—¡Suéltame! —gritaba Luka al mismo tiempo que se retorcía del agarre de la Furia que lo llevaba a cuestas. Sabía que no podía librarse tan fácil de ella, pero aun así, no quería dejar de luchar —¡Suéltame ya! —chillo con más fuerza.
La Furia, harta de su comportamiento, lo tiro al interior de una jaula, sin importarle el quejido de dolor del niño, quien lo observo con un desprecio que poco le importo hasta que sintió la presencia de su amo, inclinándose sumisamente.
—No la impacientes, niño —sugiere Welton, haciendo una seña a la Furia para que se retirara —, podría arrancarte la cabeza de un solo movimiento.
—No le tengo miedo, ni a ella ni a ti —siseo con el ceño fruncido, asqueado de la presencia del traidor —. ¿Dónde está mi hermano?
—No tardara en traerlo, fue muy fácil encontrarlo —se burla el hechicero.
—Quiero verlo.
—No estamos para complacencias, niño. Lo único que tienes que hacer, es cumplir con tu deber de traer a Sandor de vuelta —le recordó, a lo que Luka frunció mucho más el ceño.
—No lo hare — niega Luka, sacudiendo su cabeza varas veces, dejando claro su decisión.
—¿De verdad? —sonríe maliciosamente, acercándose con lentitud —¿Ni siquiera ara salvar a ese inútil hermano tuyo? Después de que te abandono, no pudo ni ocultarse bien.
—¡Él nunca haría eso! —chilla Luka, azotando sus palmas en los barrotes, apretando sus dedos alrededor de ellos con fuerza, lanzándole una mirada llena de desprecio —No conoces a mi hermano, no te atrevas a hablar mal de él, a diferencia de ti, no es un traidor.
La sonrisa burlona de Welton se desvaneció, siendo reemplazado por una mueca de indignación, un leve rastro de culpa y vergüenza que no pasó desapercibido por el joven Luka. Una parte del Hechicero estaba siendo torturado por el remordimiento por lo que había hecho, por la manera en la que traicionó a los suyos; aun podía vislumbrar claramente el dolor y la ira en los ojos de Kiara cuando se dio cuenta de todo, y lo que más lo hacía estremecer, era el abrumador poder que desplego momentos antes de desaparecer.
En todos los años que llevaba entrenándola, nunca había percibido semejante fuerza, como si no tuviera ninguna clase de limite como… si con un solo movimiento de su dedo pudiera destruirlo todo. Apretó la mandíbula con tanta fuerza que dolía. No podía permitir que eso sucediera, deseaba que Lydia volviera, que volvieran a ser esa familia llena de amor y tranquilidad, la familia completa que tanto anhelaba, lo deseaba tan desesperadamente, que poco le importaba si el alma de un niño se veía corrompida en el proceso, de hecho, casi sentía lastima por el destino que estaba por afrontar, si fuera su hija, haría todo lo posible por evitarlo…
Sacudió la cabeza violentamente. No podía permitir que la compasión lo hiciera dudar. Ya no había marcha atrás. Su mente había sido atormentada por pensamientos semejantes, lo torturaban de tal manera, que no le dejaban dormir, viviendo el día a día lleno de tensión, sobre todo, por la remota posibilidad de que Kiara continuara con vida, por esa razón, tenía que dar a fin a todo, si realizaba el ritual con éxito, por fin tendría paz.
Luka observaba atentamente a Welton, ni siquiera le sorprendía la contradicción con la que estaba luchando, resultaba obvio, y para su buena suerte, tenía la oportunidad de usarlo a su favor y así, darle el tiempo suficiente a Kiara para que llegara.
—Si sabes que no tienes que hacerlo, ¿verdad? —pregunta el chico con voz suave, lo que ocasiono que Welton dirigiera su atención hacia él —. Aun estas a tiempo de cambiar.
—¿Qué te hace creer que quiero hacerlo? —sisea, irritado de que sus palabras produjeran una reacción de consuelo en él —Eres un niño, no sabes nada...
—Sé lo que es perder a alguien que amas —le interrumpe —. Conozco ese dolor, la furia y la negación, el extrañarlos todo el tiempo y desear que todo fuera como antes.
—Entonces, únete a nosotros por voluntad propia —insiste Welton, esbozando una sonrisa animada alimentada por una pequeña esperanza —, cuando Sandor vuelva, te devolverá a aquellos que has perdido.
—Ellos no volverán —sentencio Luka con una voz tan firme, dejando al Hechicero sin palabras —, o al menos, no de la manera en la que quisiera —suspira, encogiéndose de hombros —. Ellos volverán en algún momento, vivirán de manera diferente y cumplirán otros sueños y deseos, y aun sabiendo eso, aun con el corto tiempo que tuvimos juntos, me siento muy feliz de poseer bonitos recuerdos que me harán recordarlos por siempre.
Welton se encontraba estático ante las palabras del chico, se escuchaba tan seguro, tan maduro... parecía que frente a él se encontraba un adulto y no un niño. Quería confiar en esas palabras, lo deseaba con todo su corazón, quería terminar con toda esa travesía llena de culpa, vergüenza y dolor, quería ser capaz de mirar a los ojos a su hija y no darle falsas esperanzas, que no siguiera el mismo camino oscuro al que él se había sometido.
Su cuerpo comenzó a temblar con una violencia inquietante, preocupando de inmediato a Luka, quien intento estirar la mano para tocarlo y reconfortarlo de alguna manera, cuando esté alzo la cabeza, revelando un rostro llenó de locura, riendo sin control y asustando al niño hasta los huesos. Welton había perdido la cordura.
—Ah, no puedo creer que casi caigo en las palabras de un niño —suspira Welton, pasando ambas manos por su rostro, en un vano intento por controlarse.
Por un segundo, casi cae en las palabras y consuelo que Luka le estaba ofreciendo; el arrepentimiento lo asfixia, lo ata con cadenas invisibles tan pesadas, que casi lo hacen sucumbir. Casi. Tiene que darle fin a todo, debe terminarlo, teme que la próxima vez no sea tan fuerte y se doblegue ante las palabras de Luka o alguien más.
—Admito que fue un gran discurso, niño, pero, no te va a servir de nada. Vamos a continuar con todo, quieras o no.