Blair
Tras un silencio sepulcral, en el que solo escuchaba el galopar de mi corazón, una voz seca dijo:
📞Lamento comunicarle que su hermana y su marido han fallecido. —Las palabras llegaron hasta mí. Las escuché. Entendí cada una por separado.
Hermana.
Marido.
Fallecido.
Pero juntas no significaban nada.
Miré a Ethan.
Seguía sentado frente a mí, aunque ya no estaba recostado en la silla. Tenía los antebrazos apoyados sobre la mesa y los ojos clavados en mi cara. Esperando.
📞No. —La persona al otro lado guardó silencio.
📞Señora Northcliff…
📞¡No! —Esta vez salió más fuerte.
Me levanté. La silla rozó el suelo y varias personas de la cafetería miraron hacia nosotros. No me importó.
📞Debe haber un error. Mi hermana me escribió hace cuatro días.
Como si eso significara algo. Como si la muerte necesitara pedir cita.
📞Entiendo que…
📞¡Tiene cuatro hijos!
Ethan levantó ligeramente la cabeza.
📞Sí.
📞Cuatro hijos pequeños —susurré, intentando no romperme.
📞Sí.
Me llevé una mano a la frente. Billie tenía veintiocho años. ¡Veintiocho!
No te morías con veintiocho años. Hacía unos días te estabas quejando porque tu hija acababa de perder un diente y el Ratoncito Pérez iba a necesitar una segunda hipoteca.
📞¿Qué ha pasado? —La explicación llegó a trozos.
Una escapada. Una carretera. Un accidente. Billie y Aiden viajaban con los padres de él.
Los cuatro habían fallecido.
Cerré los ojos. Cuatro. No dos. Cuatro personas. Los padres de Aiden también.
📞¿Y los niños? —Mi voz sonó distinta.
📞Los menores no viajaban con ellos. —Abrí los ojos.
📞¿Dónde están?
📞Estaban de campamento cuando ocurrió el accidente. Ya han regresado a Madrid y se encuentran al cuidado de una persona de confianza de la familia mientras se realizan las actuaciones necesarias.
Madrid.
La casa de Billie. Los niños.
📞¿Están bien? —Hubo una pequeña pausa.
📞Físicamente, sí.
Físicamente.
Claro.
📞Voy para allá.
📞Señora Northcliff, antes necesitamos…
📞Dígame dónde tengo que presentarme.
Busqué un bolígrafo dentro del bolso.
No encontré ninguno. Ethan deslizó el suyo sobre la mesa. Lo cogí sin mirarlo. Anoté nombres. Un teléfono. Una dirección. Indicaciones que probablemente dejaría de recordar en cuanto colgara.
📞Llegaré hoy.
📞Cuando llegue a Madrid, póngase en contacto con nosotros. Hay algunas cuestiones que tendrán que tratarse con usted.
📞¿Conmigo?
📞Sí. —Fruncí el ceño.
📞¿Por qué? —Silencio. Muy breve, pero lo hubo.
📞Será mejor que se lo expliquen personalmente.
No me gustó aquella respuesta.
📞¿Qué ocurre con los niños?
📞Ahora mismo están atendidos y seguros.
📞Eso tampoco responde a mi pregunta.
📞Lo sé. —Apreté el bolígrafo.
📞¿Hay algún familiar con ellos?
📞En este momento están con una persona cercana a sus padres.
Los padres de Aiden habían muerto con ellos. Pensé en los míos. Y mi cuerpo se tensó.
No sabía si se habían enterado. No sabía si alguien los había llamado. No sabía absolutamente nada de ellos desde hacía años y no iba a empezar a pensar en eso ahora.
📞Voy para Madrid.
📞De acuerdo.
📞¿Necesitan algo los niños? —La pregunta salió antes de que pudiera pensarla.
📞Cuando llegue podrá hablar con la persona que está con ellos.
📞Bien.
📞Señora Northcliff… —Esperé.
📞Lo siento muchísimo. —Colgué.
Me quedé mirando el teléfono. La pantalla seguía encendida. La conversación con Billie. La fotografía de Anouk sonriendo con un hueco donde antes había habido un diente. Debajo, el mensaje que todavía no había contestado.
Después.
Bloqueé el móvil.
—Blair. —La voz de Ethan sonó cerca.
Guardé el teléfono.
—Tengo que irme.
—¿Qué ha pasado?
Cogí el bolso.
—Necesito llegar a Madrid.
—Blair.
—Tengo que comprar un billete.
Abrí la aplicación de la aerolínea. La pantalla se movió. No conseguí leer nada. Volví atrás. Entré otra vez.
—¡Joder!
—Dame el teléfono —dijo Ethan.
—¡Puedo hacerlo! —gruñí, apretando la mandíbula para no romperme.
—No he dicho que no puedas. —Levanté la mirada.
Ethan estaba de pie frente a mí. No intentó tocarme. No intentó quitarme el móvil. Solo extendió la mano.
—Déjame buscar el vuelo mientras tú llamas a quien tengas que llamar.
—No necesito…
—Lo sé. —Aquello me detuvo.
—Entonces no hagas eso.
—¿Qué?
—Actuar como si no pudiera ocuparme de mí misma. —Su expresión no cambió.
—No lo estoy haciendo.
—Lo parece.
—Tu mano está temblando, Blair. No te estoy pidiendo que me cuentes nada, solo que no me apartes cuando es evidente que estás afectada. —Bajé la mirada.
Era verdad. Cerré la mano alrededor del teléfono.
—Mi hermana ha muerto.
Las palabras salieron. Por fin.
Ethan se quedó completamente inmóvil.
Decirlo fue peor que escucharlo. Porque ahora tenía mi voz. Ahora era real.
—Billie ha muerto. —La última palabra se quebró. Aparté la mirada—. Su esposo, Aiden, y sus padres. Los cuatro.
Las palabras se me atoraron en la garganta.
Ethan no dijo nada y lo agradecí.
—Los niños estaban de campamento —concluí.
Cuatro.
Anouk. Zuli. Millie y Ethan.
Me detuve un instante en el último nombre. Qué extraño resultaba pensar en aquel pequeño Ethan mientras tenía al otro delante.
—Tengo que ir a Madrid.
—De acuerdo. —Eso fue todo.
Ni preguntas. Ni consejos. Ni un abrazo que no había pedido. Solo: De acuerdo.
Ethan sacó el teléfono.
—Hay un vuelo en poco más de dos horas.
—Cógelo.
—Ya lo estoy haciendo.