Madness

Capítulo 7.

   Estoy perdida.

   Justo como en mi sueño, justo como en aquella pesadilla que me atacó cuando dormía en la camioneta de Joseph y desperté sola.

   La masa de árboles me rodea por completo, no hay salida de la espesura. Es absorbente, me invita a seguir adentrandome, pero al mismo tiempo me convence más de salir corriendo por donde vine. Sin embargo sigo adelante.

   Emma me necesita, tengo que encontrarla. Me niego a volver derrotada, sin propósito de vida, me niego a entregarme a una vida llena de soledad, angustia.

   Pronto me doy cuenta de que lo más probable es que este dando vueltas en circulos. Cada árbol me parece exactamente igual al anterior, y me es difícil afirmarlo, pero creo que así es.

   Comienzo a desesperarme. No hay salida, no puedo encontrarla, fracasé con estrépito, no puedo hacer nada bien. Mi vida es una basura, lo único que puedo hacer bien y soy tan inútil que no lo hago. No tardaron en inundarme las ganas de llorar otra vez, soy tan débil que doy vergüenza ajena. Me dejé caer al suelo rendida, es inútil que lo siga intentando, no voy a encontrarla a menos que él la ponga en mi camino. Quiere hacerme sufrir, quiere verme suplicar, pero no se da cuenta de que ya lo hice.

   ─ ¡Ya no tengo nada! Lo hice todo. Lloré, grité, me puse de rodillas, supliqué.. ¿Qué más queres de mí? ─ grité a la nada, porque es cierto, estoy sola.

   Nadie va a escuchar mi llantos ni mis lamentos, fue estúpido hacer esto. Matarme para hacerla volver a ella, es tan simple como eso, pero no. La temeraria Angélica siempre quiere hacerse la heroína y salvar el día. ¿En qué estaba pensando cuando salí corriendo y me adentré a este lugar? Es obvio que acá no conseguiría nada.

   Flexioné las piernas, las abracé y escondi mi cabeza en ellas para llorar. Acurrucada en un árbol, muerta de frío y de hambre, así voy a morir. Por lo menos cumpliré mi objetivo, no de la manera en la cual lo tenia pensado, pero es lo que me queda.

   Va a ser una muerte lenta y dolorosa.

   Grité de asombro cuando una mano me agarró el pelo y me tiró de la cabeza hacia atrás. Lo tengo frente a mí, justo ahora, mirandome.

   En vez de ojos sólo hay dos cuencas vacías y negras, su cabeza es completamente blanca y no tiene casi ni pelo. Su sonrisa, cínica y retorcida me da escalofríos.

   Emma está detrás de él, tirada en el suelo y completamente lastimada, pero detrás de él.. Viva.

   Sarandea mi cabeza para que vuelva mi atención a él nuevamente, aunque estoy pensando que tal vez sea un ella, o simplemente un nada. Continúa moviendo mi cabeza en todas direcciones, escrutando con determinación cada sentimetro de mi piel, acariciándola, torturándome.

   Finalmente las ganas de apartarlo de un empujón toman fuerza y lo hago. Libero de su agarre mi cabeza y lo empujo lejos. Cae a unos pasos de mí, y al incorporarse un poco observo su mandíbula apretada.

   Acabo de cagarla, y mucho.

   De un segundo a otro vuelve a estar frente a mí, pero ahora será más hostil que la última vez, lo sé. Es fácil adivinarlo por su expresión.

   Su mano se adentra en mi pecho otra vez, es indescriptible la sensación que causa. Provoca que no pueda quedarme quieta, me muevo inconscientemente una y otra vez a la par de él en un intento estúpido de hacerme quedar quieta. Mueve su muñeca, está retorciendo mi corazón litaralmente, puedo verlo.

   Mi pecho se contrae, me cuesta respirar, y finalmente me suelta. Caigo al suelo y jadeo en busca de recuperarme.

   Está enojado, puedo sentirlo, el más mínimo error lo enoja y yo cometí uno bastante grande en su opinión. Niega con la cabeza lentamente y vuelve a su rostro aquella sonrisa cínica que tanto me aterra.

   Sé lo que esa seña de cabeza significa.

   Algo agarra mi cintura, cuando miro bien noto que es una mano putrefacta, no tardan en unirsele más. Cada vez más, cada ves cubren más mi cuerpo. Comienzo a desesperarme y a gritar el nombre de mi hermanita mientras me consume la tierra.

   Logro ver cómo retuerse su cuello, puedo oir cómo grita desesperada pidiendo piedad hasta el cansancio. Y finalmente presencio cómo la última gota de vida abandona su cuerpo.

   Se da la vuelta y, con una sonrisa espeluznante y manchado de la sangre de mi hermanita, me hace una seña de despedida.

   Y eso es todo. Fallé, no pude hacerlo. Suspiré por última vez, mire el cielo gris sobre mi y me deje llevar.

 




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