El banquete de bienvenida ocupaba toda la mesa: platos caseros, recetas repetidas durante años, comida hecha con paciencia y amor. Lyra comía despacio, observándolo todo, grabando cada gesto, cada risa, cada mirada orgullosa. Rose estaba sentada a su lado, feliz, hablando de cosas pequeñas, normales. Por un momento, la vida parecía haber vuelto a su cauce.

Entonces sonó el timbre.

Rose se levantó.

—Yo voy.

Abrió la puerta y se encontró con un hombre alto, serio, con una placa en la mano.

—Detective Jefferson Gudson —dijo—. Busco a Lyra Black.
Rose frunció el ceño.

—Lyra ya cumplió su condena. Es libre. No tienen derecho a…
—No vengo por eso —la interrumpió Gudson, con voz firme—. Vengo a advertirla. La están cazando.

El tono hizo que Rose retrocediera un paso.

—¿Cómo dice?

—Un hombre que se hace llamar Redman —continuó—. Dejó un mensaje con su nombre escrito en sangre.

Rose no dudó más.

—Pase.

Gudson entró al comedor y Lyra se puso de pie en cuanto lo vio. Algo en la mirada del detective le resultaba demasiado familiar.

—Señorita Black —dijo—. Ayer estuve en una escena del crimen en Nueva York. Una masacre. No fue al azar. El mensaje era claro. Era para usted.

Lyra escuchó en silencio mientras Gudson describía el lugar, los cuerpos, la pared manchada. No apartó la mirada. No tembló.

—Por eso le ofrezco protección —concluyó él—. Custodia policial inmediata.

Lyra negó lentamente con la cabeza.

—No.

Gudson frunció el ceño.

—No es una sugerencia.

—Sí lo es —respondió ella, firme—. Pasé cinco años encerrada. No pienso volver a vivir vigilada.

—Este hombre no es común —insistió—. No es alguien a quien puedas ignorar.

Lyra sostuvo su mirada.

—Entonces es alguien a quien enfrentaré.

El silencio se volvió pesado. Rose observaba, tensa. Los padres de Lyra no entendían del todo, pero sentían el peligro.

Gudson suspiró.

—Si cambia de opinión… —dijo, dejando una tarjeta sobre la mesa.

Lyra la tomó, pero no prometió nada.

Cuando el detective se fue, la casa ya no parecía tan segura.

El hogar seguía ahí.

Pero la amenaza también.




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