Lyra Black Vol.2

CAPITULO 13

El detective Jefferson Gudson observaba su teléfono como si pudiera obligarlo a responder. Había llamado una y otra vez. Primero a William. Luego a Vanessa. Silencio absoluto.

—Esto no me gusta… —murmuró, pasando una mano por su rostro cansado.

Había aprendido a confiar en sus corazonadas, y aquella gritaba peligro. William Clark nunca desaparecía sin dejar rastro. Y Vanessa… ella siempre respondía. Gudson marcó una vez más. Nada. Solo el tono vacío devolviéndole la llamada.

Al otro lado del mundo, muy lejos de cualquier ayuda, Vanessa descendía por un ascensor oculto bajo toneladas de concreto y acero.

La base subterránea del Protocolo Alfa se extendía como un laberinto frío, iluminado por luces blancas que no conocían la sombra. El ascensor se detuvo con un sonido seco. Dos guardias la empujaron hacia adelante sin decir palabra.

Frente a ella se alzaba una estructura imposible: una celda de cristal blindado, grueso como una pared, rodeada de sensores, cámaras y paneles de control. No había barrotes. No había puertas visibles. Solo transparencia… y control absoluto.

—Aquí estarás segura —dijo una voz detrás del vidrio.

Vanessa fue introducida en el interior. El cristal se cerró en silencio, sellándola por completo. Desde afuera, cada uno de sus movimientos quedaba expuesto. Cada respiración, registrada.

—No saldrás de aquí —continuó la voz—. No mientras Bloodshoot siga siendo útil.

Vanessa apretó los puños. Su reflejo le devolvió una imagen de impotencia que se negó a aceptar.

—No pueden retenerme así —dijo, con firmeza—. Esto es una locura.

Una pantalla se encendió frente a ella, mostrando gráficos, signos vitales… y la imagen de William con el collar de control mental.

—Lo hacemos por el bien del mundo —respondió la voz—. Y tú eres… una variable que debemos mantener bajo control.

La pantalla se apagó.

Vanessa quedó sola, rodeada de vidrio y silencio, vigilada las veinticuatro horas del día, consciente de una verdad aterradora: no solo estaba prisionera… era un ancla. Una forma de asegurarse de que Bloodshoot nunca recordara quién había sido.

Muy lejos de allí, Gudson dejó caer el teléfono sobre la mesa.
—William… ¿qué te hicieron? —susurró.

Sin saberlo aún, el detective estaba frente a una carrera contra el tiempo. Porque mientras él buscaba respuestas, el Protocolo Alfa ya había convertido al héroe más peligroso del mundo en su arma más perfecta… y había encerrado a la única persona capaz de traerlo de vuelta.




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