Lyra Black Vol.2

CAPITULO 22

El avión tocó tierra en Nueva York con un suave temblor y un leve chirrido de frenos. Lyra, Rose y Antonella bajaron con sonrisas amplias y cansadas, los brazos aún cargados de recuerdos de los lugares que habían visitado, de las manos que habían ayudado y de los rostros que ahora llevaban consigo en la memoria.

—¡No puedo creer que hayamos ayudado a más de mil familias! —exclamó Rose, con la voz cargada de emoción y orgullo.

Lyra asintió, observando la multitud de pasajeros y trabajadores del aeropuerto, sintiendo que cada kilómetro recorrido y cada esfuerzo valían más que cualquier premio.

Iris se acercó con una sonrisa, colocando su mano sobre los hombros de cada una.

—Gracias a ustedes tres —dijo con sinceridad—. Lo que hicieron no tiene precio. Han marcado la diferencia.

Después de unas palabras de despedida, Iris se encaminó hacia la salida, desapareciendo entre la multitud mientras saludaba con la mano, dejando atrás a las tres chicas.

—Bueno… ahora nos toca continuar —dijo Antonella, ajustándose la mochila—. San Diego nos espera.

Subieron a un auto afuera del aeropuerto. El tráfico de la ciudad fluía a su alrededor mientras el motor rugía suavemente, llevando a Lyra, Rose y Antonella de regreso a la costa oeste, a casa, a la seguridad y, sin saberlo, a los próximos desafíos que las esperaban.

Durante el viaje, las chicas intercambiaban risas y recuerdos de cada país visitado: la música de Cuba, los mercados de Nigeria, las playas de Cabo Verde y la calidez de Haití. Cada historia era una prueba de su esfuerzo y de la fuerza que habían encontrado en sí mismas y entre ellas.

Y mientras Nueva York quedaba atrás, la carretera se abría hacia un horizonte lleno de posibilidades, con la certeza de que su aventura apenas comenzaba de nuevo.




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