Blair
No vendí Lumis.
Durante las siguientes tres semanas hice exactamente lo contrario. Intenté conservarla.
Con entusiasmo. Con planificación. Con hojas de cálculo. Con una agenda que habría provocado un ataque de ansiedad a cualquier persona emocionalmente equilibrada.
Contraté más ayuda. Delegué funciones que llevaba años negándome a delegar. Convertí reuniones presenciales en videollamadas. Reorganicé horarios. Cedí a Dylan decisiones que técnicamente ya podía tomar sin mí, pero que yo seguía supervisando porque, al parecer, tenía un pequeño problema de control.
Pequeñísimo. Prácticamente imperceptible.
—Estás loca —dijo Dylan.
—Estoy organizada.
—Tienes una reunión conmigo a las seis y media de la mañana.
—Siete y media en España.
—Eso no mejora nada.
—Tú aceptaste.
—Porque quería comprobar hasta dónde llegaba tu psicopatía. —Miré el calendario.
—¿Has terminado?
—No. ¿Qué significa el bloque de las trece treinta que dice «¡comer!»?
—Que como.
—¿Has tenido que agendarlo?
—Dylan.
—Solo pregunto.
—¿Tenemos algún problema real del que quieras hablar?
—Sí.
Esperé.
—Tú. —Colgué.
No necesitaba aquella negatividad a las siete y cuarenta y dos de la mañana.
***
A las siete y cuarenta y tres, Ethan Griffiths entró en la cocina completamente desnudo.
Lo miré. Él me miró.
—No.
—Sí.
—¿Dónde está tu ropa?
—No.
—Eso tampoco responde. —Salí detrás de él.
Encontré el pañal en el pasillo. El pantalón junto a las escaleras. La camiseta no apareció nunca.
—¿Cómo te has quitado todo esto?
—Yo.
—Eso ya lo había deducido. —Intenté ponerle el pañal, pero salió corriendo.
—Ethan.
—¡No!
—¡Ven aquí!
—¡NO!
Anouk apareció con la mochila del colegio.
—Dale a elegir.
Me detuve.
—No voy a darle a elegir si quiere ponerse un pañal.
—No. Entre dos.
Ah... Cogí dos del paquete.
—¿Dinosaurios o coches? —Ethan frenó y miró ambos.
—Coches.
Anouk levantó las cejas como diciendo:Te lo dije.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa.
—Es mi cara.
—Pues cámbiala. —Sonrió.
Ethan regresó voluntariamente y lo vestí.
Otra victoria de Billie desde el más allá.
***
Aquella misma mañana recibí la llamada de la inmobiliaria de Tarragona.
Había aparecido una propiedad que todavía no estaba anunciada oficialmente y que, según la agente, encajaba bastante bien con lo que estaba buscando.
📞¿Cuánto terreno?
Me lo dijo y dejé de escribir porque era mucho más del que me esperaba.
📞¿Y distancia al mar?
Respondió.
📞¿Zona urbana?
📞No exactamente. Es una zona residencial muy tranquila, con bastante vegetación alrededor. Tendrías privacidad, pero no estarías aislada completamente. El terreno completo consta de diez hectáreas.
Eso me interesó.
📞¿Colegios?
📞Hay varias opciones a una distancia razonable.
📞¿Hospital?
Me explicó.
📞¿Acceso a Tarragona?
Bien.
📞¿Y Barcelona?
Bien.
📞Aeropuerto de Reus.
Me dio el tiempo aproximado.
Muy bien.
📞Necesito verla.
📞¿Cuándo puedes venir?
Miré mi agenda. Hoy no podía.
📞Mañana.
***
No llevé a los niños.
Todavía no porque primero quería saber si aquello tenía sentido.
Marta se quedó con ellos y yo cogí el primer AVE que pude desde Madrid.
Trabajé durante casi todo el trayecto.
Naturalmente.
Dylan me llamó cuando faltaba poco para llegar.
📞¿Dónde estás?
📞En un tren.
📞Eso lo oigo. ¿Hacia dónde?
📞Tarragona.
Silencio.
📞¿Vas a comprar la casa?
📞Voy a verla.
📞Eso no es lo que he preguntado.
📞Porque haces preguntas estúpidas.
📞Blair.
📞¿Qué?
📞Llevas dos semanas mirando casas como si estuvieras preparando una operación militar.
📞Tengo cuatro niños.
📞Lo sé.
📞Necesito una casa.
📞Ya tienen una.
Miré por la ventana.
📞Necesitamos otra.
Dylan guardó silencio. No tuve que explicárselo porque entendía que la casa de Madrid estaba llena de Billie de Aiden y de una vida que se había detenido.
No quería borrar aquello. Eso jamás porque no pensaba deshacerme de la casa. Pero tampoco quería que los niños despertaran cada mañana esperando escuchar unos pasos que no volverían.
📞¿Tarragona definitivamente? —preguntó.
📞No lo sé.
📞Mentira.
Suspiré.
📞Comercialmente me encaja.
📞Ajá.
📞Está bien comunicada. Puedo moverme a Barcelona cuando lo necesite, Madrid no queda inaccesible, Francia está relativamente cerca, hay actividad empresarial, tecnológica e industrial…
📞Mar.
📞Eso también.
📞Naturaleza.
📞Sí.
📞Una vida que no se parece en nada a Londres.
No respondí.
📞Eso también —admití.
📞Entonces compra la maldita casa.
📞Ni siquiera la he visto.
📞La vas a comprar.
📞Te odio.
📞Me mantienes porque tengo razón.
Colgué.
***
La casa no me gustó.
¡Me encantó! Y eso era un problema. No porque fuera perfecta. No lo era y, precisamente por eso, era perfecta. Porque podía hacerla nuestra.
Estaba en una parcela amplia, rodeada de árboles, en una zona tranquila cerca de la costa. Desde algunos puntos se percibía el mar entre la vegetación.
No estaba encima de la playa y eso me parecía mejor porque tenía mucha privacidad, silencio, aire, espacio, muchísimo espacio.
Entré expectante mirando a cada lado mientras la agente hablaba.