Después de todo el caos que se generó en la escuela, fui directamente a mi mundo, a buscar a mi Maestro, Ates quien ha estado conmigo desde mi nacimiento, criándome y enseñándome sobre la magia y mis futuras responsabilidades. Era de las pocas personas con las que puedo hablar de lo que sucedió, porque por el momento, él es la máxima autoridad.
Salude a los guardias en las puertas del castillo, permitiéndome entrar sin hacer preguntas, continuando con su trabajo de custodiar las puertas. Inmediatamente, me invadió este particular olor floral, ya que todos los alrededores tenían bastante vegetación que rodeaba los muros a su antojo, junto con varios pequeños animales que disfrutan de ellos. Aquí, todos los seres vivos se respetan y dejan ser, coexistiendo sin ninguna clase de disturbio, un mundo ideal, si se quiere ver así.
Fui directamente a la oficina de mi Maestro, encontrándolo detrás de su escritorio, leyendo un de los tantos libros que posee en la enorme biblioteca que se ha actualizado con el pasar de los años. Al escuchar mis pasos, alzó la vista, mirándome extrañado, pues no se suponía que estuviera aquí a esta hora.
–Kiara, ¿qué ha sucedido para que estés aquí? –pregunta con voz calmada y serena.
–Disculpe por entrar así, Maestro, pero acaba de suceder algo preocupante en el mundo humano, tenía que venir a discutirlo con usted –le hablé de manera respetuosa, por gusto y para guardar las apariencias ante los demás.
–Te escuchó.
Asentí, comentándole todo lo que sucedió en la escuela, sin omitir ningún sólo detalle, lo que sentí y lo que vi. Su mirada estaba fija en mí, pero también analizaba cada cosa que le decía, sin interrumpirme, sin hacer ningún gesto, ni siquiera cuando le enseñé las fotos que tomé en secreto. Acarició su barba, como si quisiera poner en orden sus pensamientos, antes de expresar su opinión.
–Por lo que me cuentas, lo que sucedió no fue casualidad, fue algo planeado –murmuró –. Lo único que me parece más extraño, es que lo hayan hecho a plena luz del día.
–¿Tiene alguna idea de lo que pudo haber estado ahí? –pregunté con curiosidad.
–De hecho, se exactamente que había ahí.
–¿Y eso qué es?
–Una Muñeca Rusa.
–¿Hablamos de las mismas Muñecas, que se supone que habían desaparecido? ¿Las que contienen los restos de Sandor? –pregunté. Ates asintió, a lo que suspiré resignada, porque significaba dolores de cabeza –. ¿Que hacemos ahora? ¿Las buscamos o fingimos demencia hasta que todo explote?
–Vamos a intensificar los entrenamientos, no vamos a arriesgarnos a que te puedan atacar tanto aquí como en el mundo humano. Ten los ojos abiertos y no confíes mucho en los demás –fue su respuesta, poniéndose de pie –. Nunca dudes de tu instinto, porque eso te puede salvar del peligro. Por ahora enviaré a alguien a que busque las restantes, pero por mientras, no se dirá nada.
Asentí a sus peticiones, que más que eso, eran consejo para evitar que me mataran, porque sabíamos que eso era una posibilidad. No íbamos a fingir que podía ser un ataque soso, mi vida puede estar en peligro, y sinceramente, nuestro mundo no puede soportar la perdida de otro miembro de la realeza, porque si bien, no había asumido algunas funciones burocráticas, las mágicas y defensivas estaban en mi control, lo que había evitado muchos ataques de varios enemigos.
Sandor era un antiguo hechicero, que formaba parte de la Corte Real. A pesar del gran talento y fuerza que poseía, de la fama y la admiración de la gente por sus logros, él aspiraba a más. Aspiraba a la Corona, y aunque sabía, que eso no podría ser, hizo todo lo posible por cumplirlo, corrompiendo su alma de tal manera, que las fuerzas oscuras se adueñaron de él, causando una guerra que parecía no tener fin.
Levi, el antiguo Emperador, se enfrentó a él por varios años, pues su fuerza era casi la misma, y como Sandor poseía varios conocimientos, casi logra matar al Emperador. Afortunadamente, su cuerpo no podía soportar las entidades que intentaron poseerlos, por lo que se aprovechó esa debilidad para eliminarlo y que sus restos fueran separados y distribuidos por el mundo, lo cual, no fue buena idea.
Todo Hechicero es capaz de usar magia de cualquier tipo, incluida la oscura, pero debes tener una mentalidad, espíritu y cuerpo lo suficientemente fuerte para no terminar loco, destruido o corrompido. Es una magia a la que no he aprendido aun, no estoy lista para ello todavía, me hace falta bastante entrenamiento, porque si no lo hago bien, podría terminar dando paso a fuerzas bastante destructoras y caóticas.
››Estaré investigando este asunto, por ahora ve con Welton para empezar tu entrenamiento y reforzarlo, por favor. Si sucede algo, vienes conmigo. No quiero excusas –ordena mi Maestro, regresándome a la realidad porque me haya perdido en mis pensamientos.
–Sí, señor –incline la cabeza, saliendo de su despacho, encontrándome a mi amigo Kemal, un hechicero igual que yo, pero especializado en el Espacio-Tiempo.
–Kiara, ¿qué es lo que haces aquí? ¿Pasó algo con el Maestro? – preguntó con curiosidad.
Le di una mirada, y nos conocíamos tanto, que supo inmediatamente que es lo que significaba. Con un movimiento de su mano, creo alrededor una especie de campo de fuerza, pero contrario a eso, aquí el tiempo no existía, se mantenía estático. Nada de lo que se hiciera aquí se manifestaba por fuera, lo cual ayudaba cuando querías mantener conversaciones que nadie debería de escuchar.