Lyra Black Vol.2

CAPITULO 15

Tras varias horas de trabajo ininterrumpido, Iris y Rose observaron el campamento improvisado con una mezcla de cansancio y orgullo. Más de cien familias habían recibido alimentos, agua potable y atención básica. No era suficiente para cambiar el mundo, pero sí para cambiar ese día.

Sentadas junto a una mesa plegable, Iris desplegó el mapa del recorrido sobre una caja de suministros.

—Sudáfrica no estaba en el plan original —dijo, recorriendo las rutas con el dedo.

Rose sonrió, aún con polvo en el rostro.

—Lo sé… pero valió la pena.

Ambas revisaron las provisiones restantes, haciendo cuentas rápidas. El silencio se llenó de esperanza cuando Iris levantó la vista.

—Si administramos bien los recursos, alcanzan para los próximos tres países.

—Entonces seguimos —respondió Rose sin dudar—. Senegal, Cabo Verde… Haití. No vamos a detenernos ahora.

Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, el descampado permanecía inmóvil bajo el sol. El viento cambió de dirección cuando el helicóptero descendió, sacudiendo la tierra seca a su alrededor. Lyra y Antonella se pusieron en guardia de inmediato.

La compuerta se abrió lentamente.

El hombre del traje verde y amarillo descendió sin prisa. La B y la D negras en su pecho parecían más oscuras bajo la luz africana. Su presencia imponía un silencio pesado, casi irreal.

—No queremos pelear —dijo Lyra, avanzando un paso—. No tienes que hacer esto. Dinos quién eres… hablemos.

El atacante no respondió.

Ni una palabra. Ni un gesto.

Solo comenzó a caminar hacia ella.

Antonella apretó los dientes.

—Lyra…

No hubo más tiempo. El primer golpe llegó como un impacto seco, brutal. La pelea se desató con una violencia aún mayor que en Nigeria. Cada ataque de Lyra y Antonella parecía inútil; el hombre no se inmutaba, no retrocedía, no mostraba dolor. Su fuerza era implacable, precisa, como si cada movimiento estuviera programado.

Lyra cayó de rodillas tras un golpe directo al pecho. Antonella fue lanzada varios metros, rodando sobre la tierra.

—¡No podemos con él! —gritó Antonella, incorporándose con dificultad.

Lyra lo entendió al instante.

—¡Retirada! ¡Ahora!

Ambas se pusieron en pie y corrieron con lo poco que les quedaba de energía, mientras el atacante avanzaba tras ellas, lento pero constante, como una sombra imposible de perder. El helicóptero apareció frente a ellas como una salvación.

—¡Suban! —gritó Rose desde la cabina.

Lyra y Antonella saltaron dentro casi al mismo tiempo. Iris ya estaba lista, y en cuestión de segundos el helicóptero despegó, seguido por el avión de carga que aguardaba a corta distancia.

Desde el aire, Lyra miró hacia abajo. El hombre permanecía inmóvil en el descampado, observando cómo se alejaban.
No las persiguió.

Eso fue lo que más la aterrorizó.

Horas después, el rumbo estaba claro.

Destino: Cabo Verde.

Y aunque el cielo parecía tranquilo, todas sabían que la amenaza viajaba con ellas, esperando el momento exacto para volver a atacar.




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