Lyra Black Vol.2

CAPITULO 18

Bloodshoot llegó a Senegal cuando el silencio ya se había adueñado del lugar. El helicóptero descendió con violencia, levantando polvo y arena, como si el propio suelo reaccionara ante su presencia. Sus botas tocaron tierra y, por un instante, permaneció inmóvil, observando a su alrededor con una frialdad mecánica.

No había rastro de ellas.

Avanzó entre el descampado y las construcciones cercanas, siguiendo impulsos que ya no eran del todo suyos. No escuchó risas, ni voces, ni el caos que había encontrado en otros países. Solo quedaban huellas: marcas profundas de ruedas sobre la tierra, recientes, todavía frescas. Pistas claras de un avión de carga que había aterrizado… o despegado hacía poco tiempo.

Bloodshoot se agachó y pasó los dedos por una de las marcas. Su mente, condicionada por el collar, procesó la información con rapidez, pero algo falló. Las órdenes eran claras: eliminar al objetivo. Sin embargo, aquella evidencia sembró una duda incómoda, casi imperceptible, como una grieta en un muro de acero.

¿Por qué huían con tanta precisión?

¿Por qué siempre un paso delante?

Se incorporó lentamente. El viento nocturno agitó su traje verde y amarillo, y por un segundo su mirada se perdió en el horizonte, como si algo dentro de él intentara recordar una razón distinta para estar allí.

La duda duró apenas un instante.

El protocolo volvió a imponerse.

Bloodshoot regresó al helicóptero y ordenó partir. El motor rugió mientras la nave se elevaba, dejando atrás Senegal y sus huellas vacías. El rumbo estaba claro: Norteamérica.

En algún lugar de ese continente, el objetivo tendría que detenerse. Y cuando eso ocurriera, la cacería llegaría a su fin.




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