Madelyn

13 DE AGOSTO

La madre de Emma siempre había sido un roble en cuestiones de salud, así que verla tan decaída  comenzaba a preocuparle. Por la mañana había experimentado fiebre y desgano, y por la tarde se quejaba de un severo dolor de espalda, acompañado de vómitos.

—Algo me debe haber caído mal —justificó Gretel.

—No deberías ir a trabajar así, mamá. No tienes nada en el estómago —comentó Emma.

—Es verdad, cariño —intervino Ronnie, abrazándola y acariciando su espalda—. Mejor quédate. Yo te cuido.

A Emma ese momento le recordó al antiguo Ronnie, ese hombre que se preocupaba por su esposa y por unos niños que aunque no eran sus hijos, comenzaban a quererlo como un padre. Sin embargo, desde que había perdido su trabajo como gerente de un hotel, se había vuelto perezoso y apático.

—Es que si no voy, Peter se molestará —afirmó Gretel, separándose de él—. Ya saben el geniecito que se gasta. Hasta podría echarme, y a ver de dónde sacamos dinero para comer.

—Yo podría trabajar, mamá.

—No, tú no vas a trabajar, Emma —sentenció su madre—. Ni siquiera eres mayor de edad.

—Con tu autorización podría…

—Dije que no.

—Gretel —intervino Ronnie y Emma sintió la esperanza de que por fin se volviera a hacer cargo de su familia—. Eres una excelente empleada. Estoy seguro que el dueño no te echará por un día que no vayas a trabajar.

—Es que…

—Por favor —insistió su esposo—. Déjame consentirte hoy.

Emma no quiso seguir escuchando, sabía que su madre terminaría accediendo porque él se lo pedía,  pero que pasado el malestar, todo volvería a ser como antes.

 

 

*****

Emma lo esperaba afuera; sin embargo, el que apareció fue Javi.

—Ayer vi a Liam por aquí—comenzó el pelirrojo.

—Sí, yo le pedí que viniera.

—Pero… dijiste que ya no volverías con lo mismo, ¿no?

—Sé lo que dije.

—Bueno, como quieras, después no te andes quejando cuando te haga una de las suyas.

—No te molestes, Javi —musitó ella—. Liam y yo no tenemos nada. Ni creo que volvamos a tener. Solo le pedí su ayuda.

—¿Ayuda? ¿Ayuda para qué?

Emma soltó un suspiro y después que ambos se sentaron en el piso del porche, le contó todo, incluso lo de la incursión en casa de su vecina, la tarde anterior.

—No puedo creer que hayas confiado más en él que en mí —espetó Javi.

—Es que pensé que no me creerías. La otra vez te lo insinué y me preguntaste que si estaba bromeando.

—Bueno, ¿y cómo querías que reaccionara?

—Entonces ¿me crees?

—Claro que te creo, Emma. Siempre lo haré.

El sonido de la motocicleta la hizo mirar hacia la calle, después volvió los ojos hacia Javi que negó con la cabeza.

—Es mejor que me vaya —dijo el pelirrojo.

—No. Espera.

Emma fue a saludar a Liam y con unas cuantas palabras le hizo saber que Javi ya estaba al tanto de todo.

—Lo mejor es decirle a mi padre —opinó Javi—. Que tu hermana diga lo que vio.

—¿Se lo dijiste? —le espetó Liam a Emma. Su voz, amarga y dura, dejó ver las huellas de la decepción en sus palabras—. ¡Con qué derecho!

Emma dio un respingo sin poder evitarlo, él jamás le había hablado de aquella forma, así no pudo evitar que le doliera. Que la lastimara. Aunque Liam también tenía razón. ¿Con qué derecho ella le había contado eso a Javi? No debió.

—Óyeme, ¿qué te pasa?  —escupió Javi—. Ella no tiene la culpa de que a tu hermana le encanté meterse en líos.

—¿Que dijiste, imbécil? —reclamó Liam, empujándolo—. De mi hermana no hables, que tú no la conoces.

—Chicos… —trató de intervenir Emma, pero ellos la hicieron sentir como si no existiera.

—Ah, claro que la conozco. Es una delincuente —afirmó Javi.

—Eres un… —Liam iba a darle un puñetazo, pero Emma se interpuso.

—Basta, por favor —le rogó; Liam estaba rojo de tanto enojo—. Si les conté lo de mi vecina fue para que me ayudaran, no para que se estuvieran peleando. Así que si van a seguir así es mejor que se vayan. Ya veré yo cómo me las arreglo para resolver este asunto.

Ni Liam ni Javi pronunciaron una palabra, pero estaba claro que ninguno de los dos deseaba irse.

—Bien —musitó Emma—. Entonces se calman.

—¿Alguna sugerencia? —preguntó Liam.

—Yo digo que hay que entrar de nuevo a su casa —respondió Javi—. Tal vez no buscaste bien.

—Claro que busqué bien —espetó Liam—. ¿O es que me ves cara de estúpido?

—La cara de estúpido siempre la has tenido —rio Javi.

—Basta. Dejemos esto así, es mejor que cada quien se vaya a su casa —sentenció Emma.

—No, Emma, no te molestes, por favor —rogó Javi—. Discúlpame.

—A mí también —agregó Liam.

Emma asintió, entonces, el silencio que ahora los acompañaba, fue invadido por un extraño sonido.

—¿Qué es eso? —preguntó Emma.

La brisa arrastró consigo un ruido seco con olor a metal y tierra.

—Están cavando —afirmó Javi.

—Vaya, qué inteligencia —ironizó Liam. Inmediatamente, Emma, lo reprendió con la mirada—. Ya. Me callo.

—Sí, sería lo mejor —agregó Javi.

Esta vez fue su turno, Emma apretó la mandíbula: estaba furiosa. No era la primera vez que ella se encontraba en aquella situación, Javi y Liam nunca se habían llevado bien, pero esa noche estaban insoportables.

—Creo que viene del patio de Jenny —comentó ella—. Chicos, ¿no les parece extraño que alguien esté cavando a estas horas de la noche?

—Tal vez la señora Silver esté sembrando alguna planta —opinó Javi.



#214 en Detective
#36 en Novela policíaca

En el texto hay: mentiras, intriga, amor

Editado: 02.03.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.