El aeropuerto de Vancouver estaba lleno de movimiento, pero Miresa Laurdrop avanzaba con paso firme, ajena al ruido. Llevaba una mochila al hombro y una sola idea clara en la cabeza. Cuando mostró su pasaje con destino a San Diego, la agente le deseó buen viaje sin saber que, para Miresa, aquel vuelo no era un simple traslado.
Era una intuición.
Una inquietud que no la dejaba en paz.
Tomó asiento junto a la ventanilla. Mientras el avión rodaba por la pista, Miresa cerró los ojos. La imagen de Lyra en el ring, el instante exacto en que todo salió mal, regresó con una claridad incómoda.
—Aguanta —murmuró—. Ya voy.
A miles de kilómetros al sur, San Diego no ofrecía la misma calma.
Lyra y Rose permanecían en la casa con las cortinas corridas, como si eso pudiera mantener el peligro afuera. Cada ruido del exterior parecía demasiado fuerte. Cada sombra, una posibilidad.
El teléfono de Lyra vibró.
Número desconocido.
Su corazón se aceleró antes de contestar.
—¿Hola?
—Lyra —dijo una voz cansada, grave—. Soy el detective Gudson.
Lyra se incorporó de inmediato.
—¿Está bien?
—Vivo —respondió—. Recuperándome lento, pero lo suficiente para llamarte. Escucha con atención: Redman ya está cerca de ti.
Lyra intercambió una mirada con Rose.
—Ya lo sé —dijo—. Estoy en San Diego. Hoy vimos un mensaje escrito con sangre. Decía “Voy por ti”. No estaba firmado… pero sé que era para mí.
Hubo un silencio pesado al otro lado de la línea.
—Entonces confirmó mis sospechas —dijo Gudson—. No es solo una amenaza. Es un patrón. Donde aparece, alguien muere.
—¿Qué es exactamente? —preguntó Lyra.
Gudson respiró hondo.
—No un qué. Un quién. Y no es humano como nosotros. Peleé contra él… y perdí.
Rose apretó los puños.
—No puedo prometerte protección oficial —continuó Gudson—. Pero sí puedo decirte esto: no lo subestimes. Y no te quedes sola.
Lyra cerró los ojos un instante.
—Gracias por advertirme.
Cuando la llamada terminó, la casa volvió a quedar en silencio.
Muy lejos de allí, el avión de Miresa atravesaba las nubes.
Las distancias se estaban cerrando.
Y el tiempo también.