El sonido seco de las rejas al cerrarse marcó el inicio de la visita. Lyra Black avanzó por el pasillo de la prisión con el rostro sereno, aunque por dentro sentía un nudo constante en el pecho. A su lado caminaba Rose, en silencio. Aquel lugar no era nuevo para ellas, pero seguía transmitiendo la misma sensación de encierro y desgaste.
Antonella Vega apareció detrás del vidrio de seguridad. Su expresión estaba cansada, pero al ver a Lyra una sonrisa sincera cruzó su rostro.
—Te ves diferente —dijo Antonella al tomar el auricular—. Más fuerte.
—Estoy libre —respondió Lyra—, y eso me da fuerzas para no olvidarme de ti.
Hablaron durante largo rato. Antonella le contó que seguía reuniendo dinero para poder salir de prisión, que no había perdido la esperanza. Luego bajó la voz, con cautela.
—El FBI me dio una suma importante por colaborar con el caso de Redman —confesó—. Ya falta poco, Lyra. De verdad… estoy más cerca de lo que crees.
Lyra sintió cómo se le humedecían los ojos. Aquellas palabras eran una promesa de futuro.
Mientras tanto, Rose observaba la escena desde el exterior, separada por el vidrio polarizado. Vio la emoción contenida en Lyra y la fragilidad disimulada de Antonella. Sin decir nada, se apartó unos pasos y sacó su teléfono.
—Papá —dijo cuando atendieron—, necesito un millón de dólares.
—¿Un millón? —respondió él, sorprendido—. ¿Para qué?
—Para una buena causa. Confía en mí.
Hubo un silencio tenso.
—No estoy seguro… —admitió—, pero te lo enviaré.
—Gracias —respondió Rose con alivio antes de colga.
De regreso a la conversación, Antonella suspiró y su expresión se ensombreció.
—Hay algo más que debes saber —añadió—. Morgan renunció.
Lyra levantó la mirada de inmediato.
—¿La enfermera?
—Sí. Era la única que nos trataba con humanidad. Ahora hay otra, pero es igual que los guardias: fría, distante… como si no existiéramos.
El silencio se volvió pesado. Lyra apoyó la mano contra el vidrio.
—Voy a sacarte de aquí —dijo con firmeza—. Te lo prometo.
Antonella asintió, con los ojos llenos de emoción.
Cuando la visita terminó, las puertas se cerraron una vez más. Afuera, Rose esperaba a Lyra. Ambas abandonaron la prisión con la certeza de haber hecho lo correcto, sin imaginar que, en las sombras, fuerzas mucho más grandes ya habían puesto su atención sobre ellas.
El Protocolo Alfa había activado el plan B.
Y la paz estaba a punto de romperse.