Madness

Capítulo 1.

   Miraba por la ventana de la camioneta, evitando a toda costa entablar conversación con ellos. Sé que no van a decirme nada bueno.

   ─ Angélica.. ─ susurro Nía buscando mi mirada a través del espejo retrovisor. La miré por unos instantes y volví mi mirada a la ventana.

   Ella suspiró con cansancio pero no intentó entablar conversación durante el resto del viaje.

_

   ─ Angélica... ─ Volvió a llamarme cuando llegamos a casa, la ignoré y cerré de un partazo la camioneta. Esta vez no me dejó evadir la conversación. ─ Angélica, te estoy hablando.

   Mis hombros se tensaron cuando sentí su agarre en mi brazo, me paralice y al instante me soltó. Esperé unos segundos a que hable, pero como no lo hizo seguí mi camino hacia la casa. Escuché sus pasos detrás de mi.

   ─ ¡Angélica! ─ gritó mi nombre, pero en vez de detenerme apuré el paso.

   Finalmente siento como se detiene, sus pasos ya no se escuchan detrás de mi. Suspiré aliviada y caminé hacia mi habitación sin apuros. Abrí la puerta y la cerré detrás de mi con cuidado, caminé por el lugar hasta la ventana; la abrí y me quedé contemplando la vista. Árboles y más árboles, no hay rastro de nada más. Apreté el agarre en las cortinas y cerré mis ojos con desesperación.

   Escuché a Joseph correr por el pasillo y abrir mi puerta bruscamente. Sé que es él por el sonido de sus pasos rápidos. Abrí los ojos y lo miré por sobre mis hombros, con los ojos rojos a causa de las repentinas ganas que tengo de llorar. El tensó su mandíbula y se acercó a mi a paso veloz, tomó mis muñecas bruscamente y me separó de la ventana.

   ─ Ya hablamos sobre ésto. ─ espetó cerrando las ventanas y corriendo las cortinas bruscamente.

   ─ No pueden encerrarme, no tienen poder sobre mí. ─ susurré, pero el logró oirme.

   Apretó más su mandíbula, si es que es posible, y se volteó completamente. Está mirándome, sólo mirándome. Pasan algunos minutos sin que ninguno de los dos diga algo.

   Cansada de ésta situación ridícula, llevo mi mano a las cortinas y las corro lentamente, volviendo a iluminar la habitación y obteniendo la vista de los árboles nuevamente. Sonrío.

   Joseph corrió mis brazos bruscamente de allí y volvió a cerrar las cortinas.

   ─ No. ─ espeta. Pero me lo dijo como si no entendiera, como si tubiera algún problema serio o como si fuera un perro. Alguien inferior a él.

   Enfurecí, cerré mis ojos y respiré tratando de tranquilizarme. Él parece darse cuenta de su error, porque pone una mano en mi hombro y susurra cosas que no me esfuerzo en oir.

   Abrí los ojos y volví a abrir las malditas cortinas nuevamente, lo miré con desafío. Durante algunos minutos nos quedamos en silencio, no decimos nada y nos limitamos a observarnos. Volví a correr las cortinas lentamente, y lo miré suplicante. Bajó la cabeza y se tapó la cara con las manos.

   No hizo amago de intentar correrlas otra vez, e intenté abrir la ventana completamente, pero me lo impidió agarrando mi muñeca con tanta fuerza que sé que dejará marcas. Levanté mi otra mano para intentar safar su agarre, pero la agarró con fuerza también. Y entonces me arrastró fuera de la habitación. No opuse resistencia, si lo hago llamará a Nía y, por más de que ella sea más vulnerable a todo esto y se oponga, sé que entre los dos me arrastraran de igual manera.

   ─ Te quedarás acá el resto del día. ─ Dijo antes de cerrar la puerta, escuché como la trancaba y luego sus pasos en el pasillo.

   La única ventana de la habitación estaba tapiada, consecuencia de que intentara uir por allí una vez. Todo estaba oscuro, estiré mi mano hacia donde yo sé que esta la soga que enciende la luz. Un mísero foco de luz amarillenta ilumina todo. No hay nada más que un librero atiborrado de libros, y más de éstos últimos se esparcen por diferentes puntos de la habitación. Sólo hay un sillón en una esquina, y nada más. Literalmente ya no hay nada más.
   Y sé que en un largo rato no saldré de este lugar, siempre es así. Están cansados de mí y aprovechan cualquier cosa que haga para encerrarme y hacer de cuenta que no existo por un rato. No los culpo, yo también lo aría.

   Me siento en el sillón y agarro un libro del piso, lo abro y comienzo a leerlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.