Lyra Black Vol.2

CAPITULO 05

Tres días más tarde, el amanecer encontró a las cuatro en una pista secundaria del aeropuerto, lejos de las terminales comerciales y del ruido habitual de los vuelos turísticos. Allí, bajo un cielo aún pálido, un avión de carga reposaba como una bestia enorme y silenciosa. Sus compuertas abiertas dejaban ver cajas perfectamente alineadas: alimentos no perecederos, bidones de agua, medicamentos, vendas, generadores portátiles. Todo lo necesario para ayudar a quienes no tenían nada.

Iris estaba de pie junto a una camioneta, revisando una tablet con una concentración absoluta. Vestía ropa cómoda, nada que recordara al mundo del modelaje del que venía. Al verlas llegar, levantó la vista y sonrió.

—Llegaron justo a tiempo —dijo—. El avión despega en diez minutos. Nosotras vamos detrás.

Lyra observó el cargamento con atención, sintiendo el peso real de lo que estaban a punto de hacer. No era un viaje cualquiera. Antonella, en cambio, parecía abrumada. Miraba todo con ojos abiertos, como si aún no terminara de creer que estaba allí, libre, a punto de cruzar fronteras.

—¿Estás bien? —le preguntó Lyra en voz baja.

Antonella asintió, tragando saliva.

—Sí… solo que nunca pensé que mi primera salida después de prisión sería así.

Rose les hizo una seña desde el helicóptero, que ya tenía las aspas inmóviles pero listas para girar.

—Vamos, antes de que me arrepienta de no haber dormido nada —bromeó.

Antonella y Lyra subieron primero. El interior del helicóptero era compacto, metálico, con cinturones firmes y ventanillas pequeñas. Se sentaron una junto a la otra, ajustándose los auriculares. El ruido comenzó a crecer cuando las aspas empezaron a girar, primero lento, luego con una fuerza que vibraba en el pecho.

Iris y Rose subieron después. Iris ocupó el asiento delantero junto al piloto, mientras Rose se acomodaba frente a Lyra, con una sonrisa nerviosa que delataba la mezcla de emoción y miedo.

El helicóptero se elevó suavemente, dejando atrás la pista. Desde el aire, el avión de carga comenzó a rodar, y pocos segundos después despegó con una elegancia pesada, como si el cielo tuviera que hacerle espacio a la fuerza.

—Ahí vamos —dijo Iris por el intercomunicador—. Rumbo a Cuba.

El viaje se volvió una sucesión de paisajes cambiantes. Primero, la ciudad reduciéndose a líneas y puntos; luego, la costa interminable, el azul profundo del océano extendiéndose como una promesa y una amenaza al mismo tiempo. El sonido constante del motor creaba una especie de burbuja, un aislamiento perfecto donde los pensamientos se volvían más claros… o más intensos.

Antonella miraba el mar sin parpadear.

—Nunca había visto esto desde arriba —confesó—. Es… enorme.

—Te hace sentir pequeña —respondió Lyra—, pero también libre.
Rose apoyó la frente contra la ventanilla.

—Mi madre decía que el mar siempre pone todo en su lugar —murmuró—. Tal vez tenía razón.

El tiempo pareció estirarse entre nubes y cielo abierto. Comieron barras energéticas, bebieron agua, intercambiaron miradas silenciosas. Nadie necesitaba hablar demasiado. Cada una, a su manera, estaba dejando algo atrás.

Horas después, el piloto anunció el descenso. A lo lejos, la isla comenzó a dibujarse: una franja verde rodeada de azul, con edificios bajos, caminos irregulares y una luz distinta, más cálida.

—Bienvenidas a Cuba —dijo Iris, girándose apenas para mirarlas—. A partir de ahora, esto es real.

El helicóptero descendió lentamente, siguiendo al avión de carga que ya se preparaba para aterrizar. Cuando tocaron suelo, el ruido se apagó poco a poco, dejando un silencio extraño, cargado de expectativa.

Lyra respiró hondo. Antonella cerró los ojos un segundo, como si agradeciera estar allí. Rose sonrió, nerviosa pero decidida. Iris fue la primera en bajar.

Habían llegado. Y ninguna de las cuatro sabía aún que ese viaje, pensado para ayudar, estaba a punto de cambiarlo todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.