Durante cinco días me dediqué a meditar, entrenar y descansar en ese orden, y debo decir, que han sido los días más agotadores desde que comencé a prepararme como la próxima Emperatriz del Imperio. Katya como maestra es muy estricta, directa y no acepta ninguna clase de excusa, no se conforma con explicar cómo realizar los encantamientos y cómo debes protegerte en una batalla cuerpo a cuerpo, te muestra cómo invocar cada hechizo y la manera más eficiente de confundir a tu oponente. Es una rival muy, pero muy difícil de derrotar, y aun así he aprendido muchísimo bajo su tutela, no sólo de su manera de enseñar, he aprendido cosas sobre mí, sobre los límites que pensé que debía seguir al pie de la letra para gobernar mejor, sobre lo que realmente quiero hacer como la regente de mi mundo.
No ha sido nada sencillo, el miedo aún está presente, nubla de vez en cuando mi juicio y me hace dudar en los momentos más críticos de una pelea, lo que me ha hecho ganar varias cicatrices y moretones que tardaran en sanar, pero que me recuerdan que aún me falta bastante para superar esos obstáculos. Katya es implacable en sus ataques, no duda ni un sólo segundo, lo que me hace admirar su tenacidad y fuerza con verdadera sinceridad, logrando comprender porque la Naturaleza misma la eligió como su guardiana y protectora, definitivamente cumple con las características para serlo.
En este tiempo que he estado fuera del Imperio y de la presión que se ejercía constantemente hacia mi persona, me he dado cuenta que estaba conteniéndome de maneras absurdas, que llegue a temerle al poder que debo dominar, de creer que tenía que destacar en algunos aspectos y lo demás se arreglaría solo; dejé de esforzarme, de cultivar mis talentos y, sobre todo, de confiar en mi potencial, lo que fue un gran error de mi parte. No tengo que ser igual a mis antepasados, no debo seguir su mismo camino y copiar sus acciones, debo buscar mi propio camino, tomar mis propias decisiones basadas en mis creencias, ideales y moral, en confiar en todas y cada una de mis capacidades, en reconocer mis habilidades y errores para trabajar en ellos y hacerme más fuerte, no llorar, huir y esperar que alguien más lo arregle.
Claro, pensarlo y reflexionar sobre ello es bastante fácil, pero ha sido demasiado doloroso y vergonzoso ver lo mucho que me equivoque, como me cegué tanto por el miedo y la duda que ignore el peligro que estaba tan cerca, que mi ego herido tomo las riendas y ocasionó este desastre que amenaza al mundo de una manera bastante oscura. Esto es algo que no sé si podré perdonarme, pero por el momento, voy a dejarlo de lado y concentrarme en hacerme más fuerte para enfrentarme a Sandor.
—¿En qué tanto piensas, Kiara? —pregunta Ates sentándose junto a mí en la que se supone es mi cama, donde descansaba después de un intenso entrenamiento con Katya.
—En que fui bastante débil de mente y arrogante de corazón —respondí en medio de un suspiro, diciéndolo en voz alta por primera vez —. Deje que el miedo, la ira, mi poca confianza y ego herido me guiarán, tomando malas decisiones que nos han traído aquí.
—Uhm… —tararea, observándome con esos ojos marrones llenos de sabiduría y certeza —No creo que hayas tomado malas decisiones, ni tampoco que seas débil de mente, creo que necesitabas pasar por este momento para aprender y crecer.
—¿Crees que el casi fin del mundo sea una oportunidad de aprendizaje? —cuestione burlona por la manera tan calmada en la que lo dijo.
—Si lo creo —asiente con firmeza —. Esta no será la primera crisis que vas a enfrentar, existirán varias más con distintos niveles de complicaciones, donde aprenderás de cada una de ellas, es la única manera en la que podemos evolucionar, madurar y convertirnos en una mejor versión.
—Bueno, no esperaba que sucediera a costa de vidas inocentes.
—Sí, supongo que eso le da un peso muy distinto, pero ya sabes lo que dicen —señala hacia el cielo —“El creador no te da una tarea que no puedas superar”.
—Estoy muy segura que eso lo escuchaste en el mundo humano —asegure, a lo que Ates sonrió de lado, dándome la razón.
—Así es, pero, aun así, todo tiene una razón de ser. Cuando el anterior Emperador falleció, ya estábamos preparados para tu nacimiento, pero nunca estuvimos preparados para lo que sucedió ese día —mira hacia el frente, con una mirada llena de nostalgia y algo parecido al asombro —. En el momento que Levi soltó su ultimo suspiro, de su pecho salió una pequeña luz, muy parecida a una luciérnaga; observaba con calma hasta que la luz se expandió de un segundo a otro, llenando el espacio con una explosión que amenazaba con cegarnos en cualquier momento. Todos los presentes estaban más que impresionados, nadie lo podía creer, ni siquiera en el nacimiento de Katya y Levi sucedió algo semejante.
»Ahí mismo supe que serías diferente a cualquier regente que hubiera conocido en todos estos años, que contigo se marcaría una nueva era, que cambiarías muchas cosas gracias a tu inteligencia, astucia y liderazgo, algo que fui comprobando día a día durante las clases y la manera tan rápida en la que evolucionabas —se gira a verme, con una mirada llena de orgullo y paternalismo que me dejó sin aliento —, por eso no he perdido la fe en ti, y por eso no deberías perder la fe en ti. Vas a salvarnos, Kiara, sé que podrás hacerlo.
Entrecerré los ojos que me ardían por las lágrimas que comenzaban a formarse, pues sus palabras habían hecho latir mi corazón de una manera tan cálida y reconfortante, que, si no fuera porque estaba controlándome, estaría llorando muchísimo por lo emocional y vulnerable del momento. Ates nunca me había comentado nada sobre mi nacimiento, por eso siempre creí que nunca hubo nada especial en ello; saberlo ahora me da una sensación de confianza y seguridad que necesitaba con gran desesperación. Saber que, de alguna manera, mi existencia significa algo, me da una paz extraña y reconfortante, una señal de que el camino que he comenzado a seguir y trazar no está del todo equivocado.